Novela +18
Dante, un poderoso Alfa y líder de la mafia, entrega su vida para salvar a su amado omega, Kael, durante una sangrienta guerra entre organizaciones criminales.
Sin embargo, la muerte no fue el final.
Al abrir los ojos, descubre que ha reencarnado en el cuerpo de Elizabeth, una joven Alfa universitaria que murió durante el despertar de su poder. Ahora, atrapado en el cuerpo de una mujer, Dante solo tiene un objetivo: recuperar al omega que juró proteger y amar.
Pero todo ha cambiado.
Kael ya no es el omega indefenso del pasado. Ahora es un frío y brillante CEO, marcado por un accidente que lo dejó paralítico. Y, para empeorar las cosas, rechaza rotundamente a Elizabeth, pues asegura que jamás podría enamorarse de una mujer.
Dante no piensa rendirse.
No importa si ahora posee un cuerpo diferente, si el mundo entero está en su contra o si Kael lo odia. Para él, Kael sigue siendo su omega... y jamás permitirá que otro Alfa lo reclame.
Porque, aunque haya renacido como...
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CAPÍTULO 11 — DIBUJO/DORMIR JUNTOS
Por la tarde la mansión se encontraba inusualmente tranquila.
Dael había regresado de la escuela con una enorme sonrisa y una hoja de papel cuidadosamente protegida entre sus pequeños brazos.
Apenas cruzó la puerta, comenzó a buscar a Kael por toda la casa.
—¡Papá!
Su vocecita resonó por el amplio vestíbulo.
—¡Papá! ¿Dónde estás?
Uno de los empleados sonrió.
—El amo está en el despacho, señorito.
—¡Gracias!
Sin perder un segundo, Dael salió corriendo por el pasillo.
Elizabeth, que acababa de recibirlo al bajar del automóvil, caminó detrás de él con una pequeña sonrisa.
—No corras, podrías caerte.
—¡Sí!
Aunque respondió afirmativamente, no disminuyó mucho la velocidad.
Al llegar frente al despacho, empujó la puerta con entusiasmo.
—¡Papá!
Kael levantó la vista de los documentos que estaba revisando.
Su expresión fría se suavizó apenas al ver entrar a su hijo.
—¿Qué sucede?
Dael levantó orgullosamente la hoja.
—¡Hoy hicimos un dibujo!
Kael dejó la pluma sobre el escritorio.
—¿Un dibujo?
—¡Sí! La maestra nos pidió dibujar a nuestra familia.
Los ojos de Kael mostraron un leve interés.
Extendió la mano.
—¿Puedo verlo?
Dael asintió con entusiasmo.
—¡Sí!
Corrió hasta la silla de ruedas de Kael y le entregó cuidadosamente la hoja.
Kael la sostuvo entre sus manos.
Era un dibujo infantil, lleno de colores y trazos torpes.
Sin embargo...
Podía distinguir perfectamente a tres personas.
La primera tenía cabello negro y estaba sentada en una silla de ruedas.
Kael.
La segunda era un pequeño niño rubio de ojos rojos.
Dael.
Y la tercera...
Una mujer de cabello castaño y ojos verdes.
Kael permaneció observando el dibujo durante unos segundos.
Frunció apenas el ceño.
Luego levantó la vista hacia su hijo.
—Dael...
El pequeño sonrió.
—¿Sí?
Kael señaló la tercera figura.
—¿Quién es ella?
Dael miró el dibujo con naturalidad.
Una enorme sonrisa apareció en su rostro.
—Mi genial niñera.
Kael asintió lentamente.
Pero Dael volvió a hablar.
Esta vez lo hizo con una voz mucho más bajita.
Como si estuviera confesando un secreto.
—Pero...
Hizo una pequeña pausa.
Sus ojos brillaban con total sinceridad.
—... Papá ¿porque siento como si ella fuera mi otro papá...?
El despacho quedó completamente en silencio.
Kael dejó de respirar por un instante.
Sus dedos se tensaron alrededor de la hoja.
Otro papá...
Aquellas dos palabras golpearon su corazón con una fuerza inesperada.
No supo qué responder.
Solo permaneció inmóvil.
Mirando fijamente el dibujo.
Una extraña opresión comenzó a instalarse en su pecho.
Su hijo...
Jamás había llamado así a nadie más que no fuera él.
Desde pequeño siempre había rechazado a todas las niñera/os que intentaban acercarse.
Nunca había permitido que ninguna/o ocupara un lugar importante en su vida.
Y ahora...
En apenas unos días...
Elizabeth había conseguido algo que nadie más había logrado.
Kael levantó lentamente la mirada.
—¿Por qué dices eso?
Dael se balanceó ligeramente sobre sus pies.
—No sé...
Se llevó un dedo a los labios mientras pensaba.
—Cuando estoy con la señorita Elizabeth...
—Me siento tranquilo.
Hizo otra pausa.
—Ella me abraza.
—Me enseña muchas cosas.
—Juega conmigo.
—Y cuando me felicita...
—Se siente bonito.
Bajó la mirada hacia el dibujo.
—Es como si tuviéramos una conexión.
Las palabras del pequeño atravesaron el pecho de Kael.
Por un instante...
Recordó a Dante.
Apretó involuntariamente la hoja entre sus dedos.
Amor... Si tan solo estuvieras aquí...
Se obligó a detener aquellos pensamientos.
Respiró profundamente antes de acariciar el cabello de Dael.
—Si ella te hace feliz... Me alegra.
Dael sonrió con toda la inocencia del mundo.
—¡Mucho Mucho!
En ese momento, Elizabeth apareció en la puerta del despacho.
—Dael, ¿ya comenzaste tu tarea?
El pequeño giró inmediatamente la cabeza.
—¡Señorita!
Corrió hasta ella y le mostró orgulloso el dibujo.
—¡Mira! También te dibujé.
Elizabeth bajó la vista hacia la hoja.
Su sonrisa se congeló por un instante.
Allí estaban.
Kael.
Dael.
Y ella.
Los tres juntos.
Sin darse cuenta, sintió que algo le oprimía la garganta.
Sus ojos permanecieron varios segundos sobre aquel sencillo dibujo infantil.
Una familia...
......................
—POR LA NOCHE —
Aquella noche, la rutina de la mansión sufrió un pequeño cambio.
Después de cenar, Elizabeth acompañó a Dael hasta su habitación para ayudarlo a ponerse la pijama.
El pequeño estaba sentado sobre la cama, abrazando una almohada mientras movía distraídamente los pies.
Elizabeth terminó de doblar la ropa que había quedado sobre una silla y sonrió.
—Muy bien. Es hora de dormir.
Dael levantó la cabeza.
—¿Señorita?
—¿Sí?
El niño la miró con una expresión llena de ilusión.
—¿Puedes dormir conmigo hoy?
Elizabeth se quedó inmóvil unos segundos.
Aquella petición hizo que una calidez indescriptible le recorriera el pecho.
Le habría encantado responder que sí.
Pero antes de que pudiera abrir la boca...
—No.
La voz de Kael resonó desde la puerta.
Ambos giraron la cabeza.
Kael permanecía sentado en su silla de ruedas, observándolos con expresión tranquila, aunque sus ojos mostraban un evidente rechazo.
—La señorita Elizabeth tiene su propia habitación.
Dael hizo un pequeño puchero.
—Pero quiero que duerma conmigo.
—No.
—¿Por qué?
Kael respondió con naturalidad.
—Porque yo dormiré contigo.
Dael bajó la cabeza.
—Pero...
Quiero que esté conmigo.
Kael respiró hondo.
—Dael.
El pequeño levantó nuevamente la vista.
—La señorita ha trabajado todo el día. Debe descansar.
Dael permaneció callado unos segundos.
Luego miró a Elizabeth.
Después volvió a mirar a Kael.
