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LA ISLA DEL PROYECTO CREPÚSCULO

LA ISLA DEL PROYECTO CREPÚSCULO

Status: En proceso
Genre:Aventura / Hijo/a genio / Fantasía LGBT
Popularitas:189
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Un paseo escolar a una isla prohibida se convierte en una pesadilla mortal. Una empresa secreta oculta experimentos genéticos con dinosaurios modificados, y cuando alguien libera a todas las criaturas, los barcos huyen en pánico… olvidando a cinco estudiantes abandonados a su suerte.

Dan, un chico de 16 años con una inteligencia que nadie imagina, deberá ocultar su verdadero potencial y sus poderes sobrenaturales mientras él y sus compañeros luchan por sobrevivir. Entre la selva llena de depredadores, secretos terribles, peleas, traiciones, miedos y lazos que se rompen o se fortalecen, tendrán que aprender a confiar los unos en los otros… antes de que se conviertan en la próxima presa.

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NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 11: LA IDEA QUE NOS DEVOLVIÓ LA ESPERANZA

Llevábamos ya dieciséis días atrapados. De los casi veinte supervivientes que llegamos a reunir en algún momento, solo quedábamos ocho: nosotros cinco, Javier, Marcos y Ramón. Todos los demás habían muerto uno a uno frente a nuestros ojos: despedazados, aplastados, arrastrados a la oscuridad, y nunca pudimos hacer absolutamente nada. Cada mañana, por pura costumbre más que por fe, sacábamos los aparatos, los encendíamos, los levantamos bien alto… y siempre lo mismo: **NINGUNA SEÑAL, NI UNA SOLA RAYITA, SOLO ESTÁTICA**. Ramón nos lo repitió hasta el cansancio: la cúpula electromagnética estaba diseñada para ser irrompible con cualquier tecnología comercial o civil.

Habíamos intentado de todo para escapar por nuestros propios medios. Recorrimos más de veinte kilómetros de costa de punta a punta buscando embarcaciones: encontramos dos botes pequeños, uno con el casco roto en mil pedazos por marcas de dientes enormes, el otro sin motor, sin remos y con el fondo tan podrido que se desarmaba solo con tocarlo. Pasamos dos días enteros atando troncos gruesos con cuerdas y cables viejos para armar una balsa grande y resistente; la probamos atada cerca de la orilla al atardecer, y antes de que pudiéramos siquiera subirnos, el **SPINOSAURUS MUTANTE** salió del fondo del río sin levantar ni una burbuja, la partió en tres astillas de un solo cabezazo y se volvió a sumergir en silencio, como diciendo claramente: *por el agua no pasáis*. Varias veces vimos aviones comerciales o militares pasar muy muy alto, a once o doce mil metros, demasiado lejos para distinguir nada; encendimos hogueras grandes con neumáticos viejos para hacer humo negro y espeso, agitamos telas de colores, gritamos hasta quedarnos sin voz… y pasaron de largo, indiferentes, como si debajo no hubiera nada más que selva vacía. Álex llegó a decir que prefería arriesgarse a nadar mar adentro hasta morir de cansancio o frío, antes que seguir pudriéndose esperando; nadie le contestó, porque todos habíamos pensado lo mismo en silencio.

Hasta que una tarde, hojeando un manual técnico de comunicaciones amarillento y lleno de polvo que Bruno halló entre cajones rotos de una oficina destruida, habló muy quedo de pronto con los ojos de repente brillantes como nunca antes:

—Escuchad… el campo es más fuerte cerca del suelo y más débil en altura, ¿verdad? Dice aquí que la potencia cae con la distancia. ¿Y si hacemos la nuestra propia? No hace falta que sea perfecta, ni grande, ni que dure años. Solo lo suficientemente potente como para romper esa capa de silencio ni que sean dos o tres segundos, mandar las coordenadas, un grito de auxilio, lo que sea. **CONSTRUIR UNA ANTENA PROPIA, EN EL PUNTO MÁS ALTO DE TODA LA ISLA**.

Se hizo el silencio más grande y limpio en mucho tiempo. Nos miramos los unos a los otros. No era correr a ciegas hacia un bote roto ni seguir un camino que resultaba ser trampa. Era usar la cabeza. Al día siguiente salimos de madrugada divididos en dos grupos para buscar materiales: postes de hierro galvanizado, cables de cobre grueso por metros y metros, transformadores de alta tensión, baterías pesadas de camiones y generadores, radios viejas de largo alcance, parrillas metálicas reflectoras, todo lo que pudiera conducir electricidad y ondas. Caminamos kilómetros siempre bajo cubierta frondosa, sin salir jamás a campo abierto por miedo a los **PTERANODONES DE SOMBRA**, que volaban más rápido que el sonido y bajaban sin que se oyera ni el más mínimo aleteo.

En el camino dimos con **tres guardias más** que andaban perdidos desde el caos inicial, escondidos dentro de una tubería de drenaje gigante; lloraban de alivio al encontrar gente… pero duraron muy poco. Al cruzar un claro pequeño para recoger unos bobinas de cable, dos sombras cayeron del cielo en silencio absoluto, y uno de los pteranodones agarró al más joven de un tirón por la espalda con las garras del tamaño de cuchillos de carnicero, antes de que nadie pudiera ni siquiera abrir la boca para gritar. Subió rápido, muy alto entre las nubes grises, y solo vimos caer una pequeña mancha roja muy lejos, perdiéndose entre la vegetación.

Álex insistió varias veces en desviarnos hacia la costa norte, donde juraba haber visto desde lejos una embarcación mediana amarrada:

—Vamos allá, la arreglamos como sea y nos vamos de una maldita vez. Prefiero hundirme en el mar que pudrirme aquí esperando —decía con rabia contenida.

—Ya lo intentamos tres veces —le respondió Leo con calma, sin pelear ya, porque la muerte y el dolor habían calmado lo peor de la furia—. Los pocos botes que quedan o están hechos pedazos o sin nada que los mueva, y esa zona del río y la costa es territorio exclusivo del Spinosaurus veinticuatro horas al día. Si nos acercamos al agua abierta, morimos todos sin excepción.

Esta vez no hubo gritos ni golpes. Yo hacía todos los cálculos en silencio: altura ideal sobre el nivel del mar, longitud exacta de cada tramo de cable, ángulo óptimo de inclinación, combinaciones de circuitos y potencia. Cuando me preguntaban cómo sabía tantas cifras y medidas tan precisas, siempre la misma respuesta, dicha con total naturalidad:

—Es solo física básica. Lo vi una vez en un libro del instituto.

Nadie supo, ni siquiera lo sospechó remotamente, que mi mente lo había resuelto por completo con más de cuarenta combinaciones distintas en la primera hora en que hablamos de la idea. Día tras día la estructura creció en la cima del cerro más alto, el único punto donde los planos antiguos confirmaban que el bloqueo era un poquito más débil. Cada noche, antes de dormir, todos encendían el móvil un minuto más. **NADA. SIEMPRE NADA**. Pero el armazón de hierro y cables subía cada vez más, y con ella, una esperanza que creíamos muerta y enterrada para siempre.

Dos veces vimos pasar muy cerca al T‑Rex Alfa. Se detenía, olía el aire, levantaba la cabeza y miraba fijo hacia la cima largo rato, inmóvil como estatua de roca oscura, y proseguía su camino lento. Sabía perfectamente qué estábamos armando allá arriba. Solo estaba decidiendo el momento exacto en que tendría que pararlo.

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😈 Hunter. 😈
Me encantó 🥰 quiero más.
saludos.
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