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Soy La Presa De Tres Alfas

Soy La Presa De Tres Alfas

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Yaoi / Fantasía LGBT
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: VICTOR CUETO

«Mi sangre no pide compasión; exige ser devorada.»

El chasquido del cerrojo blindado nos dejó a oscuras en el laboratorio subterráneo. En el suelo, los vidrios de mi última ampolleta de supresor. En mis venas, el desastre.

Mi cuerpo es una trampa: libero un aroma a miel y jazmín tan violento que me dobla las rodillas, me asfixia la garganta y me humilla. La ventilación esparce la plaga de mi olor por el aire sellado, y la biología no perdona.

Tres aromas depredadores acorralan mi agonía en la penumbra. Sin medicina que me salve, sin aire para gritar y con la fiebre del celo quemándome la piel desde adentro.

La cacería empezó. Y la única duda es cuál de los tres clavará primero sus garras en mi nuca.

NovelToon tiene autorización de VICTOR CUETO para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 10: EL PRECIO DEL VENENO

EL PRECIO DEL VENENO

Correr de vuelta al hostal bajo la lluvia de La Periferia no fue un trayecto limpio; fue una marcha sofocante dominada por las consecuencias de mi propio acto.

Haber forzado mi glándula en el pasaje para cegar al mercenario había sido una maniobra táctica brillante, pero el veneno de miel y azahar sintético no elegía objetivos. La ráfaga había dejado al cazarrecompensas convulsionando en el suelo, pero en Kaelen y Eren el efecto había actuado como un disparo de adrenalina pura directo al torrente sanguíneo.

Moverme a su lado entre los callejones oscuros era como caminar junto a dos bestias que intentaban no devorarme.

Eren avanzaba a mi lado con la respiración pesada, las venas del cuello tan marcadas que amenazaban con romper la piel y las pupilas carmesí totalmente dilatadas. Cada vez que mi brazo rozaba el suyo por la prisa, un gruñido grave brotaba del fondo de su garganta, apretando los puños con tanta fuerza que sus nudillos se tornaban blancos.

A mi otro costado, Kaelen mantenía la mirada fija en el frente, pero el parche de amortiguación biológica que llevaba pegado al lado derecho de la nuca parpadeaba en un rojo de advertencia sobrecargado. Su autocontrol militar se estaba resquebrajando; su pulso acelerado y el ligero temblor en su mano sobre el mango de la daga delataban que mi aroma había encendido su instinto territorial a niveles peligrosos.

—No vuelvas... a hacer eso... sin avisar —siseó Eren entre dientes, agarrándome del codo con una brusquedad contenida mientras doblábamos la última esquina antes del hostal.

—Te salvó la vida a ti y a Kaelen —respondí sin aminorar el paso, aunque sentía el calor de su cuerpo irradiando como un horno a mi lado.

—¡Nos enciende el Rut, Lian! —intervino Kaelen con la voz rasposa, obligándose a hablar con frialdad mientras se pasaba la mano por la nuca para presionar el parche hirviente—. Tu aroma no es aire neutro. Si lo liberas en medio de un combate, tus enemigos caen... pero nos obligas a nosotros a luchar el doble de duro para no tomarte aquí mismo contra la pared.

Los miré a ambos un segundo: estaban al límite. Mi presencia era su mayor fortaleza táctica, pero también su tortura biológica más brutal.

—Entonces controlen su instinto —sentencié, zafándome del agarre de Eren—. Porque si alguien dentro de ese hostal nos vendió, vamos a necesitar toda la ferocidad que tengan.

Subimos las escaleras de concreto del hostal a paso rápido. El silencio del pasillo del segundo piso era sepulcral. Las luces de neón comerciales de la calle se filtraban por las ventanas, proyectando sombras rojas y azules contra la puerta blindada de nuestra habitación.

