Ella tiene una vida difícil. Hasta que reencarna en un nuevo mundo, ahora solo busca ayudar a otros, para agradecer por esa oportunidad de vivir.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Marca de Alma
La noche era tranquila.
Las luces de la mansión iluminaban parcialmente los senderos.
Lucille caminó hasta una pequeña pérgola cubierta de enredaderas.
Se sentó.
Abrió el cuaderno.
Esperó.
Unos minutos después escuchó pasos.
—Buenas noches, mi lady.
Lucille levantó la mirada.
Jack estaba allí.
Sonriendo.
—Buenas noches.
Él se sentó frente a ella.
Lucille mantuvo una postura mucho más formal que durante el día.
Estaban solos.
Y aquello la hacía sentirse ligeramente incómoda.
—Podemos comenzar con el plan de mañana.
Jack la miró.
—Sí.
Lucille tomó el lápiz.
—Tenemos nueve personas que necesitan atención mágica y...
—Lucille.
Ella levantó la mirada.
—¿Sí?
Jack había dejado de sonreír.
—Antes de hablar de los pacientes, necesito preguntarte algo.
Lucille frunció el ceño.
—¿Qué cosa?
—¿Puedo confiar en ti?
Ella quedó confundida.
—No entiendo.
Jack la observó directamente.
—Sé que tienes una marca de alma.
El lápiz cayó de las manos de Lucille.
[¿una qué?]
Ella se quedó completamente inmóvil.
—¿Qué...?
Jack continuó tranquilamente.
—Sé que tienes recuerdos de otra vida, o que crees que reencarnaste.
El corazón de Lucille comenzó a latir con fuerza.
Miró hacia los lados.
—No...
Su voz salió apenas como un susurro.
—Por favor...
Jack levantó una mano.
—Tranquila.
—No se lo diga a nadie, por favor.
—No lo haré.
—Mis padres no pueden saberlo.
—No lo sabrán por mí.
Lucille lo miró aterrada.
—¿Cómo lo sabe?
Jack respiró lentamente.
—Algunos magos podemos ver las marcas de alma.
Lucille se llevó una mano al pecho.
—Entonces...
—Sí.
—¿Desde cuándo?
Jack sonrió suavemente.
—Desde que te vi, por primera vez.
Lucille cerró los ojos.
[Entonces él lo supo desde el principio...]
Todos aquellos momentos.
Cuando la había observado.
Cuando parecía confundido al verla.
Cuando la miraba durante el viaje.
[¡Él sabía!]
Jack se inclinó ligeramente hacia ella.
—No tienes que tener miedo.
Lucille abrió los ojos.
—¿No?
—No hiciste nada malo.
Ella permaneció en silencio.
Jack continuó..
—No eres culpable de haber recibido una segunda oportunidad.
Lucille tragó saliva.
—Pero si alguien descubre que...
—No ocurrirá.
—¿Cómo puede estar seguro?
—Porque no tengo ninguna intención de contárselo a nadie.
Su voz era mucho más seria que antes.
—Y tampoco voy a juzgarte.
Lucille bajó la mirada.
—Yo...
No sabía qué decir.
Jack volvió a sonreír.
—Además, una marca de alma no cambia quién eres.
Lucille levantó la mirada.
—¿Qué quiere decir?
—Que sigues siendo tú. Una mujer bondadosa.
Lucille se quedó quieta.
—Amable. Y extremadamente hermosa.
Ella frunció el ceño.
—Jack...
Él sonrió.
—Cabello rojo precioso.
Lucille comenzó a ponerse roja.
—Ojos verdes.
—No es necesario...
—Y una figura espectacular.
—¡Jack!
Él rio.
—También eres muy sensible.
Lucille cruzó los brazos.
—No es gracioso.
—No intento hacerte sentir mal.
Su sonrisa se suavizó.
—Solo intento recordarte que esa marca no define quién eres.
Lucille lo miró.
—No quiero que mis padres sepan.
—No lo sabrán.
—¿Lo promete?
—Lo prometo.
Hubo unos segundos de silencio.
Jack se acercó un poco.
Parecía querer abrazarla.
Lucille inmediatamente levantó una mano.
—No.
Jack se detuvo.
—¿No?
—Si no vamos a hablar de los pacientes, creo que es mejor que me vaya.
Jack sonrió.
—Como quiera.
Lucille comenzó a levantarse.
—Y, por cierto...
Ella lo miró.
—¿Qué?
—Te ves muy hermosa cuando estás molesta.
Lucille cerró los ojos.
[¡Este hombre!]
Se dio media vuelta y comenzó a caminar.
—Buenas noches.
—Buenas noches, Lucille.
Ella avanzó por el sendero.
Entonces...
Una flor apareció justo delante de sus pies.
Lucille se detuvo.
—¿Qué...?
Dio otro paso.
Otra flor apareció.
Después otra.
Y otra.
Flores pequeñas comenzaron a brotar mágicamente a su alrededor mientras caminaba.
Lucille giró lentamente.
Jack seguía sentado bajo la pérgola.
Sonreía.
—Las flores son para alguien hermosa como tú.
Lucille lo miró fijamente.
—Buenas noches, señor Jack.
Hizo una pequeña reverencia.
Y se marchó.
Jack soltó una risa.
—Buenas noches, mi lady.
Cuando Lucille llegó a su habitación, cerró la puerta.
Apoyó la espalda contra ella.
Respiró profundamente.
[Qué día...]
Primero había atendido pacientes.
Después había descubierto que Jack conocía su secreto.
Y luego había tenido que soportar sus comentarios.
[¿Cómo puede ser tan descarado?]
Caminó hasta su cama.
Entonces se detuvo.
Sus ojos se abrieron completamente.
La cama estaba cubierta de flores.
Pero no eran flores normales.
Eran flores hechas de luz.
Pequeñas flores luminosas flotaban sobre las sábanas, iluminando suavemente toda la habitación.
Lucille se acercó lentamente.
—¿Cómo...?
Miró alrededor.
—¿Jack?
No hubo respuesta.
Revisó la habitación.
Nada.
Nadie.
[¿Cómo llegó hasta aquí?]
Se acercó a la cama.
Extendió una mano.
Tocó una de las flores.
En cuanto sus dedos la rozaron... la flor se deshizo.
Se convirtió en pequeñas partículas luminosas que flotaron por el aire.
Después otra.
Y otra.
En pocos segundos, todas las flores comenzaron a transformarse en diminutos destellos.
La habitación se llenó de luz.
Lucille levantó la mirada.
Aquella luz era cálida.
Hermosa.
Y completamente silenciosa.
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
[Es un tonto.]
Se sentó en la cama.
Miró cómo los últimos destellos desaparecían.
[Definitivamente es un tonto.]
Pero, sin darse cuenta...
sonrió nuevamente.
Y aquella noche, por primera vez desde que había llegado a ese mundo, Lucille se quedó pensando en algo que no tenía absolutamente nada que ver con pacientes, documentos, magia curativa o ayuda social.
Pensó en el misterioso mago de cabello claro.
[¿Quién eres realmente, Jack?]