Tras una aventura de una noche, las consecuencias llegan tras enterarse de su embarazo.
Kaelyn sin saberlo se acostó con el CEO del Grupo Schneider y su jefe quien desde hace más dos años que apenas y la mira, pero el olor a sándalo en su cuerpo y más la náuseas matutinas que la atormentan cada mañana es más que obvio para él deducir quién fue la mujer con la que tuvo los mejores orgasmos y no piensa dejarla...
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Capítulo 5: Dos latidos...
KAELYN
Llevaba un mes viviendo con Adler. Y durante ese mes había descubierto que compartir una casa con él era mucho más raro de lo que me había imaginado.
Incluso también había descubierto algo que me resultaba en particular inquietante. Adler me observaba dormir. No todas las noches. Pero sí las suficientes como para darme cuenta de ello.
La primera vez pensé que era solo una casualidad. La segunda, que posiblemente quería comprobar que estuviera bien. Para la tercera, ya no pude seguir ignorándolo.
Una madrugada abrí los ojos y lo encontré en el sillón junto a la ventana.
—¿Adler?—Él levantó la mirada.
—¿Te desperté?
Negué lentamente.
—No. El bebé—Me llevé una mano al vientre—. No deja de moverse.
Adler se levantó inmediatamente. Se acercó a la cama y me miró con preocupación.
—¿Te duele?
—No. Solo... parece que está decidido a no dejarme dormir.
Sonreí ligeramente. Entonces Adler extendió la mano.
—¿Puedo?—Asentí. Colocó la palma sobre mi vientre. El bebé volvió a patear. Adler sonrió.—Parece que tiene algo para decir.
—Lleva horas diciendo lo mismo—Le repliqué. Él bajó la mirada hacia mi vientre.
—Es suficiente. Deja que tu madre duerma.
Y, para mi absoluta sorpresa, unos segundos después el movimiento se detuvo. Abrí los ojos.
—No puede ser—Adler levantó una ceja.
—¿Qué?
—Se calmó.
—Porque me escuchó.
Solté una carcajada corta.
—Tal vez se cansó.
—Prefiero pensar que me reconoce.
Lo miré. Había algo distinto en su expresión. Orgullo. Una ternura que nunca habría imaginado encontrar en aquel hombre. Y por alguna razón, esa imagen se quedó conmigo.
En el trabajo todo continuó con normalidad. O casi. Adler seguía siendo mi jefe y yo seguía siendo su secretaria.
La única diferencia era que ahora vivíamos bajo el mismo techo y él parecía haber desarrollado un sexto sentido para detectar cualquier cosa que pudiera ponerme en peligro.
Aquella tarde necesitaba una carpeta que estaba en uno de los estantes más altos de su oficina. Me estiré todo lo que pude.
—Vamos...
Mis dedos rozaron la carpeta. La tomé. Pero al tratar de bajarla, perdí el equilibrio. No llegué a caer. Unos brazos me rodearon la cintura.
Adler. Me atrajo hacia él con rapidez y me sostuvo con firmeza.
—¿Qué haces?
Mi corazón comenzó a latir demasiado rápido.
—Intentaba bajar una carpeta.
—Eso puedo verlo—Seguía sujetándome.
—Suéltame, estoy bien.
No lo hizo. En cambio, levantó una mano y apartó suavemente un mechón de cabello de mi rostro. Sus dedos recorrieron mi mejilla.
—Eres muy descuidada.
—Estoy embarazada, no inválida.
—Podrías haber caído.
—Pero no me caí—Su mirada se volvió intensa.
—Porque llegué a tiempo—Guardó silencio unos segundos—. Nunca dejaré que caigas al suelo, Kaelyn.
No supe qué responderle. Finalmente me soltó. Y yo regresé a mi escritorio fingiendo que mi corazón no estaba latiendo con demasiada fuerza.
...****************...
Después del trabajo tenía una consulta médica. Adler insistió en llevarme. No le discutí. Una vez en el consultorio, descubrí que su actitud no había cambiado. Estaba atento a absolutamente todo. A cada palabra de la doctora. A cada pregunta. A cada indicación.
Cuando ella mencionó mi alimentación, Adler preguntó qué debía evitar. Cuando habló de vitaminas, quiso saber cuáles debía tomar.
Cuando mencionó el descanso, preguntó cuánto debía dormir.
Yo lo observaba desde la camilla y no sabía sí debía o no sentirme conmovida o irritada. Posiblemente ambas.
—Señor Schneider—dijo finalmente la doctora—, puede respirar. El embarazo marcha perfectamente.
Adler asintió.
—Quiero asegurarme.
—Lo sé—La doctora sonrió y preparó el ultrasonido. Me recosté. Adler se colocó a mi lado. La pantalla se encendió. Al principio no entendí lo que estaba viendo. Después escuché el latido. Mi sonrisa apareció inmediatamente.
—Ahí está...—Adler no dijo nada. Solo observó la pantalla. La doctora movió el aparato ligeramente. Entonces frunció el ceño—Esperen.
Mi corazón se aceleró.
—¿Qué pasa?—La doctora sonrió.
—Creo que tenemos una pequeña sorpresa.
Adler se tensó.
—¿Está todo bien?
—Perfectamente—Volvió a mirar la pantalla—. De hecho, hay dos bebés.
Me quedé completamente inmóvil.
—¿Dos?—Pregunté.
—Sí. Están esperando gemelos.
No lo podía creer.
—¿Gemelos?—La doctora asintió.
—Por lo que podemos ver, están esperando un niño y niña.
Me llevé una mano a la boca. No sabía ponerme a llorar o reír. Adler permaneció en completo silencio. Lo miré.
Y entonces lo vi. Una sonrisa. No una de esas sonrisas discretas que usaba para conseguir lo que quería. Era una sonrisa genuina. Orgullosa. Casi peligrosa.
—Un niño y una niña...—murmuró. La doctora siguió explicando que todo parecía estar desarrollándose correctamente. Pero Adler apenas apartaba los ojos de la pantalla.
—Una niña—dijo finalmente. Lo miré.
—¿Qué?—Suspiré ojos verdes tenían un brillo peligroso.
—Voy a tener una hija.
Sonreí.
—Sí, y un hijo—Hizo una pausa.
—Pero mi hija...
Negué con la cabeza, divertida.
—Todavía no nace y ya estás siendo sobre protector—Adler me miró.
—Por supuesto.
—Adler...
—Será mi niña...—No pude evitar reírme.
—También tendrás un niño.
—Lo sé—Su mirada regresó a la pantalla—, pero tendré una niña.
Y había algo en su expresión que me hizo comprender que mi hija tendría un padre completamente obsesionado con protegerla.
Mientras observaba a mis dos pequeños en la pantalla, una emoción cálida llenó mi pecho. Dos corazones. Dos vidas. Dos pequeños seres que habían cambiado mi mundo antes siquiera de nacer.
Y, aunque todavía me costaba admitirlo. También habían cambiado al hombre que estaba a mi lado. Adler tomó mi mano. Esta vez no dijo nada.
Solo la sostuvo. Yo se lo permití.
Quizá porque, poco a poco, aquella casa ya no comenzaba a sentirse como el lugar al cual me vi obligada a mudarme. Comenzaba a sentirse como un hogar. Y eso era algo jamás había esperado.
Quizás el hombre misterioso te está vigilando 😂 y tú ni te has dado cuenta, por lo pronto aliméntate bien y duerme todo lo que puedas, porque después no te la vas acabar con el bebé 👶🍼😂😂😂