Kaelen sacó su pistola de pulso y se colocó a la izquierda de la puerta. Eren desenfundó su fusil con la mirada inyectada en furia territorial, listo para destrozar a quien estuviera al otro lado.

Kaelen introdujo la clave. El cerrojo electromagnético emitió un doble pitido y la puerta se descorrió con un siseo metálico.

Irrumpimos en la habitación.

Valen estaba sentado frente al escritorio con la laptop médica abierta. Al vernos entrar con las armas en alto y la presencia sobrecargada de feromonas, dio un salto hacia atrás, tirando la silla de madera al suelo.

—¡¿Qué demonios pasa?! —exclamó Valen, alzando las manos con el rostro pálido—. ¿Por qué vienen así?

Eren no dijo una sola palabra. Avanzó tres pasos, tomó a Valen por el cuello de la bata médica y lo estampó brutalmente contra la pared de concreto, haciendo que la laptop sobre la mesa temblara.

—¡Eren, detente! —intentó intervenir Valen, ahogándose por la presión en su garganta.

—Escuchamos la transmisión, Valen —siseó Eren, pegando su rostro al del médico con la respiración agitada y caliente—. Un grupo de cazarrecompensas nos esperaba en el Mercado Central. Tenían las coordenadas exactas de esta habitación y sabían que habíamos salido. La señal salió de este equipo.

Valen miró a Eren con los ojos desorbitados por el pánico y la confusión, para luego pasar la vista hacia Kaelen y hacia mí.

—¡Yo no fui! —gritó Valen, luchando por respirar—. ¡Juro por mi vida que no envié nada al Consejo ni a ningún mercenario!

—Las frecuencias médicas de la red clandestina tienen un protocolo de rebote automático —intervino Kaelen, acercándose a la laptop y tecleando a toda velocidad con una mano mientras sostenía el arma con la otra—. Miren esto...

Eren no soltó a Valen, pero giró la cabeza hacia la pantalla. Me acerqué al escritorio para ver la interfaz de datos.

En la pantalla parpadeaba un hilo de rastreo pasivo de color amarillo. No era una llamada saliente emitida por Valen; era un software de clonación de señal.

—No fue Valen quien los llamó —dijo Kaelen con voz helada—. Cuando salimos por la puerta de la zona industrial, el chip encriptado que Nix le dio a Lian... traía un troyano de rastreo vinculado a la red de los Marcados.

Nos quedamos congelados.

Me llevé la mano al bolsillo del abrigo y saqué el pequeño chip que Nix me había entregado antes de desaparecer en los suburbios.

—Nix... —murmuré, apretando el pequeño pedazo de plástico entre mis dedos.

—Ese infeliz no quería ayudarte —dijo Eren con una sonrisa amarga y peligrosa, soltando a Valen, quien cayó de rodillas al suelo recuperando el aire—. Usó a los cazarrecompensas para eliminarnos a nosotros tres y obligarte a volver a él sin protección.

Antes de que alguno pudiera reaccionar, el panel de luz de la habitación se apagó por completo.

La luz roja de emergencia del hostal se encendió, y a través de la ventana blindada del segundo piso vimos cómo tres transportes pesados sin insignias aterrizaban en el callejón, bloqueando ambas salidas de la calle.

Nix no nos había vendido al Consejo. Había vendido nuestra posición a la Resistencia Radical de los Marcados, y venían a reclamar al Sujeto Cero por la fuerza.

1
Victor Cueto
excelente trama, sigueee
Victor Cueto
me encanta
BL Autor 🌈
(Sujeto Cero)
— Nota de Lian —
"Si el Mando Central y esos tres Alfas creen que pueden acorralarme o dictar mis reglas, no entienden absolutamente nada de lo que soy. Yo no soy la presa de nadie. Si estás de este lado y quieres ver cómo rompo su control capítulo a capítulo, guarda esto en tu Biblioteca y deja tu Like. No te distraigas... porque esto apenas está comenzando."
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