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LA GORDITA QUE ENAMORÓ AL MAFIOSO

LA GORDITA QUE ENAMORÓ AL MAFIOSO

Status: En proceso
Genre:Grandes Curvas / Mafia / Posesivo
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Orozco

Valentina Morales está acostumbrada a que la gente juzgue su cuerpo antes de conocer su corazón.

Después de perder su empleo y descubrir que su hermano tiene una enorme deuda con un hombre peligroso, Valentina acepta trabajar para el único hombre capaz de ayudarlos: Damián Ferrer, el mafioso más poderoso y temido de la ciudad.

Damián está acostumbrado a conseguir todo lo que quiere. Las mujeres se acercan a él por su dinero, su poder y su apellido.

Pero Valentina es diferente.

Ella no se deja intimidar.

No intenta conquistarlo.

No acepta sus órdenes sin discutir.

Y, sobre todo, no permite que nadie vuelva a hacerla sentir menos por tener curvas.

Lo que comienza como una relación basada en una deuda terminará convirtiéndose en una historia de amor, celos, traiciones y secretos.

Damián juró que jamás se enamoraría.

Valentina juró que jamás permitiría que un hombre controlara su vida.

NovelToon tiene autorización de Orozco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

el primer abrazo

La mansión Ferrer permanecía en silencio.

Pero dentro de la oficina de Damián, la tensión era insoportable.

Él seguía mirando la fotografía sobre el escritorio.

Alejandro Ferrer.

Su tío.

El hombre que todos creían muerto desde hacía casi diez años.

El hombre responsable de una de las noches más oscuras de su vida.

Y ahora había regresado.

Pero eso no era lo que más preocupaba a Damián.

Era Valentina.

Alejandro sabía quién era ella.

Y eso significaba que estaba en peligro.

—Quiero vigilancia permanente alrededor de la casa —ordenó Damián.

Su hombre asintió.

—¿Y sobre la señorita Morales?

—Especialmente sobre ella.

—Entendido.

Cuando el hombre salió, Damián tomó el teléfono.

Había recibido otro mensaje.

“No podrás protegerla para siempre.”

Damián apretó el aparato con fuerza.

—Inténtalo.

Mientras tanto, Valentina seguía despierta.

Sentada junto a la ventana, observaba el jardín.

No podía dejar de pensar en lo ocurrido en el almacén.

Los disparos.

El desconocido.

Los hombres que intentaron llevársela.

Y Damián.

Había llegado justo cuando más lo necesitaba.

Pero había algo que la inquietaba todavía más.

Cuando él la abrazó, sintió algo diferente.

Seguridad.

Por primera vez desde que había entrado en aquel mundo, sintió que estaba a salvo.

Y eso la asustaba.

Porque comenzaba a confiar en él.

—No debería estar sintiendo esto —susurró.

La puerta se abrió.

Damián entró.

Valentina se giró.

—¿Qué haces aquí?

—Quería saber cómo estabas.

—Estoy bien.

Damián se acercó.

—No pareces estarlo.

—Solo estoy cansada.

Él se sentó frente a ella.

—Lo siento.

Valentina lo miró sorprendida.

—¿Por qué?

—Por haberte involucrado en esto.

—Yo decidí venir.

—Pero no sabías el peligro.

—Ahora sí.

Damián bajó la mirada.

—Y probablemente no quieras seguir aquí.

Valentina permaneció callada.

—Si quieres terminar el contrato —continuó él—, lo haré.

Ella frunció el ceño.

—¿Qué?

—No quiero obligarte a quedarte.

Valentina sintió un extraño vacío.

—¿Me estás diciendo que puedo irme?

—Sí.

—¿Y mi hermano?

—Seguirá protegido.

Ella lo miró durante unos segundos.

—Entonces ¿por qué siento que quieres que me vaya?

Damián levantó la mirada.

—Porque estar cerca de mí puede destruirte.

Valentina se acercó.

—Pero también puede salvarme.

—No sabes lo que estás diciendo.

—Sí lo sé.

Damián negó con la cabeza.

—No.

—Damián...

—No quiero que te pase nada.

Valentina sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas.

—¿Por qué?

Damián permaneció en silencio.

—Dímelo.

Él respiró profundamente.

—Porque me importas.

Valentina sintió que el corazón se le aceleraba.

—¿Solo porque soy tu responsabilidad?

—No.

La respuesta fue inmediata.

—Entonces ¿por qué?

Damián se acercó.

—Porque cuando estás cerca, olvido quién soy.

Valentina no supo qué decir.

Damián levantó la mano y acarició suavemente su rostro.

—Y eso me asusta.

Una lágrima recorrió la mejilla de Valentina.

Damián la limpió con el pulgar.

—No llores.

