NovelToon NovelToon
La Fugitiva Del Rey Lycan

La Fugitiva Del Rey Lycan

Status: En proceso
Genre:Arrogante / Hombre lobo / Posesivo
Popularitas:12.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalia Hache

"Condenada por un crimen que no cometió, terminó refugiada en las garras del monstruo más despiadado de todos".

Sofía Ivanov siempre fue la vergüenza de su manada. Despreciada por sus padres y eclipsada por Tania, su perfecta hermana menor, Sofía soportó el peor de los castigos: ver cómo su propia familia le exigía romper el lazo sagrado con su mate, Gavin, solo porque su hermana se había encaprichado con él. Y lo peor... él tampoco la defendió.

Pero el día de la boda, el destino cobra una factura sangrienta. Gavin es brutalmente asesinado en el altar y Sofía es encontrada de rodillas, cubierta de sangre y con el arma homicida en sus manos. Inculpada por su propia familia y convertida en la fugitiva más buscada, Sofía huye bajo una tormenta implacable hasta caer inconsciente en los límites del territorio prohibido.

Al despertar, ya no está en el bosque. Alguien la ha rescatado y ocultado en el lugar más peligroso: el palacio de César Dróvnikov, el temible y despiadado Rey Lycan.

NovelToon tiene autorización de Dalia Hache para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Sofía prácticamente voló por el pasillo del ala de servicio, conteniendo la respiración hasta que las pesadas puertas de madera de la cocina se cerraron a su espalda, amortiguando el imponente silencio de los pisos superiores.

El lugar seguía siendo un hervidero de sirvientas recogiendo los calderos y limpiando los mesones de piedra, pero Greta estaba estratégicamente apostada cerca de la repisa de las especias, con los ojos clavados en la entrada. Al ver llegar a Sofía con la bandeja vacía y el rostro pálido, la anciana dejó lo que estaba haciendo de inmediato.

Sin decir una palabra, Greta le hizo una seña severa con la cabeza y caminó hacia la despensa trasera, el único rincón del subsuelo donde los sacos de grano y las hileras de embutidos colgantes ofrecían un mínimo de privacidad frente a las miradas curiosas del resto del servicio. Sofía la siguió con paso rápido, trancando la puerta de madera detrás de sí en cuanto entró.

—¿Y bien? —preguntó Greta en un susurro ahogado, tomándole las manos, que seguían heladas—. Te tardaste una eternidad, niña. Estaba a punto de subir yo misma con la excusa de buscar un paño. ¿Te miró? ¿Te dijo algo del desastre de ayer?

Sofía apoyó la espalda contra la pared de la despensa, dejando que sus hombros finalmente cayeran, exhaustos por la inmensa presión psicológica que acababa de soportar. Esperó unos segundos, aguzando el oído para asegurarse de que ninguna otra sirvienta anduviera cerca del pasillo exterior, antes de permitirse romper su forzado mutismo en un murmullo apenas audible.

—Se acordaba perfectamente de lo que pasó ayer... —susurró Sofía, pasándose una mano temblorosa por la frente perlada de sudor—. Me hizo levantar la cabeza. Me miró a los ojos, Greta. Sentí que en cualquier momento sus guardias me iban a arrastrar a las mazmorras.

Greta contuvo el aliento, apretándole los dedos con fuerza.

—¿Y la mentira? ¿Mencionó lo que le dije en el pasillo?

—Sí —asintió Sofía, tragando saliva al recordar la voz profunda del monarca—. Repitió exactamente tus palabras. Dijo que tu abuela mencionó ayer que eres muda. Y luego... luego dijo algo que me heló la sangre. Dijo que era una condición muy conveniente para este palacio, porque las paredes escuchan demasiadas cosas y prefiere que quienes limpian sus habitaciones no puedan esparcir rumores por ahí.

Greta exhaló un suspiro largo y tembloroso, soltando las manos de Sofía para llevarse una de las suyas al pecho, donde su corazón maduro latía con fuerza. Un destello de alivio, mezclado con la constante cautela de quien conoce los peligros de la corte, cruzó sus ojos cansados.

—Alabados sean los dioses de la Luna... —murmuró la anciana, apoyándose en uno de los estantes de madera—. Se lo tragó. Para el rey, no eres más que una humana insignificante, una molestia rústica de las Tierras Bajas que tiene la suerte de no poder hablar. Si hubiera sospechado una sola pizca de tu aroma o de tu origen noble, te aseguro que no habrías salido caminando de ese despacho. César Dróvnikov no tiene piedad con los mentirosos.

—Estuvo demasiado cerca, Greta —insistió Sofía, con una chispa de angustia bailando en sus ojos oscuros—. Me rodeó como si fuera una presa. Su aroma... es abrumador. Mi loba está tan asustada que ni siquiera intenta moverse dentro de mí, se queda hecha un ovillo. No sé cuánto tiempo podré aguantar este teatro si él decide que yo sea la que suba sus servicios todos los días.

Greta se enderezó, recuperando su habitual expresión firme y protectora. Se acercó a Sofía y le acomodó con cuidado un mechón de cabello suelto que se había escapado de su moño, asegurando el delantal blanco sobre su vestido gris.

—Vas a aguantar porque es lo único que te mantiene con vida, Sofía —sentenció la anciana con un tono severo pero cargado de afecto—. El rey es un hombre ocupado con guerras, fronteras y tratados políticos; hoy te prestó atención porque todavía tenía fresco el enfado por el agua que tiraste ayer. Mañana, si haces tu trabajo de manera invisible y sin romper nada, volverás a ser parte del mobiliario para él. El silencio es tu escudo ahora. Mientras piensen que eres muda, estás a salvo del mundo exterior.

Sofía asintió lentamente, asimilando las palabras de la única persona que le había tendido la mano en medio de su desgracia. Greta tenía razón. El Rey Lycan no tenía motivos para seguir fijándose en una simple sirvienta de cocina. La farsa funcionaba. Su pasado en la manada Ivanov, la traición de Gavin, el desprecio de sus padres y la acusación de asesinato estaban atrapados al otro lado de la frontera, mientras ella se diluía en la servidumbre del palacio más peligroso del continente.

—Ven —dijo Greta, abriendo la puerta de la despensa con cuidado—. Regresemos antes de que el ama de llaves note nuestra ausencia. Lávate la cara con agua fría y vuelve a fregar los calderos. Que te vean trabajando, Elena.

Sofía cruzó el umbral, cerrando los labios con firmeza y dejando que el muro del silencio volviera a caer sobre ella. Volvía a ser Elena. Una sombra más en el inmenso castillo de roca negra, decidida a sobrevivir un día a la vez.

1
Florinda Morales
Excelente. Todo. El tema, la redacción, la ortografía, los personajes, la trama, el desarrollo, la expectativa que genera cada capítulo. De los mejores que he leído en esta plataforma. Lo recomiendo ampliamente sobre todo a quienes le gustan este género
Dalia Hache: Muchas gracias 🥰
total 1 replies
María del Carmen Hernandez
excelente novela 👍 👏
Milagros Sanabria
me encantó tu novela. esta muy buena, cada párrafo te va atrapando cada ves mas muchas felicitaciones 👏🥰
Miriam Lenny Miranda
Espero con ansias el próximo capítulo
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play