Samanta Ruiz es la fría CEO de un imperio de papelería Kawaii. Conduce un Lamborghini y tiene todo bajo control, excepto su amor. Por su cumpleaños, sus amigas le regalan un viaje VIP al Caribe, pero un error de reserva la obliga a compartir apartamento con Samuel Vargas, un imponente y jovial magnate de la logística internacional. Tras quince días de piques y tensión, la última noche estalla en una pasión inolvidable. Se despiden en el aeropuerto como adultos realistas: la distancia hace imposible su amor.
Pero un virus estomacal anula la píldora de Samanta. El diagnóstico es brutal: embarazada de mellizos. Orgullosa, decide criarlos sola y en secreto.
Tres años después, Samuel irrumpe en su sala de juntas para negociar una alianza millonaria. Él no la ha olvidado, pero ignora que tiene una parejita de herederos. Con la ayuda de Carlos, su metódico hermano y abogado, Samanta intentará blindar su nido. Pero Samuel es un tiburón implacable que no parará hasta recuperar a su mujer.
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CAPITULO 12. LA PRUEBA DE LA VERDAD
El sábado por la mañana, Samanta no pudo posponer más la realidad. El retraso de doce días seguía ahí y las náuseas matutinas ya no se podían camuflar con café cargado ni con excusas sobre las cervicales. Necesitaba respuestas y las necesitaba ya. El control del que tanto presumía se le estaba escapando entre los dedos.
Se puso unas gafas de sol oscuras, una gorra y ropa informal para no ser reconocida por ningún empleado o cliente de su empresa, y condujo el Lamborghini hacia una farmacia situada en la otra punta de la ciudad. Entró con el corazón en un puño, compró un test de embarazo digital de alta precisión y regresó a su ático a toda prisa, sintiendo que el asiento de cuero del coche quemaba.
Una vez encerrada en su lujoso cuarto de baño, dejó el dispositivo sobre el mármol del lavabo. Sus manos temblaban tanto que casi se le cae al suelo. Se sentó en el borde de la bañera y empezó a repasar mentalmente las fechas, buscando desesperadamente el fallo en su sistema infalible de treinta años.
"A ver, piensa, Samanta", se ordenó a sí misma, apretándose las sienes. "El antibiótico para la muela del juicio alteró la flora y las hormonas la primera semana del viaje... de acuerdo. Pero la noche de pasión fue la última".
Y entonces, cayó en la cuenta. La pieza del puzle que le faltaba encajó con una crueldad matemática.
Dos días antes de marcharse de la isla, durante la famosa Cena de Gala Tropical, Samanta se había dado un atracón de marisco fusión. A la mañana siguiente —la víspera de su última noche—, se despertó con un corte de digestión brutal y un virus estomacal pasajero que la obligó a pasarse el día entero vomitando en el baño del apartamento. Samuel se había portado como un sol, cuidándola, llevándole agua y preparándole arroz blanco. Samanta, debilitada y deshidratada, se tomó su píldora anticonceptiva a la hora de siempre por pura inercia, pero su estómago, destrozado por la gastroenteritis de viaje, la expulsó apenas una hora después. Entre el malestar y la posterior emoción de la cena de despedida, el baile y el incendio que se desató entre ellos esa última noche, Samanta olvidó por completo que esa pastilla crucial jamás había llegado a ser absorbida por su organismo. Su cuerpo estaba completamente desprotegido en el momento del clímax.
Una tormenta perfecta de antibióticos previos y un virus estomacal de última hora habían anulado su blindaje. El sistema había fallado.
Samanta se levantó de la bañera, respiró hondo y procedió a realizarse la prueba. Los tres minutos de espera frente al pequeño dispositivo plástico se le antojaron más largos y agónicos que los quince días de vacaciones enteros. Caminaba en círculos por los azulejos, mirándose las manos heladas y repitiéndose que la ciencia no fallaba de esa manera, que una sola noche sin protección tras años de rigurosidad no podía cambiarle la vida.
Cuando el dispositivo emitió un pitido sutil, Samanta se acercó lentamente al lavabo. Bajó la mirada y se le cortó la respiración.
Ahí estaba, en letras negras digitales, claro y despiadado:
"Embarazada: +3 semanas"
Samanta se apoyó en la pared, sintiendo que las piernas le flaqueaban por completo hasta deslizarse por los azulejos para quedarse sentada en el suelo del baño. La pantalla del test seguía brillando entre sus dedos. Estaba encinta. De Samuel. El hombre que estaba a cientos de kilómetros dirigiendo su propia corporación y con el que había acordado no volver a tener contacto para no complicarse la vida.
Se quedó allí un largo rato, mirando al vacío en mitad del silencio de su ático de lujo. La CEO de éxito, la mujer independiente que conducía un Lamborghini y manejaba un imperio de papelería cuqui, acababa de recibir el mayor giro de guion de su vida. El control absoluto había muerto esa mañana en el suelo de su baño.
te felicito autora, está hermosa,no tardes tanto en actualizar por fis👏