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La Venganza Silenciosa de la Esposa

La Venganza Silenciosa de la Esposa

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Venganza de la Esposa / Divorcio / Completas
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Nadhira ohyver

Tania lo tenía todo: un matrimonio envidiable, una casa perfecta y un amor que creía eterno. Hasta la noche en que descubrió a su esposo cenando con otra mujer.

Cualquiera habría gritado, llorado o suplicado. Tania no hizo ninguna de las tres cosas. Sonrió, guardó silencio y empezó a planear.

Lo que nadie sabía —ni su esposo infiel, ni la amante ambiciosa, ni la familia que la subestimó— era que detrás de la esposa sumisa se escondía una mente brillante capaz de construir un imperio desde las cenizas de su propio matrimonio. Con la ayuda de su mejor amiga y de un hombre misterioso que la admiraba desde las sombras, Tania inicia una transformación silenciosa que la llevará de ama de casa humillada a la mujer más poderosa de la industria.

Pero la venganza es solo el comienzo. Secretos de familia, traiciones corporativas, enemigos implacables y un amor inesperado pondrán a prueba su frialdad legendaria a lo largo de cinco temporadas de intriga, pasión y poder.

Porque la venganza más letal no es la que se grita. Es la que se sirve en silencio.

NovelToon tiene autorización de Nadhira ohyver para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5

Con pasos gráciles y respetuosos, Tania avanzó con cuidado sobre la alfombra gruesa, recorriendo con la mirada cada detalle de aquella oficina lujosa.

Sus ojos se posaron de inmediato en el hombre que permanecía sentado en silencio, aunque su posición resultaba extraña: estaba de espaldas a la puerta, dándole la espalda a Tania.

La voz de Renzo rompió la quietud del despacho.

—Señor Rey, la señora Tania ya llegó —anunció en voz baja.

La tensión en la habitación aumentó cuando, poco a poco, aquella gran silla negra empezó a girar.

El rostro del hombre al otro lado del escritorio quedó al descubierto. Tania se quedó petrificada; las palabras que tenía preparadas se evaporaron de su mente. Las miradas de ambos se encontraron un instante antes de que ella bajara la vista.

El hombre que ocupaba esa silla, en cambio, sonrió con un significado profundo al descubrir que la mujer en su despacho era aquella que alguna vez había admirado en secreto.

Al ver que Tania apartaba la mirada para luego volver a observarlo con expresión estrictamente profesional, se convenció de que ella aún no lo había reconocido.

Se levantó despacio y caminó hacia Tania, que estaba sentada en el sofá. Al verlo acercarse, ella se puso de pie de inmediato.

—Buenos días, señora Tania —extendió la mano.

Tania aceptó el saludo sin titubear. Aunque le resultaba desconcertante, mantuvo la cortesía y no hizo preguntas personales.

—Él es el señor Rey, señora Tania. Hijo del señor Herry, dueño de esta empresa —intervino Renzo al notar la confusión apenas disimulada en el rostro de ella.

Tania respondió con una sonrisa tímida.

—Tome asiento, por favor —dijo Rey.

Ambos se acomodaron en el sofá, mientras Renzo permanecía fielmente de pie junto al asiento de su jefe.

—He escuchado hablar mucho de usted, tanto a Renzo como a mi padre.

—Es una lástima, en mi opinión, que haya decidido esconder un talento tan extraordinario —añadió Rey.

—Es usted muy amable, señor Rey —respondió Tania.

—Mi padre ya estaba demasiado mayor para sentarse en esa silla llena de responsabilidades —Rey se rio levemente, señalando el sillón negro que acababa de dejar.

Tania se quedó absorta ante esa risa ligera, tan natural, tan genuina, que disolvió la formalidad entre ellos.

Una oleada de admiración instantánea la recorrió. Detrás de aquel hombre de porte imponente se ocultaba un lado afable y cautivador que acababa de revelarse. Tania sonrió sin darse cuenta.

Al ver esa sonrisa dibujarse en el rostro de Tania, Rey sintió que el corazón se le subía a la garganta. El mundo a su alrededor se difuminó, dejando solo el foco en aquella sonrisa.

Las mejillas de Rey se encendieron. Parpadeó deprisa, preguntándose si la sonrisa era real o solo un espejismo.

Tania advirtió el comportamiento extraño del hombre frente a ella.

