En mi vida pasada, fui humillada, golpeada y obligada a soportarlo todo por el hombre que amaba: mi esposo, el Rey. Perdí a mis hijos por su culpa y, cuando dejó de necesitarme, me ejecutó para convertir a su concubina en Reina.
Pero regresé al pasado.
Ahora, él es solo mi prometido: el príncipe heredero. Y esta vez no seré la prometida ni la esposa obediente que todos esperan.
No seguiré las reglas de mi familia, de la sociedad… ni las suyas.
Si en mi primera vida fui la víctima, en esta seré la villana de sus pesadillas.
—¡Desaparezcan de mi vista, escorias!
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CAPÍTULO 11 — Sobrecarga
La noche finalmente había llegado.
Después del baño, las doncellas me ayudaron a ponerme una cómoda bata de dormir. Una vez que terminaron de arreglar la habitación, se despidieron y abandonaron mis aposentos.
Esperé.
Escuché sus pasos alejarse por el pasillo.
Solo entonces me levanté de la cama y fui hasta la puerta.
Cerré el pestillo.
Luego comprobé una vez más que estuviera asegurada.
—Perfecto...
Regresé a mi cama y me senté sobre el colchón.
Entonces levanté mi almohada y, escondida debajo de ella, saqué la pequeña bolsa rosa que me había entregado mi maestro.
La sostuve entre mis manos con una sonrisa.
—Veamos qué clase de conocimiento me has dado, maestro...
Abrí la bolsa.
En su interior apareció el libro mágico.
Era un volumen antiguo y pesado, de cubierta oscura, adornado con placas metálicas y símbolos extraños. Varias pequeñas piedras de color púrpura estaban incrustadas en su superficie y, en el centro, destacaba un complejo círculo mágico que parecía palpitar con una luz tenue.
Apenas mis dedos rozaron la cubierta...
Fssss...
Una extraña sensación recorrió mi cuerpo.
Me quedé quieta.
—¿Qué...?
Algo dentro de mí había reaccionado.
Era como si mi propio cuerpo reconociera la energía contenida en aquel libro.
Mi curiosidad aumentó todavía más.
Lo abrí rápidamente.
Las páginas estaban llenas de símbolos y palabras escritas en un idioma que jamás había visto.
—¿Qué idioma es este...?
Fruncí el ceño.
Sin embargo, en cuanto mis ojos recorrieron las primeras líneas...
Las entendí.
No sabía cómo.
Simplemente podía leerlas.
Cada símbolo adquiría significado en mi mente como si hubiese estudiado aquel idioma durante años.
Y, sin que yo pudiera percatarme de ello, una tenue energía morada comenzó a desprenderse de mis ojos.
—...
Seguí leyendo.
El contenido era fascinante.
No solo era interesante.
Era extremadamente fácil de comprender.
Cada concepto parecía encajar de forma natural dentro de mi mente.
Teoría sobre el maná.
Circulación mágica.
Control de energía.
Formación de círculos.
Creación de un espacio espiritual.
Absorción y refinamiento del maná.
Mis ojos recorrían las páginas cada vez más rápido.
Mientras comía unos bocadillos sobre la cama.
Acostada sobre la cama, movía distraídamente los pies de arriba abajo mientras continuaba leyendo.
Uno.
Dos.
Tres páginas.
Luego otra.
Y otra.
El tiempo desapareció por completo.
Cuando finalmente levanté la mirada...
Habían pasado dos relojes de arena.
Dos horas.
Y yo...
Había terminado el libro.
Cerré lentamente la cubierta.
Mis ojos brillaban de emoción.
—Lo pondré en práctica...
Lo dije en voz baja.
Una sonrisa apareció en mis labios.
No podía esperar.
Quería comprobar inmediatamente si aquello funcionaba.
....................
Isolde se incorporó sobre la cama.
Se sentó con las piernas cruzadas y dejó el libro a un lado.
Cerró los ojos.
Respiró profundamente.
Recordó cada una de las instrucciones que acababa de leer.
Primero, sentir el maná.
Poco a poco, comenzó a percibirlo.
