Leandro está en campaña de buscar un esposo para su madre y un buen padre para él. ¿Este pequeño niño de tan solo 10 años podrá encontrar al hombre perfecto? O en su travesía descubrirá secretos escondidos de traiciones y engaños pasados que sufrió su madre.
NovelToon tiene autorización de yanina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
¡Me gustas!
¡Gracias al cielo! Los tutores del niño o mejor dicho, Octavio, tenían que hacerse cargo de las terapias de Leo. Eso era un peso enorme menos sobre mis hombros, porque sabía que mi pequeño necesitaba ayuda urgente para sanar su dolido corazón… y que fueran los causantes los que pagaran era lo más justo del mundo. Aunque no me agradara nada la idea de tener que ver ni escuchar nada de él, era la única forma en que la balanza se inclinara hacia la equidad.
Nunca en mi vida esperé ver el día en que Octavio tuviera que dar algo en verdad a mi hijo… pero ahora, incluso sentía que todo acabó de una forma que me provocaba más dolor que alivio.
Con la compensación le abrí una cuenta de ahorros especial, para que en el futuro, cuando fuera grande, mi pequeño tuviera un techo seguro o un punto de partida para construir su vida.
Nahuel quien se mantuvo a mi lado sin descanso desde esa noche que todo cambió, me ayudó muchísimo en cada paso del proceso… y por fin sentí que la tormenta había pasado, que todo volvía a la normalidad que tanto añoraba. La pacífica vida a la que estaba acostumbrada… pero ahora tenía a alguien más, alguien que cada día demostraba con hechos que de verdad le importábamos Leo y yo.
Nahuel completamente diferente a la presencia de Rafael en la vida de mi hijo, Leo lo quiere profundamente, pero nunca lo vio como algo más que su querido padrino. En cambio, al lado de Nahuel, mi niño era otro ser. Incluso yo misma actuaba distinta cuando él estaba cerca, me sentía tan relajada, tan cómoda… que podía ser yo misma. Esa mujer que pensé que se había perdido para siempre en medio de tantas luchas.
Era como si su presencia sola sacara lo mejor de mi pequeño y de mí. La paz que irradiaba nos envolvía, nos hacía sentir en calma, en un refugio seguro.
Ese fin de semana, Nahuel nos invitó a salir al cine Leo eligió la película de superhéroes que tanto esperaba, y luego a un lugar encantador, con mesas al aire libre y luces pequeñas que parpadeaban como estrellas. Mi hijo estaba que no cabía en sí mismo de felicidad, por primera vez en su corta vida, se sintió parte de una familia verdadera. Y aunque le repetí una y otra vez que no se ilusionara demasiado, era imposible evitar que sus ojos brillaran con esperanzas que yo misma había dejado de tener.
Esa noche fue simplemente grandiosa. Nahuel nos trató con un cariño y una atención tan grandes que incluso yo comencé a confundirme, a preguntarme si todo esto era real o si me estaba inventando cosas para sentirme bien. Luego de volver a casa, de ayudar a Leo a cambiarse y verlo dormirse con una sonrisa en los labios, supe que no podía seguir callando lo que sentía, tenía que hablar con él.
—¿Compartimos un café? —pregunté, apoyándome en el umbral de la cocina.
—Por supuesto, Briella. De hecho… me gustaría que este día nunca acabara. —sonrió, y en sus ojos brillaba una ternura que me hizo temblar.
—Nahuel… me parece que esto está mal. — me sente frente a él, tomando aire hondo— Pasar tanto tiempo juntos está confundiendo a Leo… y no quiero que él sufra otra vez. No puedo soportar verlo llorar de nuevo.
—Dime la verdad, Briella… ¿yo te gustó? ¿Al menos sientes curiosidad por saber qué pasaría entre nosotros? —su voz bajó, se hizo más íntima, sus manos temblaron ligeramente.
