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El Rey Sin Trono

El Rey Sin Trono

Status: En proceso
Genre:Apocalipsis / Mundo de fantasía / Venganza
Popularitas:140
Nilai: 5
nombre de autor: Braian Cazzuchelli

Alguien ocupo su lugar ¿estara dispuesto a perder todo para recuperarlo?

NovelToon tiene autorización de Braian Cazzuchelli para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La noche de las máscaras

La reunión duró gran parte de la tarde.

Kael observaba un mapa de Kilop extendido sobre la mesa mientras el resto del Escuadrón de las Cenizas escuchaba.

—Si realmente existen seguidores de Azrakel en esta ciudad, no vamos a encontrarlos golpeando puertas.

—Lástima.

Dijo Dorian.

—Era mi plan favorito.

—Por eso no hacés los planes.

Respondió Adrián sin levantar la vista de unos documentos.

Luna sonrió.

Kael continuó.

—Primero investigamos. Después actuamos.

Señaló una zona específica del mapa.

—Las personas con más dinero y poder de Kilop suelen reunirse en ciertos eventos privados. Si alguien está moviendo influencias desde las sombras, probablemente aparezca allí.

—¿Y quién va?

Preguntó Dorian.

Kael giró la cabeza hacia Luna.

—Vos.

—Lo imaginaba.

—Necesito que uses tu encanto, hagas contactos y escuches conversaciones.

Dorian levantó la mano.

—Yo también puedo usar mis encantos.

Todos lo miraron.

—No.

Respondieron al mismo tiempo.

—Injusto.

Murmuró.

Kael ignoró la queja.

—Adrián supervisará toda la operación.

Arlen observó en silencio.

Intentó disimularlo, pero una pequeña decepción apareció en su rostro.

Adrián fue el primero en notarlo.

—Necesito acceso constante a las cámaras, sistemas de seguridad, rutas de evacuación y registros de invitados.

Kael lo miró.

—¿Y?

—Y no puedo hacer eso si estoy dentro del edificio.

Hubo un breve silencio.

—Además.

Continuó Adrián.

—Alguien tiene que acompañar a Luna.

Dorian levantó ambas manos.

—Yo me sacrifico por el equipo.

—No.

Dijo Kael.

—¿Por qué?

—Porque en menos de diez minutos te echarían.

—Eso es discriminación.

—Es experiencia.

La habitación estalló en risas.

Finalmente Kael señaló a Arlen.

—Vas vos.

Durante un instante Arlen quedó inmóvil.

—¿Yo?

—Sí.

La emoción apareció tan rápido en su rostro que incluso Adrián sonrió.

Muy levemente.

Luna se acercó y lo abrazó por los hombros.

—Vamos a hacer un gran trabajo juntos.

Arlen sintió que el rostro se le calentaba.

—S-Sí.

Dorian observó la escena.

—Increíble.

—¿Qué?

Preguntó Luna.

—Creo que acaba de ponerse rojo.

Arlen deseó desaparecer.

---

Los días siguientes estuvieron dedicados a la preparación.

Nombres falsos.

Invitaciones falsas.

Vestimenta adecuada.

Protocolos.

Rutas de escape.

Señales de emergencia.

Todo fue planeado hasta el último detalle.

Como le gustaba a Adrián.

---

La noche del evento finalmente llegó.

El edificio dominaba una de las zonas más exclusivas de Kilop.

Cristal.

Acero.

Luces brillantes.

Vehículos de lujo llegaban constantemente.

Mercenarios famosos.

Empresarios.

Políticos.

Coleccionistas.

Personas capaces de comprar barrios enteros con una sola firma.

Arlen observó todo desde la entrada.

—Nunca había visto algo así.

—No te distraigas.

Dijo Luna.

Su apariencia había cambiado completamente.

Elegante.

Segura.

Profesional.

Parecía pertenecer a aquel lugar.

—Recordá el plan.

Continuó.

—Entramos. Observamos. Conseguimos información. Y nos vamos.

—Entendido.

—Y no nos separamos.

—Entendido.

Luna lo observó.

—¿Seguro?

Arlen asintió.

—Voy a protegerte con mi vida si es necesario.

La respuesta fue tan inmediata y sincera que Luna se quedó inmóvil unos segundos.

Por alguna razón sintió un pequeño calor en las mejillas.

Porque no sonaba como una frase para impresionar.

Sonaba como una promesa.

—Gracias.

Murmuró.

Y ambos cruzaron las puertas.

---

A varios edificios de distancia.

Adrián observaba docenas de pantallas.

Cada cámara.

Cada entrada.

Cada pasillo.

Cada invitado.

Kael y Dorian observaban detrás.

—¿Siempre hacés esto?

Preguntó Dorian.

—Sí.

—Es aterrador.

—Lo sé.

Entonces algo llamó su atención.

Una fotografía.

Un nombre.

Un rostro.

Adrián se inclinó hacia adelante.

—Interesante...

---

Mientras tanto, en el interior del evento, Arlen comenzaba a sentir algo extraño.

No veía nada sospechoso.

No escuchaba nada sospechoso.

Pero algo...

No estaba bien.

Y entonces ocurrió.

Una presencia.

Una sensación.

Hostilidad.

Tan intensa que pareció atravesarlo.

Como una tormenta acercándose.

Arlen giró la cabeza.

Sus ojos recorrieron el salón.

Y supo que algo acababa de entrar al edificio.

Algo peligroso.

Muy peligroso.

—Luna.

Dijo en voz baja.

—¿Qué pasa?

—Tenemos problemas.

Y al mismo tiempo, en otra parte de la ciudad, Adrián observó cómo varias camionetas negras se detenían frente al edificio.

Su expresión cambió por primera vez en toda la noche.

—No puede ser...

Porque acababa de reconocer al hombre que descendía del vehículo.

Héctor.

Y detrás de él.

Tres guardaespaldas.

Uno de ellos era una mujer.

Una mujer con dos cuchillas que Adrián jamás había visto.

Pero Arlen sí.

Y apenas la vio...

El mundo pareció detenerse.

Ailén.

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