Durante veinte años, un matrimonio arreglado unió el destino de dos de las familias más poderosas del país. La elegida siempre fue la hija menor de los Moretti. Pero cuando oscuros rumores sobre la crueldad del heredero Volkov salen a la luz, los Moretti toman una decisión despiadada: proteger a su hija favorita… sacrificando a la mayor. Ivonne nunca imaginó que sería entregada como moneda de cambio por las mismas personas que juraron amarla. Sin embargo, descubrirá que el verdadero peligro no siempre se encuentra en el hombre con el que debe casarse, sino en la familia que la abandonó. Porque algunas alianzas se firman con tinta… Y otras, con sangre.
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¿Quien es Volkov?
...¿A quien confías tu mano cada día ?...
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El despacho de Giovanni Villald era el único lugar de la mansión donde nadie entraba sin permiso.
Las paredes estaban cubiertas por estanterías de nogal repletas de libros antiguos. Detrás del enorme escritorio, un ventanal ofrecía una vista de toda la ciudad iluminada.
Ivonne permaneció de pie.
Su padre terminó de firmar unos documentos antes de levantar la vista.
—Siéntate.
Ella obedeció.
Durante unos segundos solo se escuchó el tic-tac del reloj.
—¿Cómo estuvo la reunión de hoy? —preguntó Giovanni.
—Los inversionistas italianos aceptaron el nuevo acuerdo. Solo falta la firma la próxima semana.
—Bien.
Silencio otra vez.
Era extraño.
Su padre nunca la hacía pasar al despacho para hablar de trabajo.
—¿Necesitas algo más, padre?
Giovanni entrelazó las manos.
—¿Cómo ves a tu hermana?
Ivonne frunció ligeramente el ceño.
—¿A Ivy?
—Sí.
—Está nerviosa.
—Es normal.
Ivonne esperó una explicación, pero no llegó.
—Tiene miedo del matrimonio.
Giovanni desvió la mirada hacia la ventana.
—Con el tiempo dejará de tenerlo.
—Tal vez ayudaría que conociera antes a Ivako.
Su padre negó con la cabeza.
—Las familias Volkov hacen las cosas a su manera.
Aquella respuesta no resolvía nada.
Ivonne suspiró para sus adentros.
Desde pequeñas les habían enseñado que el apellido Volkov representaba poder.
Nada más.
Nunca habían hablado de ellos en casa.
Nunca.
—¿Cómo es él? —preguntó finalmente.
Giovanni tardó unos segundos en responder.
—Eficiente.
—Eso habla de su trabajo, no de su personalidad.
—No necesito conocer su personalidad. Solo sé que cumple con su palabra.
La conversación terminó ahí.
Era imposible obtener más información.
—Puedes retirarte.
Ivonne se levantó.
Antes de salir, miró una vez más a su padre.
Quiso preguntarle si realmente creía que Ivy sería feliz.
Pero sabía que la respuesta sería la misma de siempre.
La felicidad nunca había formado parte de los negocios.
A la mañana siguiente, la cafetería cercana a la universidad estaba llena de estudiantes.
Ivy esperaba su pedido mientras conversaba con dos amigas.
—¿Ya viste las noticias? —preguntó Camila, deslizando el celular sobre la mesa.
En la pantalla aparecía el titular de una revista digital.
“El heredero Volkov vuelve al país tras cerrar una multimillonaria adquisición.”
No había fotografía.
Solo la silueta de un hombre entrando a un automóvil negro.
—Otra vez sin mostrarle la cara… —murmuró Ivy.
—Eso no es lo interesante.
Camila comenzó a leer.
—“Fuentes cercanas aseguran que Ivako Volkov despidió a todo el directorio de una empresa el mismo día que tomó el control.”
—Eso hacen todos los empresarios importantes.
—Espera…
Siguió leyendo.
—“Exempleados lo describen como un hombre incapaz de sentir compasión.”
La tercera amiga intervino.
—Mi papá hizo negocios con los Volkov hace años.
Ivy levantó la vista.
—¿Y?
—Dice que jamás debes traicionarlos.
—Eso no significa que sea cruel.
—También escuché que un empresario desapareció después de enfrentarse a ellos.
Las tres guardaron silencio.
Camila soltó una risa nerviosa.
—Espero que solo sean rumores.
Ivy intentó sonreír.
—Seguro lo son.
Pero, por primera vez, sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Esa misma tarde, Ivonne llegó a casa con varias carpetas de trabajo.
Encontró a su hermana sentada en el jardín, mirando el estanque.
—¿Qué haces aquí?
Ivy levantó la cabeza.
—Pensando.
Ivonne tomó asiento junto a ella.
—Eso nunca termina bien.
La menor soltó una pequeña risa.
—Hoy escuché cosas sobre Ivako.
—¿Qué cosas?
—Que es despiadado… que todos le tienen miedo.
Ivonne permaneció en silencio.
—¿Y si es verdad?
La hermana mayor tomó una piedra pequeña y la lanzó al agua.
Los círculos se expandieron lentamente sobre la superficie.
—La gente siempre exagera cuando habla de personas poderosas.
—¿Tú no tienes miedo?
Ivonne observó el rostro preocupado de Ivy.
Después sonrió con tranquilidad.
—Todavía no lo conoces. No dejes que los rumores decidan por ti.
Ivy asintió, aunque la inquietud seguía reflejada en sus ojos.
Desde una ventana del segundo piso, Eleonora observaba la escena en silencio.
Su expresión era distinta a la habitual.
Había preocupación.
Y culpa.
Porque los rumores sobre Ivako no dejaban de crecer…
Y una idea que jamás creyó considerar comenzaba a abrirse paso en su mente.