—Ejem... señor Rey —Renzo rescató a su jefe, que parecía haberse perdido.

—¿En qué nos quedamos? —preguntó Rey con una sonrisa avergonzada.

—Mi padre era quien debía reunirse hoy con usted, señora Tania. Pero como decidió jubilarse de forma repentina, soy yo quien continúa al frente de la empresa. No se preocupe; aunque llevo poco tiempo dirigiéndola, él ya me contó todo sobre la colaboración que tuvieron hace algunos años.

—Mi padre también le envía saludos por no poder verla en persona —explicó Rey, extendiéndose más de lo habitual.

Renzo lo miraba con extrañeza. Era la primera vez que su jefe, normalmente parco, firme y frío, se volvía tan parlanchín, como si se fundiera en la presencia de Tania.

—Mi padre y yo lo hemos conversado y estamos de acuerdo: usted merece el puesto de Directora de Diseño en nuestra empresa —continuó Rey.

—Me parece demasiado, señor Rey. Llamaría mucho la atención. Preferiría empezar desde abajo, no aparecer directamente en la cima —declinó Tania con suavidad.

—Creo que es justo lo contrario: usted se merece ese puesto aquí. Por favor, no lo rechace. Es un pedido expreso de mi padre —insistió Rey.

—De acuerdo... pero por el momento no puedo incorporarme de lleno con el resto del equipo —advirtió Tania.

Rey frunció el ceño, y Renzo hizo lo mismo.

—Por ahora solo puedo participar tras bambalinas. Y si me lo permite, le pido que mantenga en secreto mi identidad.

—¿Sería eso posible? —preguntó Tania.

Rey y Renzo se miraron mutuamente, desconcertados por una petición que les parecía fuera de toda lógica.

Lo normal era que cualquier persona disfrutara del reconocimiento, más aún si la admiraban.

—Por supuesto —respondió Rey, breve, contundente y lleno de convicción, disipando al instante cualquier duda en Tania.

—Renzo, trae el contrato de colaboración con la señora Tania —ordenó Rey.

Renzo se dirigió al escritorio y recogió el expediente que ya tenían preparado.

—Revíselo, por favor —Rey le entregó el documento con cortesía.

Al otro lado del sofá, Tania se sumergió en las páginas del contrato. Rey detuvo lo que hacía y dejó que sus ojos la contemplaran en silencio.

Se veía imponente, irradiando un aura de competencia formidable. Cada gesto —desde la firmeza con que pasaba las hojas hasta la precisión con que subrayaba ciertos puntos usando un marcador fluorescente que sacó de su bolso— delataba la meticulosidad de una profesional consumada.

Rey estaba fascinado. Había visto a mucha gente en las salas de reuniones, pero la forma en que Tania dominaba el material y los detalles del contrato lo tenía cautivado.

Cruzó las piernas con desenfado, disfrutando de esa admiración silenciosa.

La mujer frente a él era la combinación perfecta entre belleza y agudeza mental, algo que quedaba demostrado en la manera en que examinaba el contrato.

Rey inspiró despacio. Una sonrisa casi invisible le asomó en los labios mientras saboreaba el momento: volver a tener ante sí, después de tanto tiempo, a aquella mujer. Admirarla una vez más, de nuevo sin que ella lo supiera.

Quince minutos transcurrieron en silencio mientras Tania revisaba cláusula por cláusula. Cuando quedó satisfecha, cerró la carpeta con un movimiento sereno y definitivo.

Previamente había marcado varios puntos clave con su resaltador amarillo e introducido pequeñas correcciones de redacción en una copia aparte, usando su pluma de lujo.

Sin un atisbo de vacilación, le devolvió el expediente a Rey. *Su ademán fue suave, controlado y lleno de autoridad.* Ni una duda, ni una pausa incómoda.

—He ajustado algunos puntos conforme a lo que habíamos acordado inicialmente. Revíselo antes de la versión final —dijo Tania con voz firme y una sonrisa profesional.

Rey recibió el documento, percibiendo la estela de certeza que Tania dejaba a su paso. Aunque todavía no había leído las correcciones en detalle, la forma en que ella se lo entregó —con gracia y sin titubeos— bastó para convencerlo.

—Perfecto —murmuró Rey, esbozando una sonrisa breve, impresionado por el profesionalismo inigualable de Tania.

Continuará...

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