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Le Propuse Matrimonio Al Demonio... El Ahora Será Mi Espada

Le Propuse Matrimonio Al Demonio... El Ahora Será Mi Espada

Status: Terminada
Genre:Venganza / Traiciones y engaños / Fantasía épica / Completas
Popularitas:20.9k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Él ahora será mi espada.
En su primera vida, Cassandra amó al hombre equivocado.
El príncipe heredero, su madrastra y su propia familia conspiraron contra ella hasta llevarla a una muerte cruel. Pero el destino le concedió una segunda oportunidad.
Al despertar diez años atrás, Cassandra recuerda perfectamente el día en que comenzó su desgracia.
Esta vez no elegirá al príncipe que la traicionará.
Cuando el emperador le ofrece escoger a su futuro esposo como recompensa por su salvar a un miembro de la familia real, Rosalind señala al hombre que todos temen: Balkan Trudeau, el Demonio de Moldavia, heredero de un reino de guerreros que cabalgan dragones.
Él es cruel. Ella es vengativa.
Él descubre que su nueva prometida esconde un corazón tan oscuro como el suyo.
Y Cassandra solo necesita una cosa de su futuro esposo:
Que sea su espada mientras ella cobra cada deuda pendiente.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El día que elegí al monstruo

Morí con las manos de mi esposo alrededor del cuello.

Sus dedos apretando hasta romperme la garganta. Y Livia, sonriendo, mirándome igual que se mira una vela que se apaga poco a poco. Edric se inclinó hasta que su aliento me quemó el oído:

—Nunca debiste creer que te amaba.

Esa fue la última cosa que supe antes de la oscuridad.

Los muertos no discuten. Los muertos no rezan. Simplemente… dejan de existir.

Y entonces abrí los ojos.

La luz de la mañana caía sobre mis manos como miel tibia.

Manos jóvenes. Sin cicatrices. Sin las marcas de la cuerda, sin las manchas de la fiebre, sin la huella de sus dedos sobre mi piel.

Me incorporé de golpe, con un jadeo que me rasgó el pecho. La habitación olía a lavanda y pintura fresca. En el caballete, cubierto por un lienzo, un trabajo inacabado esperaba por mí.

Corrí al espejo.

Dieciocho años. Piel lisa. Ojos brillantes.

Un año exacto antes del banquete de primavera. Y, lo más importante: tres días antes del día en que la emperatriz moriría desangrada en el camino del templo.

En mi otra vida, el ataque llegó durante la procesión de otoño: una daga envenenada, un asesino sin rostro, y la mujer más poderosa del reino muriendo entre el polvo mientras su propia corte miraba para otro lado.

Esta vez, yo estaba allí cuando la daga cayó.

Esta vez, la emperatriz no murió.

Recordé ese año como quien repasa las pinceladas de un cuadro que ya no puede cambiar. Mi propio brazo desviando el suyo, recibiendo el filo en su lugar. Su sangre, caliente, empapándome las manos. El antídoto que recité de memoria, porque en mi otra vida lo conocí demasiado tarde. Los meses de fiebre que me arrancaron la fuerza.

Y la visita de mi familia a palacio, aquel día en que yo aún no podía levantarme de la cama.

No vinieron a verme. Vinieron a cobrar.

Pidieron al rey el ducado. El título mejorado. Tierras. A cambio, dijeron, «del sacrificio de nuestra hija».

El rey los escuchó hasta el final. Y respondió con la calma de un hombre que ha contado demasiadas sanguijuelas en su vida:

—El premio es de quien derramó la sangre. No de quien lo reclama desde un sillón. Volved cuando la muchacha esté en pie. Ella decidirá.

Se fueron furiosos. Sin acercarse a mi habitación. Sin preguntar al médico si viviría.

Perfecto, pensé. Que vengan hambrientos al banquete. El hambre los vuelve descuidados. Y yo voy a darles justo lo que se merecen.

 

El Salón de los Cien Estandartes olía a cera, a vino especiado y a la tensión silenciosa de trescientos nobles conteniendo el aliento.

Junto al trono estaba ella. La emperatriz. La Mano Seca. Recuperada, erguida, con una fina cicatriz plateada asomando sobre el escote como una marca de guerra.

Cuando entré, la mujer que no se había levantado ante nadie en cincuenta años se puso de pie.

Y alzó su copa hacia mí.

El rey Aldric habló, y su voz resonó por todo el salón como un golpe de campana:

—Hace un año, en el camino del templo, una daga envenenada buscó el corazón de mi madre. Esta muchacha se interpuso. La emperatriz sobrevivió. Ella casi no lo cuenta. En mis cuarenta y cinco años de vida, no he visto a nadie hacer lo que ella hizo.

