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Le Propuse Matrimonio Al Demonio... El Ahora Será Mi Espada

Le Propuse Matrimonio Al Demonio... El Ahora Será Mi Espada

Status: En proceso
Genre:Venganza / Traiciones y engaños / Fantasía épica
Popularitas:5k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Él ahora será mi espada.
En su primera vida, Cassandra amó al hombre equivocado.
El príncipe heredero, su madrastra y su propia familia conspiraron contra ella hasta llevarla a una muerte cruel. Pero el destino le concedió una segunda oportunidad.
Al despertar diez años atrás, Cassandra recuerda perfectamente el día en que comenzó su desgracia.
Esta vez no elegirá al príncipe que la traicionará.
Cuando el emperador le ofrece escoger a su futuro esposo como recompensa por su salvar a un miembro de la familia real, Rosalind señala al hombre que todos temen: Balkan Trudeau, el Demonio de Moldavia, heredero de un reino de guerreros que cabalgan dragones.
Él es cruel. Ella es vengativa.
Él descubre que su nueva prometida esconde un corazón tan oscuro como el suyo.
Y Cassandra solo necesita una cosa de su futuro esposo:
Que sea su espada mientras ella cobra cada deuda pendiente.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El médico de Vellmar

Hay nombres que abren puertas, y nombres que abren tumbas. El de Maestro Corvin hacía ambas cosas.

Los hombres del magistrado lo trajeron a la capital en una jaula de hierro, como a un animal que muerde. La noticia llegó a la mansión del conde antes del mediodía, envuelta en el mismo rumor que ya corría por las tabernas: el médico de Vellmar había matado a la hija del magistrado con sus propias manos, y antes de ella, había matado a otras. En el palacio nadie decía nada. Pero la emperatriz, que lo oía todo, guardó el nombre en un cajón de su memoria.

Cassandra recibió el informe en el balcón, con una taza de té entre las manos.

—Está en la mazmorra de la ciudad —dijo Balkan, de pie detrás de ella—. El conde ya pagó por una noche de interrogatorio privado. Cree que nadie lo sabe.

—Mi padre paga por lo que le asusta —dijo Cassandra—. Y lo que le asusta, ahora, tiene nombre.

***

Esa noche, el conde esperaba en la mazmorra con dos antorchas y una conciencia que no le cabía en el pecho. Cuando el carcelero alzó la primera antorcha hacia la celda, Cassandra entró detrás de él.

Maestro Corvin estaba sentado en el suelo, con la calma de quien ya ha contado todas las salidas. No era lo que el conde recordaba. No era el médico humilde que diez años atrás había llegado a la mansión con un maletín negro y la mirada baja.

—Ese no es el doctor que atendió a mi madre cuando murió —dijo Cassandra, sin saludar.

El conde frunció el ceño.

—¿Qué dices? Los libros de cuentas…

—Los libros dicen Corvin —dijo ella—. Pero el que firmó el acta de defunción fue el Maestro Belis. Este hombre nunca entró al cuarto de mi madre como médico. Entró de noche. Por la puerta de servicio.

Corvin alzó los ojos. Y en esos ojos no había miedo: había cálculo.

—Si pudo matar a la hija del magistrado —siguió Cassandra—, quizá mi madre fue una de sus víctimas.

El conde sintió el frío subirle por la espalda.

—Debemos hablar con él —se oyó decir—. Él nos revelará quién mandó a matar a tu madre.

—¿Y si se niega? —preguntó.

—No se negará —dijo Cassandra—. Porque quiero que tú estés presente, padre. Quiero que oigas el nombre de boca del asesino. Porque cuando lo oigas, no podrás seguir fingiendo que no sabes.

***

Despidieron al carcelero. Las antorchas chisporrotearon.

—No sé de qué me hablan —dijo Corvin—. En Vellmar curé gente. La hija del magistrado murió de fiebres.

—El magistrado opina distinto —dijo el conde—. Y la corona cuelga a quienes matan hijas de magistrados.

—Quiero un trato —dijo Corvin entonces, con la calma del que vende información por oficio—. Mi vida y pasaje a las ciudades libres. Entonces hablaré.

Cassandra se agachó hasta quedar a su altura.

—Te lo pongo fácil —dijo—. Adelfa y sangre de víbora. Pagos mensuales a través del apotecario de la calle de los Curtidores. Visitas nocturnas durante dos años. No necesito que me cuentes la historia, Maestro Corvin. Necesito un nombre.

El conde, al oír *adelfa*, recordó los tónicos para los nervios que Elara compraba en la calle de los Curtidores. Y sintió, por primera vez, que el suelo de su propia casa era arena movediza.

La calma de Corvin se quebró. Por primera vez, el médico la miró como se mira a un fantasma.

—¿Y qué me garantiza que viviré si hablo? —su voz, por fin, tembló.

—Nada —dijo Cassandra—. Pero la mujer que te contrató te matará sin preguntar. El rey, al menos, pregunta.

—Si la nombro —susurró—, soy hombre muerto antes del alba.

—Si no la nombras —dijo Cassandra, poniéndose de pie—, eres hombre muerto antes del alba igual. La diferencia es si mueres con el nombre en los labios o con él en el bolsillo.

Se giró hacia la puerta.

—Piénsalo hasta el amanecer, Maestro. Al amanecer, te entrego a la justicia del rey. Y el rey… el rey no perdona a quienes tocaron a su hermanita.

Corvin cerró los ojos. Cuando los abrió, había en ellos algo que parecía el principio de una confesión.

***

A esa misma hora, en la cripta de la familia, Livia se arrodilló frente a su madre y se lo contó todo: que Corvin estaba en la capital, que el conde había pagado por una noche, que la niña había bajado a la mazmorra y le había hablado de adelfa y de la calle de los Curtidores.

Lady Elara no gritó. Llevaba diez días comiendo miedo, y el miedo, cuando se come durante tanto tiempo, se convierte en otra cosa.

—No puede hablar —dijo.

—Madre, la mazmorra tiene guardias…

—Los guardias comen —dijo Elara—. Los guardias beben. Los guardias tienen deudas, y hermanas, y madres que enferman. —Le apretó la muñeca a Livia con la fuerza de una ahogada—. Averigua qué guardia lo custodia esta noche. Y haz que Maestro Corvin no vea el amanecer.

Livia palideció.

—Si nos descubren…

—Si nos descubren, estamos muertos igual —dijo Elara—. Si habla, estamos muertos seguros. Ve.

Dorian, que escuchaba desde la escalera, habló por primera vez, con la voz seca:

—Yo conozco al guardia de la puerta norte. Le debo dinero. Me hará el favor.

Y en la oscuridad de la cripta, frente a la tablilla de la mujer que había asesinado, lady Elara empezó a contar las horas hasta el alba.

***

Lejos de allí, en el balcón, Cassandra terminó su té.

—Se moverán esta noche —dijo, sin darse la vuelta.

Balkan sonrió en la oscuridad. Las vetas carmesí brillaron como brasas.

—Lo sé —dijo—. Por eso el guardia que custodia a Corvin es uno de los míos.

Cassandra sonrió. El alba, por una vez, llegaría puntual.

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EspirituCreativo
Cassandra marca su camino... Pobre del que trate de pararla
Belky Gonzalez0
Ho Dios...Casandra es de temer.. me encanta 🥰
EspirituCreativo
🤭 Jaja lectora
Enderlay Correa
🤣🤣🤣 se la comió
EspirituCreativo
Gracias, ☺️
Enderlay Correa
muy buena me gusta
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