Sara murió luchando contra el hombre más temido del mundo: Augustus Reinold, el tirano que destruyó naciones y esclavizó a la humanidad.
En sus últimos segundos, hizo un deseo desesperado: si pudiera regresar al pasado, daría la mitad de su vida para detenerlo.
Su deseo fue escuchado.
Sara despierta quince años atrás, cuando tiene diecisiete años y Augustus aún no es el monstruo que ella conoce. Pero el sistema le revela una regla imposible: no puede matarlo.
Si quiere salvar el mundo, deberá cambiar su destino antes de que sea demasiado tarde.
¿El método?
Enamorar al futuro villano.
Sara se niega a enamorarse del hombre que la asesinó.
Pero cuanto más conoce al joven que algún día será Augustus, descubre que detrás del monstruo existió un muchacho que todavía podía ser salvado.
Y solo tiene dos años para lograrlo.
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Esa es mi nuera
—Ya, sistema, suéltalo —dijo Sara, sentada en su cama rosa—. ¿Qué misión quieres que haga para ganar esos 300 puntos?
El sistema abrió la boca para responder.
Y se quedó bloqueado.
> *Heroína, es que...*
Silencio. La pantalla parpadeó. Se congeló.
Y de repente:
> *¡DIN, DIN, DIN, DIN, DIN, DIN, DIN!*
> *¡Heroína! ¡Has completado la misión! ¡Quinientos puntos! ¡LA MISIÓN SECRETA! ¡QUINIENTOS PUNTOS!*
Sara parpadeó.
—¿Quinientos puntos? ¿Sistema, qué hice?
El timbre de la casa sonó.
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—¿Aquí vive la señorita Sara Thornwright?
—Sí, soy su madre. Firme aquí, por favor, señora.
—Esta caja es para la señorita. Gracias.
—¡Sara, hija, ven!
Sara tuvo que dejar de discutir con el sistema y bajó a la sala. Su madre sostenía una caja cuadrada. No era muy alta.
—Esto llegó para ti.
—¿Para mí? ¿Qué es?
—No lo sé. Si no lo abres, no podremos saberlo.
Sara abrió la caja.
Y ahí estaba. Una laptop de última generación. Delgada. Liviana. En un color gris rosado que brillaba bajo la luz de la sala.
—¡Wow! —dijo su madre—. ¿Qué es esto?
—Es una laptop, madre.
—Vaya. Se ve cara.
Sara sacó su celular, le tomó una foto y preguntó el precio.
La aplicación le devolvió la respuesta:
**Último modelo. Laptop Game Booster. Precio en el mercado: $25,000.**
—¿Qué? —dijo Sara.
Incluso su madre se sorprendió.
—¿Tanto cuesta? —La dejó con cuidado sobre la mesa, como si fuera de cristal—. ¡Ay, hija, esto cuesta mucho! Pero... ¿por qué?
—No lo sé —dijo Sara. Pero la tomó—. Ahora podré hacer mis tareas tranquila, no en la vieja máquina que muchas veces se cuelga.
—Es verdad, hija. Aprovéchala.
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Cuando Sara regresó a su cuarto, miró su nueva laptop.
—Ay, es tan hermosa, liviana... Ay, y es en un color gris rosado. Está hermosa.
> *Bueno, heroína —*dijo el sistema, recuperando la voz—. *Ese es el motivo por el que has ganado quinientos puntos.*
Sara la miró.
—¿Recibir una laptop me hizo ganar puntos?
> *Sí. La misión secreta era: ganar la compasión y retribución de Adrián Bradenford.*
—¿Qué?
> *Mira.*
La pantalla se encendió y le reprodujo la escena.
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En el estudio de la Torre Bradenford, Julian le contaba a su padre lo que había pasado en el instituto. El rumor. La pelea. El director de la Elite amenazando con expulsarlo.
Adrián estaba furioso.
Pero cuando Julian le contó que Sara había agarrado al capitán a mochilazos... el padre empezó a reír.
Sacó su celular y ordenó que llevaran una laptop de última generación al domicilio de la muchacha.
—Padre, ¿por qué le regalas una laptop? —preguntó Julian.
—Esa muchacha tiene mucho potencial —respondió Adrián, sin dejar de teclear—. Si le doy las herramientas para que desarrolle más su inteligencia, seguro podrá ser aún más útil.
Hizo una pausa. Levantó la vista.
—Voy a pedir las imágenes de la cámara de seguridad.
—¿Vas a hacer algo contra ese muchacho?
—No. Quiero ver cómo lo agarró a mochilazos. Quiero ver la cara del director de Elite tragándose su ira. Eso debe estar épico.
Adrián se fue tecleando rápidamente.
Julian se quedó mirándolo.
*Este no suele ser el padre que normalmente conozco*, pensó. *O quizás... nunca le presté mucha atención al padre que tenía a mi lado, y siempre asumí que solo era frío y despiadado.*
—¡Ven, ya tengo la grabación! —gritó Adrián desde el estudio—. ¡En verdad, Sara, dale otro mochilazo! ¡Esa es mi nuera, definitivamente!
Lo que Julian pensaba de su padre no se ajustaba a la realidad.
Adrián corrió al estudio a ver la grabación, y Julian lo acompañó, riendo.
—¡Mira, mira cómo le da con la mochila! ¡En cámara lenta! ¡Ja, ja, ja!
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La pantalla se apagó.
Sara se quedó sentada frente a su laptop gris rosada, con una sonrisa que no esperaba.
*Ese hombre*, pensó. *Amenaza con destruir a mi familia si le rompo el corazón a su hijo... y al mismo tiempo me regala una laptop de veinticinco mil dólares para que estudie, y ve mi pelea en cámara lenta como si fuera un partido.*
> *Afecto de Adrián Bradenford: 75%.*
Sara rió. Y luego, su mente de estratega volvió a enfriarse.
Porque ahora tenía los puntos.
1200 + 500 \= 1700.
Y la información sobre quién financió el rumor costaba 1500.
Abrió la laptop nueva. La pantalla brilló, rápida, limpia, sin colgarse. Perfecta para lo que venía.
—Sistema —dijo, con la voz de la comandante—. Compra la información. ¿Quién pagó el veneno?
> *Transacción completada.*
La pantalla se tiñó de azul.
Y un nombre apareció.