Sus ojos barrieron el salón y se detuvieron, un instante de hielo, en mi familia.

—Su familia vino a pedirme el ducado a cambio de su gesta. Les dije que no. El premio no se hereda por apellido: se gana con sangre. Y la sangre la puso ella.

Se inclinó hacia adelante, y el salón contuvo el aliento.

—Dime, muchacha. ¿Qué es lo que quieres? Pide, y será concedido. No hay nada en este reino que te pueda ser negado.

En la mesa de honor, Edric levantó su copa con una sonrisa pulida, perfecta. La sonrisa de un hombre que ya sabía la respuesta. Que daba por hecho que yo era suya.

En mi otra vida, yo lo miré a él y dije: quiero ser su esposa, majestad. Lo amo desde que tengo memoria.

Y el rey, complacido, selló mi sentencia de muerte con una carcajada.

Esta vez, no hubo palabras de amor. No hubo mentiras.

Respiré hondo, y el aire me supo a libertad y a venganza.

—Quiero la oportunidad de escoger quién será mi esposo, majestad.

Un murmullo recorrió el salón como una ola sobre grava.

—¿En serio? —El rey se recostó en su trono, divertido—. Entonces, ¿a quién escogerás? Aquí tienes buenos prospectos. Incluso mi hijo Edric.

—Gracias, majestad.

Me levanté. Y empecé a caminar.

El salón enmudeció por completo. Caminé despacio, con la espalda recta, la cabeza alta, como una reina que entra en su corte.

Pasé junto a Edric.

Él levantó su copa. La misma sonrisa. La misma mirada de siempre: segura, posesiva, la de un hombre que todavía cree que soy de su propiedad.

Durante un segundo, vi su rostro como lo vi en la muerte: rojo, desencajado, los ojos inyectados en rabia mientras me estrangulaba.

Después seguí caminando.

Todavía no.

Quiero que sonrías un poco más. Disfrútalo, Edric. Es lo último que te queda.

Su sonrisa se congeló. La copa quedó suspendida en el aire, olvidada.

Pasé junto a los duques. Junto a los marqueses. Junto a los hijos de condes que se habían puesto de pie esperando ser elegidos, esperando que yo los viera. Pasé junto a todos como si fueran simples muebles, parte del decorado que no importa.

Y me detuve frente a la mesa de honor.

Frente a él.

Balkan Trudeau. Príncipe de Moldavia.

Ocupaba el asiento a la diestra del estrado, el lugar que se reserva a quienes nadie se atreve a mandar, a quienes nadie se atreve a sentar en otra parte. Uniforme negro sin ningún adorno. Cadenas oscuras que terminaban en granates, rojos y profundos como gotas de sangre vieja. Cabello largo y blanco como nieve recién caída sobre piedra. Piel tan pálida que parecía tallada para la luna. Y bajo sus ojos, como grietas en una máscara de porcelana, unas vetas carmesí latiendo muy despacio, como si algo vivo se moviera bajo su piel.

Pero fueron sus ojos los que me congelaron el aliento.

Oro fundido. El oro de las forjas ardientes. El oro del ojo de un reptil un segundo antes de escupir fuego.

Me arrodillé, despacio, sin apartar la mirada.

—Su alteza. Príncipe de Moldavia. ¿Estaría usted dispuesto a casarse con esta humilde hija de conde?

El silencio que siguió no fue de sorpresa. Fue físico. Como si alguien hubiera arrancado el aire de la sala de un solo golpe.

Detrás de mí, una copa se hizo pedazos contra el suelo. No necesité girarme para saber que era Edric.

Oí la sonrisa de mi padre desprenderse de su cara como cera al fuego. Oí al rey dejar de reír, de golpe.

Porque todos sabían quién era Balkan Trudeau.

El Demonio de Moldavia. El niño que a los seis años le rebanó el cuello al perro que lo mordió, limpió el cuchillo en su ropa, hizo una reverencia perfecta ante su padre y se retiró sin decir una palabra. El quinto hijo de siete. El único que sobrevivió a los venenos, a las dagas, a las caídas «accidentales». Seis funerales en ocho años. Todos sus hermanos muertos. Él, el único heredero. El único sobreviviente.

El hombre más peligroso del continente.

Y yo acababa de pedirle matrimonio.