—Tengo miedo.

—Lo sé.

—No quiero que le pase nada a mi hermano.

—No le pasará nada.

—¿Cómo puedes estar tan seguro?

—Porque voy a protegerlo.

Valentina cerró los ojos.

Damián la abrazó.

Esta vez ella no dudó.

Se refugió contra su pecho.

El hombre que todos temían estaba abrazándola con una delicadeza que jamás habría imaginado.

—Gracias —susurró.

—No tienes que agradecerme.

—Sí tengo.

Damián la sostuvo con más fuerza.

—Mientras estés conmigo, nadie te hará daño.

Valentina levantó lentamente la mirada.

Sus rostros quedaron muy cerca.

Durante unos segundos ninguno se movió.

Damián miró sus labios.

Después sus ojos.

Valentina sintió que el corazón le latía con fuerza.

Él se inclinó ligeramente.

Pero se detuvo.

—No.

Valentina parpadeó.

—¿Qué?

Damián se apartó.

—Esto no está bien.

—¿Por qué?

—Porque eres mi empleada.

—Y tú eres mi jefe.

—Exactamente.

Valentina sonrió ligeramente.

—Entonces supongo que tenemos un problema.

Damián soltó una pequeña risa.

—Uno bastante grande.

Al día siguiente, Valentina bajó al comedor.

Encontró a Isabella allí.

La mujer la observó en silencio.

—¿Qué pasó anoche?

Valentina se quedó quieta.

—Nada.

Isabella sonrió.

—No me mientas.

—No sé de qué hablas.

—Damián estuvo contigo durante horas.

Valentina frunció el ceño.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque conozco a Damián.

Isabella se acercó.

—Y también sé reconocer cuando está interesado en una mujer.

Valentina sintió calor en el rostro.

—No hay nada entre nosotros.

—Todavía.

Isabella soltó una risa.

—Pero eso cambiará.

Valentina la miró.

—¿Estás celosa?

La sonrisa de Isabella desapareció.

—No tienes idea de con quién estás jugando.

—Yo no estoy jugando.

—Entonces aléjate de él.

—No.

Isabella se acercó hasta quedar frente a ella.

—Te lo estoy advirtiendo por última vez.

Valentina sostuvo su mirada.

—Y yo te estoy diciendo que no puedes decidir por mí.

Isabella apretó los labios.

—Te vas a arrepentir.

—Eso ya lo veremos.

Isabella se marchó furiosa.

Valentina respiró profundamente.

No pensaba dejarse intimidar.

Esa tarde, Damián tuvo que asistir a una reunión.

Valentina debía acompañarlo.

Cuando llegaron al edificio, varios hombres los esperaban.

Damián caminó junto a ella.

—No te separes de mí.

—Ya sé.

—Lo digo en serio.

—Y yo también.

Entraron a una sala privada.

Durante la reunión, Valentina permaneció en silencio.

Hasta que un hombre se acercó a ella.

—¿Es la nueva mujer de Ferrer?

Valentina respondió:

—Soy su asistente.

El hombre sonrió.

—Una asistente muy bonita.

Damián levantó la mirada.

—Cuidado.

—Solo hice un comentario.

—No me interesa.

La reunión continuó.

Pero Valentina notó que Damián estaba cada vez más tenso.

Cuando salieron, ella lo miró.

—No puedes enfadarte cada vez que alguien me habla.

—Puedo.

—No.

—Sí.

Valentina sonrió.

—Estás celoso otra vez.

Damián la miró.

—Tal vez.

Ella soltó una pequeña risa.

Por primera vez desde que lo conocía, caminar junto a él no le parecía aterrador.

Le parecía extraño.

Incluso agradable.

Pero aquella sensación duró poco.

Al llegar al automóvil, uno de los hombres de Damián se acercó corriendo.

—Señor.

Damián se giró.

—¿Qué ocurre?

El hombre le entregó un sobre.

—Lo encontramos en su despacho.

Damián lo abrió.

Dentro había una fotografía.

Valentina reconoció inmediatamente a las personas que aparecían.

Su padre.

El padre de Damián.

Y un hombre que no conocía.

Damián palideció.

En la parte posterior había una frase escrita:

“Pregúntale a Valentina quién era realmente su padre.”

Damián levantó lentamente la mirada hacia ella.

Valentina sintió un escalofrío.

—¿Qué pasa?

Damián guardó la fotografía.

—Tenemos que volver a casa.

—¿Por qué?

Él tomó su mano.

—Porque creo que alguien quiere que descubras la verdad antes de tiempo.

Valentina miró sus manos unidas.

Y aunque no sabía qué secreto escondía aquella fotografía, comprendió algo:

La amenaza ya no estaba afuera.

La verdad estaba dentro de su propia familia.

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