Si alguien me hubiera dicho que la persona que más iba a marcar mi vida comenzaría siendo solo un amigo, jamás lo habría creído.
NovelToon tiene autorización de Yuri.T para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Cuando creí que ya era tarde.
Después de todo lo que había pasado, pensé que algunas historias simplemente terminaban.
No porque hubiera una pelea.
No porque existiera un adiós.
Sino porque la vida seguía avanzando y, sin darte cuenta, las personas iban ocupando lugares distintos en tu historia.
Después de lo ocurrido con David, intenté concentrarme en mí.
Intenté dejar atrás todo lo que me había hecho daño.
Intenté convencerme de que estaba bien.
Y aunque los días seguían pasando, había momentos en los que mi mente regresaba a recuerdos que creía superados.
Entre esos recuerdos estaba Keiler.
Habíamos compartido demasiado para ser simples desconocidos.
Habíamos vivido momentos que, aunque el tiempo pasara, seguían ocupando un espacio importante dentro de mí.
Por eso, cuando volví a verlo, sentí algo que no esperaba.
No fue una emoción exagerada.
No fue una escena de película.
Fue algo mucho más sencillo.
Pero también mucho más real.
Nos encontramos por casualidad.
Nos saludamos.
Y continuamos con nuestras cosas.
Sin embargo, aquel saludo se quedó dando vueltas en mi cabeza durante el resto del día.
Una semana puede parecer poco tiempo.
Pero cuando una persona ha significado algo para ti, incluso unos pocos días pueden sentirse eternos.
Volvimos a coincidir varias veces después de eso.
Al principio eran conversaciones cortas.
Preguntas normales.
Respuestas sencillas.
Nada diferente.
Nada especial.
Pero poco a poco las conversaciones comenzaron a durar más.
Y sin darnos cuenta, volvimos a sentir esa confianza que siempre había existido entre nosotros.
Una tarde, mientras hablábamos, me sorprendí observándolo por unos segundos.
Había algo diferente en él.
Seguía siendo Keiler.
Seguía teniendo esa forma tranquila de hablar.
Seguía transmitiendo la misma calma de siempre.
Pero algo había cambiado.
Lo notaba en su manera de comportarse.
En la forma en que respondía.
En la distancia que parecía mantener entre nosotros.
Antes era mucho más expresivo.
Mucho más insistente.
Mucho más cariñoso.
Ahora parecía más reservado.
Más cuidadoso.
Como si estuviera pensando cada palabra antes de decirla.
Y aunque no entendía por qué, aquello llamaba mi atención.
—¿Cómo has estado? —le pregunté una tarde.
—Bien —respondió con tranquilidad.
—¿Seguro?
Él soltó una pequeña sonrisa.
—Sí, ¿por qué no habría de estarlo?
—No sé... te siento diferente.
Por unos segundos guardó silencio.
Luego se encogió de hombros.
—Tal vez todos cambiamos un poco.
Su respuesta parecía sencilla.
Pero algo dentro de mí me decía que había más detrás de esas palabras.
Aun así, no insistí.
Seguimos hablando de otras cosas.
De la vida.
De lo que habíamos estado haciendo.
De cosas simples que parecían no tener importancia.
Pero que para mí sí la tenían.
Porque significaban que él volvía a formar parte de mis días.
Y eso me alegraba más de lo que estaba dispuesta a admitir.
Con el paso de las semanas volvimos a encontrarnos con más frecuencia.
Algunas veces él pasaba por la casa.
Otras veces simplemente coincidíamos y nos quedábamos conversando.
Todo ocurría de manera natural.
Sin presiones.
Sin explicaciones.
Sin necesidad de hablar del pasado.
Había momentos en los que me sorprendía sonriendo después de una conversación con él.
Y entonces me daba cuenta de algo.
A pesar del tiempo.
A pesar de la distancia.
A pesar de todo lo que había ocurrido.
Todavía me importaba.
Quizás más de lo que quería reconocer.
Lo extraño era que él ya no actuaba igual que antes.
No había mensajes constantes.
No había palabras cariñosas.
No había esa insistencia que tantas veces había tenido conmigo.
Y aunque intentaba ignorarlo, lo notaba.
Lo sentía.
Era como si estuviera cerca de mí, pero al mismo tiempo una parte de él permaneciera lejos.
Una parte que yo no lograba alcanzar.
Y tal vez fue precisamente eso lo que despertó mi curiosidad.
Porque mientras más intentaba entender qué estaba pasando, más preguntas aparecían en mi cabeza.
Preguntas que todavía no tenían respuesta.
Preguntas que muy pronto comenzarían a responderse por sí solas.
Porque mientras yo me alegraba de tenerlo nuevamente cerca, había cosas que aún desconocía.
Cosas que él nunca mencionaba.
Cosas que estaban ocurriendo en silencio.
Y que pronto cambiarían todo lo que yo creía entender sobre nuestro reencuentro.
Porque a veces las personas regresan a tu vida cuando menos lo esperas.
Pero no siempre regresan siendo las mismas.
Y yo estaba a punto de descubrirlo.