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EspirituCreativo
Es su segunda vida... Atrás quedo la chica confiada e ingenua
Maria Arias
segunda ella renacio
noem
entonces esta es su tercera oportunidad o como así ??🤔🤔🤔🤔
Elys21
Estos capítulos están confusos en uno habla de un niño de 12 años que es hijo del Emperador y en el otro capítulo menciona a un niño de 4 años hijo del Emperador entonces se trata de dos hijos de Balkam o se confundió la autora, alguien que me explique por qué ya me enredo la novela.
Johanliebert Liebert
Nunca en mi vida había leído algo tan incoherente, nunca crítico ninguna novela, pero esta es la peor que he leído.
EspirituCreativo: Gracias por la inspiración para mi próxima novela. 😂 Pronto entenderás por qué.
total 1 replies
Kitzia Yanina Malpica
se suponía que Vallan era el unico hijo que había sobrevivido, y ahora salen que existe el cuarto principe🤭
EspirituCreativo: Querida lectora por eso es un secreto nadie sabía de este hijo hasta que llego Cassandra... Eres observadora
total 1 replies
Lia C
Jajajaja justo cuando leí la primer palabra de la última frase en mi cabeza inmediatamente comenzó a sonar la canción "Ese compa ya está muerto, nomás no le han avisado" 🤣🤣🤣🤣🤣🤣 buenísima 🤣🤣🤣🤣
EspirituCreativo
Buena indicación lo revisaré gracias
Lia C
😲😲😲😲😲 Que buenísima vuelta le diste a la historia preciosa autora 🤣🤣🤣🤣 me quitó el sombrero ante tí 😍😍😍😍😍 nunca ví venir éste giro en los acontecimientos 🤣🤣🤣🤣 ese rey de plano era una verdadera vergüenza, aparte de golfo, todo blando con los parásitos del palacio, que bueno que Balkan lo eliminó 🤣🤣🤣🤣 porque seamos sinceros, el accidente fue perfectamente planeado y ejecutado 🤣🤣🤣🤣🤣 A como me gusta esta parejita😍😍😍😍 tan bellos y tan villanos los dos🤣🤣🤣🤣 y pues obviamente Cael ya sabe bien de que lado masca la iguana, así que dudo que quiera ponerse en contra de ambos soberanos 😅😅😅 muy buena historia 😍😍😍😍
Lia C
Eso me encantó, a pesar de que Elena no era noble, Cassandra la cuido y le dió un lugar digno donde pasar sus últimos días y nunca los culpó o menospreció a ninguno, estoy segura que Cael se ganará el cariño y la confianza tanto de ella como de su padre😢😢😢 aunque no lo demuestren mucho pero de lo van a amar, lo van a amar 😅😅😅😅😅 muy emotivo capítulo
EspirituCreativo: Sigue leyendo... Cael no es tan simple...
total 1 replies
Lia C
Eso!!!! Bien hecho Cael cuida a tu mamá y a tus soberanos 😍
Lia C
No entiendo 🤔 porque en el capítulo anterior dicen que el niño se presentó a los 12 años porque estaba enfermo y Cassandra lo iba a conocer y ahora en este capítulo resulta que ella lo encuentra junto con la madre enferma en el mercado? 🤔🤔🤔🤔🤔 porque ambos capítulos hablan de lo mismo pero son diferentes escenarios? 🤔🤔🤔🤔
Lia C
Jajajaja éste viejo quién se creía que era? 🤣🤣🤣🤣 Si no se la perdonó a la vieja reina, porque se la perdonaría a él? 🤣🤣🤣🤣 Y claro que por criar a los reyes se sentía con derecho de mandar y de robar porque no creo que por su buen corazón se haya acercado a los reyes 🤣🤣🤣🤣 bien merecido se tuvo su castigo por insolente 🤣🤣🤣🤣
Lia C
Jajajajaja esa vieja rata creía que podía hacer lo que quisiera y se topó con alguien que no teme a nada y sobretodo que no le iba a permitir que siguiera gastando a manos llenas como si la tesorería real fuera de su propiedad 🤣🤣🤣🤣🤣 no sé pero quizás y tenga un desafortunado accidente cuando vaya camino a su retiro 🤣🤣🤣🤣🤣 me encanta ésta parejita😍😍😍😍😍
Lia C
Uffff!!!! Me encanta su actitud y más que no se deja de nadie, es una muy buena estratega😊😊😊
EspirituCreativo
Pues si para cada roto hay un descocido
EspirituCreativo
Pues si para cada roto hay un descocido
Lia C
Definitivamente son el uno para el otro 😍😍😍😍tan bellos los dos 😍😍😍😍
Lia C
Sip definitivamente lo suyo es amor verdadero 😍😍😍😍 tan bellos los dos, pero vaya que todos tenían muchísima cola que les pasaran😲😲😲😲😲
EspirituCreativo
Gracias lectora, espero disfrutes las aventuras de nuestros protagonistas
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