Donatella lo dio todo por su matrimonio. Veinte años dedicada a un hombre que dejó de verla, a una vida que dejó de ser suya. Hasta que un día decidió que ya era suficiente.
A los cuarenta, la mayoría del mundo le dice que su mejor momento ya pasó. Pero Donatella está a punto de descubrir que la mujer más poderosa de su vida siempre estuvo ahí, esperando ser liberada.
Nueva ciudad. Nuevo cuerpo. Nueva actitud. Y un hombre que aparece en el momento exacto para recordarle que el deseo no tiene fecha de caducidad.
Porque después de los cuarenta no se termina la historia. Se empieza la mejor parte.
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Alterada...
Donatella
Llegué al departamento alterada, Manu y Julia estaban haciendo un trabajo de la universidad, cuando me vieron en semejante euforia, pararon...
—¡Mamá! ¿Qué pasó? Está agitada, parece alterada, nerviosa... —dijo Manu.
—¿Mi hija, parezco alterada? ¡Estoy teniendo un brote de tanta adrenalina, chicas! ¡No van a creer lo que presencié, hubo tiros, gritos, en este caso mis gritos, muertos, hombres y más hombres, sangre, armas y creo que mi ángel mató a uno! —dijo Donatella.
—¡Mamá! Dios mío, ¿cómo que tu ángel mató a uno? —preguntó Manu, asustada.
—Fue así, cerré los ojos y pa y pum, voló...
—¡MAMÁ! ¿Atropellaste a alguien? ¿Socorriste a la persona? ¿Llamaste a la policía? ¿Y con mi auto? —preguntó Manu, angustiada.
—Espera, el auto está a mi nombre y entonces no hay de qué preocuparse, ¿y llamar a la ambulancia? ¿Para quién? Espera, el muerto no dijo nada de que necesitaba ayuda, ¿y la policía? Creo que lo que menos querían era a la policía —dijo Donatella.
—¡Señor! Mamá, cálmese y cuénteme la verdad, ¿cómo que muerto? ¿Mataste a alguien? —preguntó Manu, y Julia solo se reía pues Donatella lo contaba de manera graciosa.
—¡No! Si mató fue el ángel, él fue quien me dio la idea de atropellar al tipo —dijo Donatella.
—Mamá, ¡misericordia! ¡Usted atropelló a un hombre y él se murió! Vamos a la policía, estoy asustada, tiene que contar todo lo que pasó —dijo Manu.
—Ok, me voy a calmar y a contar, ahí vas a entender y te apuesto que esos cuerpos deben haber desaparecido rapidito.
—¿¡Cuerpos!? —dijeron las dos, asustadas.
—Calma, ellos fueron los que se mataron entre sí, solo que le di una ayudita... —Fue contando todo lo que había sucedido...
—Mamá, ¿y ahora? —dijo Manu.
—Ahora, voy a ver si hay marcas en tu auto y a olvidar que esto pasó, no sé quiénes eran y no era justo uno contra cinco o seis, no sé bien, no me quedé contando... y además yo no lo maté atropellado. Vi cuando el ninja se soltó, así de la nada y fue hasta él y pa, pa, pa... lo mató. Parecía cosa de película, ¡y en vivo! Fue tan excitante —dijo Donatella.
—¿Excitante? Muertos, tiros... Mamá, deja de ser loca, necesitas contarle a la policía —dijo Manu.
—¡Guau! Usted es increíble, doña Donatella —dijo Julia, riendo.
—Deja eso, Ju, después ella va a creer que hizo bien —dijo Manu.
—Pero Manu, ¿qué iba a hacer tu mamá? Como ella dijo, no podía dejar que mataran a un hombre en desventaja y además ella no mató al tipo, solo le dio un empujoncito —dijo Julia.
—Igual creo que debemos ir a la comisaría y contar la verdad —dijo Manu.
—Está bien, vamos allá y le voy a decir al comisario o al policía. Escucha cómo voy a hablar... Entré en una callecita para estacionar y arreglar la dirección en el GPS, pues me había perdido. Cuando vi a un hombre siendo golpeado, lleno de sangre escurriendo, unos cinco o seis alrededor de él pateándolo y uno de ellos sacó un arma y le iba a disparar en la cabeza, ahí la genio de aquí aceleró e hizo volar al tipo, de la nada el que era víctima se convirtió en ninja, mató al que derribé con el auto y aparecieron dos hombres más disparando. El ninja vino en mi dirección y ¡huí! Imagínate que quisiera eliminarme a mí también, esto es cosa de drogas, pandillas, mafia, qué sé yo... ¿Crees que me va a creer? ¡Me va a mandar a internar! Porque apuesto que esos cuerpos van a desaparecer y supongamos que me crea. Después me va a preguntar, ¿puede reconocer a alguno? Y mi respuesta va a ser, ni sabía quién era yo en ese momento, imagínate los otros. ¿Entiendes, Manu? No eran personas inocentes, apuesto que no. Hagamos así, si sale en los medios yo voy a la comisaría y cuento todo lo que vi e hice. Ahora, si no sale en ningún lado sobre esto y los cuerpos se evaporan, no voy a decir nadita, imagínate que quieran matarme —dijo Donatella.
—Tiene razón, estoy de acuerdo mamá, pero si sale algo, usted va a contratar un abogado y vamos allá a contar todo —dijo Manu.
—De acuerdo, créeme que era cosa grande, no va a salir nada, leo novelas y la Mafia hace esas cosas —dijo Donatella.
—Mamá, tú estás loquita y esas cosas de Mafia no existen —dijo Manu.
—Hum, anda creyendo eso —dijo Donatella.
Del otro lado
Leonardo
¿Quién será que me salvó? Necesito retribuirle bien a ese hombre o mujer. Como los vidrios del auto eran oscuros no conseguí ver el rostro. Con seguridad es un buen hombre quien hizo esto.
—Mi querido amigo, ¡creo que quien te salvó fue una mujer! —dijo Ítalo.
—¿Una doña? —preguntó Aurélio.
—Sí, por lo menos el auto está a nombre de una mujer —dijo Ítalo.
—Hmm, ¿quién es? —preguntó Leonardo.
—Entonces, está a nombre de Maria D. (Donatella) Felices, no sé si era ella quien conducía, busqué por el nombre y apellido, descubrí que está casada con Bernardo Felices, él es un empresario de Aversa —dijo Ítalo.
—Ok, déjalo para nuestro regreso, solo asegúrate de que no tengan problemas con el auto —dijo Leonardo.
—Cierto, creo que no tendrán problemas, pues ni rastros dejamos, la limpieza se hizo en minutos y nadie vio, sabes que el miedo y algunos euros hacen milagros —dijo Ítalo.
—Bien —respondió Leonardo.
—Wow, cómo nos motiva —dijo Aurélio, riendo.
—Cuando volvamos quiero que descubran quién estaba conduciendo, voy a recompensar —dijo Leonardo.
Se fueron.