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BAJO EL HECHIZO DEL PRÍNCIPE ELFO

BAJO EL HECHIZO DEL PRÍNCIPE ELFO

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Amor eterno / Mujer poderosa
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Celeste A. Godoy

En el reino de Aethelgard, el príncipe Aelion es un guerrero élfico invicto, de alma pura y de magia indomable. Pero cuando una traición lo expone a un afrodisíaco, su cordura se desmorona en las profundidades del bosque. Allí se cruza con Mia, una mestiza de ardientes ojos ámbar que, para salvarlo del fuego que lo consume, accede a entregarse a él.
En medio del calor de la pasión, Aelion descubre lo impensable: ¡ELLA ES SU ALMA GEMELA!
Sin embargo, cuando Mia acepta su dinero por desesperación para salvar la vida de su tío enfermo, el orgullo del príncipe se rompe al creer que la mujer de su vida no tiene honor. Obligados a reencontrarse bajo la mirada de la realeza y aplastados por malentendidos, celos e impulsos incontrolables, ambos descubrirán que la peor cicatriz no es la que se lleva en la piel... sino la que se queda grabada en el alma.

NovelToon tiene autorización de Celeste A. Godoy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 13 VIAJE HACIA LO DESCONOCIDO

Mia

En la mesa del comedor descansaba mi equipaje: un gastado bolso de lona con un par de mudas de ropa sencilla, la túnica que mi madre me había dejado y unas cuantas provisiones secas. Junto al bolso, el sobre de pergamino de la Academia con su sello de cera azul roto permanecía abierto, recordándome que ya no había marcha atrás. La decisión estaba tomada.

Escuché los pasos lentos de mi tío Dorian saliendo de su habitación. Aunque la medicina que le compré a la reina había erradicado el veneno de sus pulmones y le había devuelto el color a las mejillas, el peso de los años y de la preocupación volvían a reflejarse en sus ojos amables.

—Así que ha llegado la hora, ¿verdad, mi niña? —murmuró Dorian, deteniéndose en el umbral de la cocina y mirando la bolsa sobre la mesa.

Tragué el nudo de angustia que amenazaba con cerrarme la garganta y me giré para enfrentarlo, forzando una pequeña sonrisa que no llegó a mis ojos.

—El carromato de los mercaderes que sube hacia las cumbres pasa por el cruce del molino al salir el sol —respondí con la voz ligeramente quebrada—. Si no salgo ahora, perderé el viaje.

Dorian caminó despacio hacia mí. Me miró con una mezcla de orgullo infinito y un dolor que le arrugaba el rostro. Para él, yo no era solo su sobrina; era el último vínculo que le quedaba con la memoria de su hermana, el recuerdo vivo de un pasado lleno de sombras y sacrificios.

—Aún me cuesta creer que te hayan aceptado en la Academia... —dijo, apoyando sus manos grandes y callosas sobre mis hombros—. Es el lugar donde van los grandes magos, los nobles, los príncipes. Siempre supe que tenías algo especial dentro de ti, Mia. Desde que eras una niña y encendías pequeñas luces en la oscuridad cuando tenías miedo. Pero esto... esto es más grande de lo que jamás imaginé.

—Tengo miedo, tío —confesé al fin, dejando que la primera lágrima rodara por mi mejilla—. Miedo de no estar a la altura. Miedo de ser una simple campesina en un mundo de nobles y hechiceros poderosos. Pero no puedo quedarme aquí. Necesito entender qué es esto, necesito aprender a valerme por mí misma.

—Y lo harás —aseguró Dorian con una firmeza que me reconfortó el alma. Luego, llevó la mano al bolsillo de su chaleco y sacó un pequeño objeto envuelto en un pañuelo de terciopelo desgastado—. Antes de que te vayas, quiero que te lleves esto.

Desenvolvió el pañuelo con una reverencia casi sagrada. En el centro de la tela descansaba un amuleto de plata oscurecida por el tiempo. Tenía la forma de un lágrima invertida, grabada con runas finísimas que apenas eran perceptibles a la luz de la mañana. En el centro del dije, una pequeña piedra de luna apagada brillaba con un destello azulado.

—¿Qué es esto? —pregunté, acariciando la fría superficie del metal.

—Perteneció a tu madre, Elizabeth —respondió Dorian, y su voz se volvió profunda, cargada de una nostalgia antigua—. Ella lo llevó consigo hasta el día en que murió. Nunca me dijo de dónde lo sacó, pero me hizo jurar que solo te lo entregaría el día en que decidieras tomar tu propio camino y buscar la verdad sobre ti. Es tu herencia, Mia. Tu madre te amaba más que a su propia vida, y estoy seguro de que, desde donde esté, vela por cada uno de tus pasos.

Tomé el amuleto con manos temblorosas y me lo colgué al cuello. Apenas la plata tocó la piel de mi pecho, un leve chispazo de calidez recorrió mi columna vertebral, como si la piedra de luna hubiera reaccionado por un milisegundo a mi contacto antes de volver a dormirse.

Dorian me envolvió en un abrazo apretado, fuerte y protector, de esos que parecen recomponer las piezas rotas del corazón. Me aferré a su túnica con todas mis fuerzas, oliendo a la madera seca y al té de manzanilla que siempre lo acompañaban.

—Cuídate mucho, mi niña —susurró en mi cabello—. Y recuerda siempre de dónde vienes. No importa qué tan poderosos sean los señores de esa academia, tu corazón es más puro y fuerte que el de cualquiera de ellos.

—Te escribiré apenas llegue —prometí, separándome a regañadientes y limpiándome las lágrimas.

Tomé mi bolso de lona, me embocé en mi capa oscura y crucé el umbral de la casa sin mirar atrás, sabiendo que si volteaba a ver la silueta solitaria de mi tío en la puerta, no tendría la fuerza suficiente para marcharme.

El camino hacia el cruce del molino fue una tortura silenciosa.

El sol comenzaba a despuntar sobre las cumbres de Aethelgard, tiñendo el cielo de tonos violeta y naranja. A medida que mis botas avanzaban por el sendero de tierra, la imagen de Aelion volvía a invadirme la mente con la fuerza de un huracán.

El recuerdo de nuestra última tarde en la cabaña del río me quemaba el pecho. Recordé la desolación en sus ojos azules, la rigidez de su cuerpo cuando le dije que me iba sin revelarle mi destino, y esa promesa dominante y desesperada que me hizo antes de dejarme ir: "No hay distancia en este mundo que pueda separarme de ti. Te esperaré".

Un sollozo sordo se me escapó entre los labios.

¿Cómo podía dolerme tanto alejarme de él si había sido yo quien tomó la decisión?

Lo amaba. Lo amaba con una intensidad que me aterraba, una atracción que trascendía la razón y que me hacía temblar con solo recordar la presión de sus labios sobre mi cuello, el calor de sus manos recorriendo mi cuerpo desnudo en la cama de la torre y las palabras de amor que me susurró en la penumbra.

Pero la imagen de Lady Isolda a su lado durante el baile del Solsticio, la frialdad de la corte elfa y mi propia incapacidad para controlar mi magia me recordaban a cada segundo que, mientras fuera una simple muchacha ignorante e inestable, jamás podría estar verdaderamente a su lado como una igual.

No me voy por cobardía, Aelion, pensé, apretando el amuleto de mi madre contra mi pecho mientras caminaba. Me voy para convertirme en alguien digna de ti. Para no ser tu secreto, ni tu sombra, ni la campesina a la que miras con lástima.

Al llegar al cruce del molino, el carromato de madera pesada tirado por dos enormes percherones ya estaba esperando. El conductor, un hombre mayor de barba gris y rostro curtido por el viento, me dedicó un asentimiento con la cabeza al ver el pase de transporte que la Academia Celestial había incluido en mi carta.

—¿Subes, muchacha? —preguntó con voz roncadora—. Las carreteras de la cumbre son largas y la niebla se espesa al mediodía.

—Sí —asentí, subiendo a la parte trasera del carromato con torpeza.

Me acomodé sobre un fardo de paja seca entre sacos de grano y cajas de madera. El vehículo se puso en marcha con un chasquido del látigo y el crujido de las ruedas de hierro sobre la piedra.

A medida que el carromato dejaba atrás las Comarcas y comenzaba el sinuoso ascenso por los desfiladeros de la montaña, el valle comenzó a empequeñecerse bajo nosotros. A lo lejos, coronando las cumbres más altas y brillando bajo los primeros rayos de luz dorada, las agujas marfil del Palacio Real de Aethelgard se erguían como un monumento inalcanzable.

Me quedé mirando la torre este del castillo hasta que la distancia y las nubes bajas la devoraron por completo.

El viaje duró tres días enteros. Tres días de frío penetrante, donde el paisaje llano de las Comarcas dio paso a riscos escarpados, bosques arcanos de árboles de hojas plateadas que susurraban en idiomas antiguos y cascadas de agua cristalina que caían desde alturas abismales.

A medida que nos adentrábamos en las tierras altas, la densidad de la magia en el aire se volvía casi tangible: se sentía como un cosquilleo constante en la piel, una presión leve en las sienes que hacía que las chispas en mis manos reaccionaran con mayor frecuencia.

Durante las noches en las posadas del camino, me encerraba en pequeñas habitaciones de piedra a repasar el pergamino de aceptación una y otra vez. La culpa por haberle ocultado la verdad a Aelion me perseguía en sueños, donde a menudo escuchaba su voz llamándome entre las sombras, buscándome con esa furia posesiva que me hacía despertar con el corazón en la garganta y la piel ardiendo.

En la mañana del cuarto día, el conductor del carromato reanudó la marcha muy temprano. El aire era tan gélido que cada respiración expulsaba una nube de vapor blanco.

—Prepárate, muchacha —dijo el anciano sin volverse, señalando con el látigo hacia el frente a través de la espesa niebla mañanera—. Ya casi llegamos a la cresta del Gran Abismo. Desde allí podrás verla.

Me puse de pie en la parte trasera del vehículo, sujetándome del borde de madera mientras el viento helado de la cumbre me desordenaba el cabello castaño.

El carromato superó la última curva del desfiladero y la niebla se disipó de golpe, abriéndose ante nuestros ojos como si un telón invisible fuera descorrido por la mano de los dioses.

Se me cortó el aliento por completo. Las palabras se me congelaron en la garganta y mi corazón dio un vuelco de asombro puro.

Allí, suspendida entre tres picos montañosos majestuosos y unida al mundo terrenal únicamente por un colosal puente de piedra blanca esculpido con runas brillantes, se erguía la Academia Celestial de Magia.

No era simplemente un edificio; era una ciudadela entera de maravillas arquitectónicas. Torres de cristal pulido que reflejaban el sol con destellos de arcoíris se elevaban hacia el cielo, conectadas por arcos flotantes por los que se veían transitar figuras en túnicas de diversos colores.

En el centro del complejo, una gigantesca cúpula dorada emitía un pulso constante de luz azulada que mantenía una barrera de energía transparente sobre todo el recinto, protegiéndolo de las tormentas de la montaña.

Alrededor de los jardines suspendidos de la academia, criaturas mágicas que jamás había visto en las Comarcas —fénix de plumas de fuego, grifos de plumaje blanco y pequeños dragones de mensajería— surcaban el aire en perfecta armonía con los estudiantes que practicaban hechizos de levitación en las terrazas al aire libre.

Aquel lugar emanaba un poder tan antiguo, masivo e imponente que sentí una sacudida directa en mi pecho. Mi amuleto de plata volvió a calentarse contra mi piel, y por un segundo, las yemas de mis dedos soltaron un chispazo dorado más intenso que de costumbre.

—Bienvenida a la cuna de los magos, niña —dijo el conductor, deteniendo los caballos justo antes del gran puente de entrada—. Aquí es donde termina mi viaje y empieza el tuyo.

Bajé del carromato con el bolso colgado al hombro, sintiendo que las piernas me temblaban levemente. Miré el puente de piedra blanca que se extendía sobre el abismo sin fondo, conduciendo directamente a las puertas de bronce de la academia.

Estaba sola. Estaba aterrorizada. Estaba a cientos de leguas de mi hogar y del hombre al que le pertenecía mi alma. Pero al dar el primer paso sobre la piedra rúnica del puente, apreté los puños, erguí la espalda y dejé que el miedo se transformara en determinación.

Había dejado atrás las Comarcas y el amor secreto del príncipe elfo. Mi nueva vida estaba a punto de comenzar.

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Nery Guerrero
así me gusta q te superes y le calles la boca a la gente
Nery Guerrero
así es Mia para adelante y más nada
Nery Guerrero
q bien Mia les diste en la mera torre nadie se burla de ti
Nery Guerrero
así es demuestra lo que eres y lo q sabes q todos te respeten
Nery Guerrero
te admiro Mia supérate para q estés a la altura del Príncipe no dejes q nadie te pisotee
Nery Guerrero
Bueno Mia ese es un riesgo que tú tienes que correr
Nery Guerrero
q Rico y a la vez frustrante la interrupción pero lo disfrutaron un rato
Nery Guerrero
bien por Dorian y Mia pero los humillaran por ser pobres los defenderá la reina estará embarazada Mia
Nery Guerrero
q lindo conquista a tú chica ella es una buena niña no la hagas sufrir
Nery Guerrero
esa Mia si es boba dígale la verdad y punto deja q el Príncipe crea lo peor de ella en el fondo ellos dos se gustan
Nery Guerrero
q Mia ella sabe que el Príncipe la consigue dónde sea pero es una necia y el Príncipe la humilló muy feo
Nery Guerrero
q chimbo Mia de dijo lo del novio para no delatar al Príncipe pero el Príncipe no se lo q está pensando
Nery Guerrero
será q la reina se dará cuenta de lo q pasó entre ellos
Nery Guerrero
hay q ver q los hombres son idiotas la embarran y después se hacen los inocentes después de q la disfruta la caga
Nery Guerrero
q rico seguro q ella queda embarazada más a favor de el
Nery Guerrero
wow ese afrodisiaco si q es fuerte ojala y la chica le haga el favor y después q castigue a la princesa por mala gente
Nery Guerrero
por el pedazo que leí se ve q va ser buena
Zaida Sanchez
primera vez que la protagonista quiere el aborto 😭🤔
Zaida Sanchez
excelente historia me encanta 😍😍😍😍
Zaida Sanchez
puro fuego 😵‍💫🫨🥵
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