Mi vida terminó con un susurro roto, traicionada por el hombre que amaba, y mi muerte fue solo el comienzo. Cuando abrí los ojos, el dolor de un pasado ajeno me golpeó, revelando una verdad brutal: no estaba en el cielo ni en el infierno, sino en el cuerpo de Bárbara Drax, una mujer hermosa, manipulable y suicida. Ahora, con una segunda oportunidad y la furia de dos almas, juro que los que tuvieron la osadía de usarnos pagarán por su crimen. El juego acaba de empezar, y esta vez, la reina soy yo.
NovelToon tiene autorización de huracán para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
¡Tú! ¡Cómo te atreves, Bárbara!
— ¡Lista para esta nueva faceta, Bárbara! — La voz enérgica de Laura resonó en el amplio camerino.
Miré el maniquí que sostenía el primer traje, un bikini azul turquesa vibrante de dos piezas. Sentía una mezcla extraña de nerviosismo y una chispa de emoción que no esperaba.
— ¿Estás segura de que esto es… lo que realmente quieres? — preguntó Laura, aún con una pizca de duda en su voz.
— ¡Claro que sí, Lau, más que segura! — este solo era el primer paso para desestabilizar a Renata.
Me coloqué el traje de baño, encima una bata para tomar coraje, y salí del camerino en compañía de Laura.
El fotógrafo, un hombre de mediana edad con una energía contagiosa, se presentó.
— ¡Bárbara! Un placer, soy Jack. No te preocupes por nada, solo relájate y déjate llevar.
Jack me guió hacia el set, me quité la bata, revelando el pequeño bikini que estaba debajo.
— ¡Perfecto! ¡Manos a la cintura! ¡Ahora, mira por encima del hombro! ¡Eso es! ¡Una sonrisa sexy, Bárbara! ¡Sí! ¡Absolutamente divina! — Los flashes comenzaron a estallar, y para mi sorpresa, me adapté con una facilidad que no conocía.
Jack no me soltó en ningún momento; sus instrucciones precisas y su ánimo constante me hacían sentir cómoda y segura. Era como si mi cuerpo supiera exactamente qué hacer; Bárbara nació para esto.
El segundo cambio fue un conjunto azul profundo, con una faldita a juego que servía de pareo.
— ¡Este es divino, Bárbara! ¡Imagina que estás en un yate en la Riviera! — gritó Jack. Me reí, disfrutando del juego.
— ¡Me encanta, Jack! ¡Siento que estoy de vacaciones!
Luego vino el trikini blanco, chic y atrevido.
— ¡Pura sofisticación, nena! ¡La diosa del glamour!
El cuarto fue un verde agua con aberturas *cut out* que mostraba la piel de forma sugerente.
— ¡Audaz! ¡Muestra esa confianza, Bárbara!
El quinto fue un tono coral vivo muy bonito, de cuello halter y aberturas laterales.
— ¡Pasión pura! ¡Como un atardecer en el Caribe!
El sexto, un hermoso color durazno, era un enterizo que gritaba elegancia.
— ¡Súper chic, nena! ¡Súper chic!
Los últimos dos eran un bikini color ocre arena y, finalmente, un azul noche. Con cada cambio, sentía cómo una nueva faceta mía se revelaba. Los flashes de la cámara eran mi público, y yo, su estrella.
— ¡Increíble, Bárbara! ¡Absolutamente increíble!
La voz de Jack sonaba ronca de tanto gritar.
Laura se acercó; sus ojos brillaban de emoción.
— ¡Bárbara, lo has hecho de maravilla! ¡Eres una profesional nata! —Me sentí eufórica; el cansancio era inexistente ante la adrenalina del éxito.
— ¡Gracias a ustedes! ¡Fue increíble!
Mientras me despedía del equipo, que me felicitaba por mi excelente trabajo, la puerta del camerino se abrió de golpe. Renata entró como un torbellino.
— ¡Tú! ¡Cómo te atreves, Bárbara! —Su voz era un chillido agudo que perforó la atmósfera de triunfo. —¡Me quitaste mi lugar! ¡Esta campaña era mía, mis fotos estaban por toda la ciudad! ¡Eres lo peor, te la das de santa, pero solo eres una mosca muerta!
Me quedé helada por un segundo; luego, una extraña calma me invadió. Había esperado esto, de alguna manera. Bajé la mirada hacia ella, con una calma que la desarmó aún más.
— Renata, esta campaña siempre fue mía. —Mi voz era baja, pero firme, con una pizca de dulzura que la enfureció aún más. —Al principio, sí, me sentí un poco indecisa. No sabía cómo se sentirían lucían al respecto. Pero, al contar con su apoyo, pude tomar la decisión con más tranquilidad.
La mentira salió de mis labios con una facilidad pasmosa, tan convincente que hasta yo casi me la creí. El pobre Lucían no tenía ni la más mínima idea de que su esposa estaba posando con poca ropa.
— ¡Mentirosa! ¡Hipócrita! —Renata intentó abalanzarse sobre mí, pero un par de guardias de seguridad intervinieron de inmediato.
— Señorita, por favor, tiene que calmarse. —Uno de ellos intentó contenerla, pero Renata forcejeaba, gritando.
— ¡Esto no se va a quedar así, Bárbara! ¡Me las vas a pagar! —Sus gritos resonaban mientras la seguridad la arrastraba fuera del camerino. La puerta se cerró, silenciando sus últimas amenazas.
Miré a Laura, quien me dedicó una sonrisa de complicidad.
— Es normal que actúe así, no le prestes atención. Descansa y tómate unas merecidas vacaciones. Jack me comentó que tus fotos salieron perfectas, que no batallaría en nada con ellas. La campaña saldrá en pocos días; todos están a la expectativa de quién sería la nueva modelo.
Asentí y me despedí de Laura. La adrenalina de la confrontación se mezcló con el dulce sabor de la victoria. Esta pequeña victoria sería el inicio de la caída de Renata; su peor error fue empujar a la verdadera Bárbara al suicidio.