De pronto, una idea cruzó por su pequeña cabeza.
Sus ojos comenzaron a brillar.
—¡Ya sé!
Kael sintió un mal presentimiento.
Que no sea lo que estoy pensando...
Dael sonrió de oreja a oreja.
—¡Entonces duerman los dos conmigo!
El silencio se apoderó de la habitación.
Kael parpadeó lentamente.
—...
Elizabeth también permaneció completamente inmóvil.
Dael, completamente ajeno al impacto de sus palabras, continuó hablando con entusiasmo.
—Así nadie duerme solo.
Miró primero a Kael.
—Papá duerme aquí.
Luego señaló el otro lado de la cama.
—La señorita aquí.
Y finalmente se dio unas palmaditas en el pecho.
—Y yo en medio.
Sonrió satisfecho.
—¡Problema resuelto!
Kael sintió un ligero tic en el párpado.
—¡Absolutamente, no!
Dael infló las mejillas.
—¿Por qué siempre dices que no?
—Porque...
Kael buscó una explicación razonable.
Pero antes de encontrarla...
Dael ya tenía los ojos ligeramente humedecidos.
—Quiero que estemos juntos...
Aquella voz bastó para derrotar toda la resistencia de Kael.
Cerró lentamente los ojos.
Dios... ¿Qué voy a hacer con este niño...?
Soltó un largo suspiro.
—Solo por esta noche.
Dael dio un pequeño salto de alegría.
—¡Sí!
—¡PAPÁ ERES EL MEJOR!
Corrió hasta abrazar a Kael con fuerza.
Después hizo lo mismo con Elizabeth.
—¡Ahora somos tres!
Elizabeth no pudo evitar sonreír.
—Tres...
......................
Horas más tarde...
La habitación de Kael permanecía en silencio.
Las luces estaban apagadas.
Solo la tenue iluminación del techo, que imitaba un cielo estrellado, bañaba la estancia con una luz azulada.
Dael dormía profundamente en el centro de la enorme cama.
Abrazaba una almohada con una expresión completamente relajada.
A un lado descansaba Kael.
Al otro, Elizabeth.
El silencio únicamente era interrumpido por la respiración pausada del niño.
Kael, sin embargo, seguía completamente despierto.
Sus ojos permanecían abiertos en la oscuridad.
No dejaba de vigilar discretamente a Elizabeth.
Cada cierto tiempo desviaba la mirada hacia ella.
No puedo relajarme...
Aquella mujer estaba demasiado cerca.
Más cerca de lo que jamás habría permitido.
Recordó una vez más todas las extrañas coincidencias.
Su forma de enseñar.
Su manera de hablar.
Los gestos.
Las miradas.
Todo.
Volvió a observarla.
Elizabeth parecía dormir profundamente.
Su respiración era tranquila.
Su expresión, serena.
Kael permaneció alerta durante un largo rato.
Los minutos fueron pasando lentamente.
El cansancio acumulado de tantos días comenzó a pesar sobre sus párpados.
Intentó resistirse.
Pero el sueño terminó imponiéndose.
Sus ojos se cerraron poco a poco.
Su respiración adquirió un ritmo lento y uniforme.
Finalmente...
Quedó profundamente dormido.
El silencio volvió a adueñarse de la habitación.
Entonces...
Los ojos de Elizabeth se abrieron lentamente.
No hizo el menor movimiento para no despertar a Dael.
Levantó apenas la cabeza hacia Kael.
Lo contempló durante unos segundos.
La determinación volvió a reflejarse en sus ojos verdes.
Muy despacio, una tenue energía de color verde esmeralda comenzó a brotar de su cuerpo.
Se extendió lentamente hacia Kael, envolviéndolo con la delicadeza de una brisa nocturna.
Elizabeth permaneció inmóvil mientras sostenía el flujo de aquella energía.
Su mirada no se apartó de él ni por un instante.
tampoco así, debe haber una forma de que le diga que es dante sin que no se vuelva loco