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Me Casé Con Un Viejo Millonario

Me Casé Con Un Viejo Millonario

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Matrimonio arreglado / Romance
Popularitas:11.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Autora_23

Pamela, orgullosa y arrogante, humilla en público al señor Fitwilliam, un supuesto “hombre viejo” que resulta ser un multimillonario frío, poderoso y mucho más peligroso de lo que aparenta.
Como castigo, su padre la obliga a casarse con él.
Ahora vive atrapada en un matrimonio forzado con el hombre al que despreciaba… y al que desafía a cada instante. Pero Fitwilliam no es de los que pierden el control. Ni de los que olvidan.
Entre orgullo y poder, solo una cosa es segura: uno de los dos terminará cayendo primero.

NovelToon tiene autorización de Autora_23 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 12: Un Desayuno para Olvidar

Pamela, que había escuchado claramente las palabras de Teresa, rodó los ojos mientras seguía bajando las escaleras con calma, como si no le afectara en lo absoluto.

Vaya… doña Marga con el viejo cansón otra vez en escena —pensó con ironía, rodando los ojos mientras se acercaba.

Maximiliano observó a Pamela mientras bajaba las escaleras. Su mirada se detuvo apenas un segundo en su ropa: juvenil, corta y de marca, demasiado atrevida para el gusto más tradicional que él tenía, aunque no pudo ignorar lo bien que se veía en ella.

Arrugó ligeramente el gesto, manteniendo su expresión seria.

A su lado, Teresa se inclinó un poco hacia él.

—Esa ropa no es apropiada —susurró con evidente desaprobación—. No es el tipo de imagen que debería dar una esposa.

Maximiliano no respondió. Sabía que Teresa tenía razón en parte, que la ropa de Pamela no encajaba con su idea de lo “apropiado”, pero aun así no podía intervenir en eso sin generar un conflicto mayor.

Pamela se acercó a ellos con cara de madrugadora amargada, todavía arrastrando un poco el fastidio de haber sido obligada a levantarse tan temprano.

—Aquí decidí bajar… antes de que el drama matutino se pusiera peor —dijo con sarcasmo, mirando a ambos con desinterés.

Se acomodó el cabello y observó la mesa con desgano.

—Aquí acostumbramos desayunar temprano, muchacha —comentó Teresa con tono seco, sin ocultar su desaprobación.

—Pamela, siéntate. Ya hemos perdido suficiente tiempo esta mañana —pronunció con aquella voz masculina y profunda que imponía respeto sin necesidad de alzar el tono.

Pamela rodó los ojos ante el comentario, claramente fastidiada, pero aun así obedeció y se sentó justo frente a Maximiliano.

Apenas miró la mesa, su expresión empeoró.

Frente a ella había un desayuno mucho más tradicional de lo que estaba acostumbrada: huevos cocidos, pan integral, queso, fruta y una taza de café.

Pamela observó el plato como si le hubieran servido un castigo.

—Yo no como esto. ¿No tienen algo más normal? —dijo mirando el plato como si le hubieran servido una injusticia.

Antes de casarse, estaba acostumbrada a desayunos mucho más de su gusto: waffles, panqueques, chocolate caliente, jugos dulces y otros caprichos que solía pedir en casa de su padre.

Teresa, que había continuado desayunando, levantó la mirada al escuchar a Pamela.

Ya estaba a punto de hacer un comentario cuando Maximiliano dejó los cubiertos a un lado.

No dijo una sola palabra.

Le bastó una mirada firme y fría para hacerle entender que guardara silencio.

Teresa apretó los labios y volvió la vista a su plato.

Entonces Maximiliano dirigió su atención a Pamela.

La observó durante unos segundos, manteniendo la calma a pesar de su evidente descontento.

—Es un desayuno normal, Pamela. Simplemente es más saludable. Acostúmbrate.

Después de decirlo, retomó su desayuno sin darle mayor importancia al asunto.

Pamela sonrió como si acabara de escuchar el mejor chiste de la mañana.

—¿Saludable? ¡Wow! —rió por lo bajo—. Qué interesante. Hablan de comida saludable, pero algunos se pasan el día fumando cigarrillos. No entiendo la lógica.

Pamela siguió riendo, claramente divertida con su propio comentario.

—Jajaja... ah, no sé. Tal vez esperan que la comida saludable haga algún efecto milagroso después de fumar no sé cuántos cigarrillos al día. Jajaja.

Negó con la cabeza mientras intentaba contener la risa.

—La verdad, no entiendo cómo funciona esa lógica.

Apenas terminó de hablar, Teresa dejó los cubiertos sobre la mesa con más fuerza de la necesaria.

—¡Ya basta! —espetó con dureza.

Su paciencia había llegado al límite.

—Desde que te sentaste no has hecho más que quejarte, burlarte y faltar al respeto.

La miró fijamente.

—No sé cómo te educaron, pero en esta casa no se acostumbra a ridiculizar a las personas en su propia mesa.

Pamela arqueó una ceja.

Teresa continuó sin suavizar el tono.

—Y si crees que ser grosera te hace graciosa, te equivocas. Lo único que consigues es demostrar una enorme falta de madurez.

Maximiliano dejó también los cubiertos sobre la mesa. Esta vez no le molestó que Teresa interviniera.

Levantó la mirada y la fijó en Pamela.

—¿Ya terminaste? —preguntó con calma, aunque su voz grave dejaba notar que su paciencia se estaba agotando.

Mantuvo sus ojos sobre ella unos segundos.

—Porque si tu intención era convertir cada comida en una discusión, te aviso desde ahora que no voy a participar en ese juego.

Pamela lo miró fastidiada.

—Pueden llamarla saludable, deliciosa o milagrosa. Igual no me la voy a comer.

Maximiliano respiró hondo.

—Basta, Pamela —dijo intentando controlar su temperamento—. Si no te gusta, eso es lo que hay para ti.

Sin esperar una respuesta, se levantó de la mesa.

—Tengo cosas más importantes que hacer que discutir por un desayuno.

Acto seguido, se dispuso a marcharse.

Teresa también se puso de pie.

—¿No vas a terminar de desayunar? —preguntó mirando a Maximiliano.

Él no respondió.

Simplemente tomó las llaves de su automóvil y salió de la mansión sin volver la vista atrás.

Teresa observó la puerta por unos segundos y luego giró la cabeza hacia Pamela.

Le lanzó una mirada fría y desaprobadora antes de darse la vuelta.

Sin decir una palabra más, abandonó el comedor y se dirigió a su habitación.

Cuando finalmente quedó sola, Pamela soltó un suspiro y miró el desayuno que seguía intacto sobre la mesa.

—Si este fue el desayuno, no quiero imaginar cómo será la cena.

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Yadira
Me gusta la historia pero lo que me molesta es que Pamela sea tan berrinchuda, eso enfada
Yadira
Me encanta la pareja,a esperar haber que pasa en el siguiente capítulo esperemos y se reconcilien
Vale Kim
Mas capítulo por favor 🙏🏾
Estefanía Vanesa Flores Espino
hay que pena😭😭😭😭 no me pierdo ni un capítulo 🥰🥰
BRESCIA BRENDA MIRANDA MARAZA
eso es todo, falta terminar
Yadira
Me encanta la historia y me gusta que la protagonista no sea una mujer sumisa que tenga carácter
Vale Kim
🥰🥰🥰 estoy encantada 🤩 felicidades a la autora ✍️
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