—Sí… sí, siento curiosidad. —admití, sin poder evitar sonrojarme— Pero no te pediría que me cuentes nada de ti que no quieras compartir. Tu vida es tuya, al igual que la mía.
—¡Yo quiero hacerlo!. _ insistio con entuciasmo _Empecemos por lo básico, soy soltero. Estuve comprometido hace unos años, pero no funcionó… y estoy agradecido de haberme dado cuenta a tiempo antes de dar el siguiente paso. No tengo hijos, aunque los adoro con todo mi corazón y siempre soñé con tener una familia numerosa. No soy rico… y estoy muy lejos de serlo, ahora mismo no puedo ofrecerte lujos ni comodidades grandes, solo las ganas de trabajar duro para salir adelante y cariño de verdad, del bueno, del que se siente en el alma. —se inclinó hacia mí, mirándome a los ojos— Pero sobre todas las cosas… me gustas muchísimo, Briella. Y adoro a Leo como si fuera mío.
—¿De verdad lo dices? ¿No estás diciendo esto por compasión? —la emoción me cortó la voz. Todas sus declaraciones resonando en mi cabeza.
—Te lo juro por todo lo que valgo. Desde el primer día en que vi a ese pequeño con esa mirada tan inteligente y tierna, supe que era un niño increíble… y que la mujer que lo criara tenía que ser alguien especial. Pero cuando apareciste frente a mí, cuando te vi defenderlo con todas tus fuerzas… entendí que la palabra “especial” te queda demasiado chica. Eres una mujer grandiosa, guerrera y más valiosa que cualquier cosa en el mundo, Briella.
—Ja! Eres un poeta, Nahuel. —reí, aunque las lágrimas ya rondaban mis ojos, presa de la emoción y los sentimientos — Pero hay tanto que todavía no conoces de mí… cosas que pueden hacerte cambiar de opinión.
—Puedes contármelas cuando te sientas lista. Solo te pido una cosa, que me des la oportunidad de demostrarte que mis sentimientos por ustedes dos son sinceros, reales… que no tienen nada que ver con piedad ni lástima. ¿Quieres salir conmigo, Briella?
Dude por un instante, tenía que confesar al menos algo antes de responderle.
—Creo que antes de responderte… mereces saber al menos algo de mí. Porque después de escucharme, quizás prefieras irte y no volver a verme.
—Dime lo que sea. Nada podrá hacer que cambie de idea.
—Soy divorciada. Mi hijo no conoce a su padre… porque él ni siquiera sabe que existe. Nos separamos justo cuando supe que esperaba a Leo. —la voz se me quebró, pero seguí hablando— Él ya tenía a otra mujer en su vida… a la que realmente amaba, y ellos también esperaban un bebé. Ni yo ni Leo teníamos ningún espacio en ese futuro que él soñaba. Tampoco quería que mi pequeño creciera a la sombra de otro niño, sintiéndose desplazado, ignorado… mucho menos como un estorbo en la familia feliz que su padre tiene ahora.
—Lo entiendo perfectamente. Lamento mucho escuchar que tuviste que pasar por eso sola. —alargó la mano hasta la mía, dándome un apretón suave.
—Yo no… bueno, no tuve la suerte de darme cuenta antes de casarme, pero al menos no me quedé ciega toda la vida. —suspiré profundo— Actualmente, mis finanzas están en un completo desastre… aunque soy capaz de sacar adelante a mi hijo, de darle lo básico que necesita. Y mientras tenga fuerzas en mis piernas y brazos, seguiré trabajando duro para él. Pero lo más importante… es que ya no creo en el amor. Me gustaría poder intentarlo, pero el temor sigue aquí, clavado en mi pecho… por toda la traición que viví en el pasado y cuando mencionaste que también tuviste a alguien antes... me aterra la idea de que si esa persona vuelve nos dejes como ya nos paso. Lo siento se que suena egoísta, todos tenemos pasados, pero yo no puedo...
—No esperaba menos de ti. Has pasado por mucho, Briella. —acarició mi mano con su pulgar— