Alexandre Viale, un hombre misterioso con mucho poder, nadie lo conoce lo suficiente para poder decir quién es, los medios lo persiguen, pero terminan viendo sombras. Su imperio crece mas y más y nadie conocé hasta donde se extiende exactamente. Es joven, dicen, pero no tienen ni la exactitud de cual es su edad. Las mujeres que entran una vez a su cama y no vuelven más, porqué Alexandre no repite, Alexandre conquista para cumplir un solo objetivo y luego desecha como si no fueran de valor.
¿Llegará alguna que rompa con todos esos muros de hierro que el forjó a su alrededor?
No es solo un hombre poderoso, misterioso y seductor, también es un hombre muy peligroso. Debajo de sus pies se mueve algo oscuro y nadie quisiera ser su enemigo.
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Huellas
Después de la noche romántica que Vittoria y Alexandre compartieron, no se volvieron a ver tan a menudo. Alexandre ha viajado en varias ocasiones y se ha centrado en levantar murallas alrededor de sus negocios. Nunca dejando de pensar en Vittoria y su hermosa sonrisa, pero debe continuar, se prometió que después de volver de atender sus asuntos la buscaría.
Por su parte, Vittoria no permaneció demasiado tiempo en Mónaco. Había regresado con la intención de quedarse, pero los asuntos que había dejado en Italia volvieron a reclamarla antes de que pudiera siquiera acomodarse a su nueva rutina. Lamentablemente, la situación de su familia seguía sin resolverse... Había documentos pendientes, movimientos que necesitaban ser aclarados y demasiadas preguntas que todavía no tenían respuesta.
Así que volvió a Italia. Esta vez sin despedidas largas. Sin saber cuánto tiempo tendría que quedarse. Mientras Vittoria intentaba reconstruir el orden de su propia vida, Alexandre recibió la información.
Londres.
Sharay: Aquí está lo que pidió, señor.
Alexandre: ¿Cuándo ocurrió esto? .
Sharay: Esta mañana.
Alexandre: Ok ¿Y por qué me entero ahora?
Sharay: Lo lamento, señor. Intentamos comunicarnos antes, pero estaba en la reunión con el fondo de inversión.
Alexandre miró el reloj. La reunión duró casi cuatro horas. Una de las negociaciones más importantes de aquel trimestre. Había demasiado dinero sobre la mesa como para abandonarla y sin embargo, por primera vez en mucho tiempo, aquello no era lo que tenía completamente ocupada su cabeza.
Alexandre: Quiero toda la información
Sharay: Ya la estamos recopilando.
Alexandre: Y, Sharay. No quiero un resumen. Quiero saber quién está detrás de cada movimiento.
Sharay: Sí, señor.
Sharay sale de la oficina provincial. Alexandre permaneció sentado. Sobre el escritorio había contratos valorados en cientos de millones de euros. Los proyectos de Londres estaban esperando su firma y por otro lado, Miami lo esperaba dos días después y sin ser una excepción, Vittoria estaba a miles de kilómetros. Él no podía simplemente tomar un avión y aparecer en Italia. Había asuntos que exigían su presencia y eso lo irritaba
Alexandre descubrió que podía distraerse con facilidad cuando se lo proponía.
Distracción
Durante los días siguientes, una mujer comenzó a aparecer con frecuencia en su agenda. Una que no estaba relacionada con sus negocios, no pertenecía a su círculo habitual y quizá por eso le resultaba tan cómoda. Ella, no sabía demasiado sobre él, no hacía preguntas, no conocía a Vittoria, no sabía de los problemas en Italia, no conocía la parte de su vida que Alexandre jamás mostraba. Simplemente estaba allí y sorprendentemente Alexandre permitió que estuviera.
Una noche cenaron juntos. Al día siguiente ella lo acompañó a un evento privado, después apareció en su hotel y cuando llegó el momento de marcharse de Londres, Alexandre ya había pasado prácticamente toda su estancia con ella.
Louis: Amigo ¿Cuánto tiempo llevas sin dormir?
Alexandre estaba sentado en uno de los salones privados del hotel, con un café delante.
Alexandre: sinceramente. No sé.
Louis: Eso significa demasiado.