Una energía recorría su cuerpo.
Era invisible, pero podía sentirla.
—...
Isolde concentró toda su atención en aquella sensación.
Debía reunir su maná en el centro de su abdomen.
Así lo hizo.
Poco a poco.
Con cuidado.
Comenzó a mover la energía dentro de su cuerpo, siguiendo las indicaciones del libro.
Al principio todo parecía normal.
Sin embargo...
Algo más comenzó a moverse.
Su cabello se elevó lentamente.
Los mechones comenzaron a flotar alrededor de su pequeño cuerpo.
—...
Los objetos de la habitación también comenzaron a vibrar.
Un pequeño adorno sobre una mesa se elevó unos centímetros.
Después otro.
Las cortinas comenzaron a agitarse aunque las ventanas permanecían cerradas.
Isolde no se dio cuenta.
Estaba demasiado concentrada.
Había algo que ella todavía no sabía.
No solo estaba moviendo el gigantesco maná que ya existía dentro de su cuerpo.
Estaba atrayendo el maná puro del mundo.
La energía mágica del entorno comenzó a fluir hacia ella.
Lentamente al principio.
Después cada vez más rápido.
Una corriente invisible de maná puro convergió alrededor de Isolde.
Isolde continuó reuniendo maná.
Más.
Y más.
Y más.
Su objetivo era formar un círculo perfectamente redondo dentro de su abdomen.
Después, mediante ese círculo, crear un espacio espiritual dentro de su alma.
Un espacio que, en el futuro, le permitiría almacenar su propio maná sin desperdiciarlo.
Pero había un problema.
Su cuerpo todavía era demasiado pequeño.
Y ella no tenía idea de la cantidad de maná que estaba absorbiendo.
Las paredes comenzaron a agrietarse.
Crack.
Una pequeña grieta apareció sobre una de ellas.
Luego otra.
Fuera de la habitación, los árboles comenzaron a agitarse violentamente, como si una tormenta invisible azotara los jardines del ducado.
Las ramas se sacudían.
Las hojas volaban.
Pero dentro de la habitación...
Isolde seguía completamente inmersa en su práctica.
Su cuerpo comenzó a emitir un tenue resplandor.
El maná se acumulaba cada vez más.
Su respiración se volvió irregular.
Y entonces...
Una pequeña gota de sangre descendió por su nariz.
Después otra.
Sangre comenzó a salir también de sus oídos.
Sus ojos permanecían fuertemente cerrados.
El cuerpo de Isolde estaba llegando a su límite.
Pero ella todavía no se deba cuenta.
Lo hacía de una forma tan natural que era imposible para ella percatarse.
Incluso en su estado.
Aún estaba absorbiendo directamente el maná puro del mundo.
Una cantidad demasiado grande.
Demasiado rápido.
Su pequeño cuerpo comenzó a sobrecargarse.
La energía se acumuló en su interior.
Más.
Más.
Más...
Hasta que llegó un momento en que parecía que su cuerpo ya no podría contenerla.
Estaba a punto de explotar.
Entonces...
Todo se detuvo.
El tiempo pareció congelarse.
Las hojas que volaban en el exterior quedaron suspendidas en el aire.
El cabello de Isolde permaneció inmóvil.
Los objetos dejaron de flotar.
Incluso la sangre que descendía de su rostro quedó detenida.
Todo quedó en pausa.
Y en medio de aquel mundo inmóvil...
Una luz dorada apareció.
La energía se concentró rápidamente.
Una figura apareció en la habitación.
Valtherion.
Su expresión era completamente distinta a la sonrisa despreocupada que había mostrado anteriormente.
Tenía el ceño profundamente fruncido.
Sus ojos recorrieron rápidamente la habitación.
Las grietas.
Los objetos suspendidos.
La enorme cantidad de maná concentrándose alrededor de Isolde.
Y finalmente...
A ella.
Su expresión se endureció.
—¡Maldita sea!
La voz del joven archimago resonó en la estancia congelada.
Dio un paso hacia su pequeña discípula.
—¡¿Tanta prisa tienes por morir?!
gracias 😍😍❤️❤️❤️