Louis tomó asiento frente a él. Habían coincidido en Londres antes de que Alexandre continuara su viaje hacia Miami. Durante unos minutos hablaron de negocios. De pronto en medio de la conversación, Louis levantó la mirada. Alexandre se quedó observándolo. No sabía exactamente qué había provocado aquella sensación. Tal vez fueron los ojos, la forma en que Louis lo miraba cuando estaba escuchando, aquella expresión tranquila, algo allí le resultaba extrañamente familiar.
Louis: ¿Qué? ¿Por qué rayos me miras así, acaso te gustó o qué?, ¿Qué pasa?
Alexandre: Tus ojos.
Louis: Aah jajaja ¿Mis ojos? ¿Enserio?
Alexandre: Sí.
Louis: ¿Qué tienen?
Alexandre: Me recuerdan a alguien. No te creas la gran cosa.
Louis: ¿A quién?
Alexandre dudó. La respuesta salió casi sin pensarlo.
Alexandre: A Vittoria.
Louis permaneció en silencio durante un segundo y después comenzó a reír sin control.
Louis: No.
Alexandre arqueó una ceja.
Alexandre: ¿No qué?
Louis: No puede ser. ¡Es muy buen chiste!
Alexandre: ¿Qué cosa?
Louis: ¿Te atreves a preguntar? Que estés sentado aquí mirándome los ojos porque te recuerdan a una mujer que te gusta.
Alexandre: Corrección. No he dicho que me guste.
Louis: Jajajaja. Por favor. Seamos serios, Alexandre.
Alexandre: Solo dije que hay algo familiar.
Louis: Los ojos no son una buena excusa para pensar en una mujer. Pero ¿porque los míos?
Alexandre: Espera, no es solo eso.
Louis: Ahora se adentro la curiosidad en mi. ¿Qué más?
Alexandre hizo una pausa y lo observo.
Alexandre: Bueno, hay ciertos gestos.
Louis: ¿Qué gestos?
Alexandre: Cuando estás concentrado, inclinas ligeramente la cabeza.
Louis lo miró con incredulidad.
Louis: ¿Y eso también lo hace Vittoria?
Alexandre: Sí. ¡Exacto!
Louis: Interesante ¿Y qué más?
Alexandre: Cuando algo te molesta, aprietas la mandíbula antes de responder.
Louis: Alexandre, acabas de describir a media población masculina.
Alexandre: Si, pero eso también lo hace ella.
Louis: Entonces, ¿Vittoria tiene gestos de hombre?
Alexandre negó con la cabeza en desaprobación.
Alexandre: Eres un idiota.
Louis: Siii y tú estás enamorado.
La sonrisa desapareció del rostro de Alexandre. No oculto que esa afirmación de Louis le molestó.
Alexandre: No vuelvas a decir eso. ¿Que estupideces dices?
Louis: ¿Te molesta? Entonces definitivamente estás enamorado.
Alexandre: Mejor cállate. Así es mejor. ¡Idiota!
Louis continuó riéndose y la conversación cambió. Pero Alexandre volvió a mirar a su amigo durante unos segundos, aquella sensación seguía allí, no sabía por qué, no sabía de dónde venía. Vittoria y Louis no tenían ninguna relación, no había razón para que un hombre le recordara a una mujer.
Miami.
El calor golpeó a Alexandre apenas salió del aeropuerto. La ciudad era diferente a Londres, perfecta para olvidar o eso pensó. Durante los días siguientes, Alexandre se sumergió nuevamente en los negocios y noches demasiado largas. Pero en algún momento, cuando el ruido desaparecía y quedaba solo con sus pensamientos, Italia volvía a aparecer.
Mientras tanto, en Italia, Vittoria permanecía frente a una montaña de documentos. No sabía que Alexandre había recibido los informes, que estaba siguiendo sus movimientos desde Londres, que, a miles de kilómetros, un hombre que había pasado años creyendo que podía controlar cualquier situación estaba empezando a descubrir que había cosas que escapaban completamente de sus manos y mucho menos sabía que, en medio de todo aquello, Alexandre había cometido un error, uno pequeño, uno que en ese momento parecía insignificante (la mujer de Londres). Su nombre, su presencia, las fotografías que inevitablemente terminarían circulando. Alexandre todavía no lo sabía pero algún día, Vittoria las verá y cuando eso ocurra ninguna explicación sería sencilla. Porque aquella noche en la que había decidido olvidarla iba a convertirse, precisamente, en una de las cosas que más difícil le resultaría explicar.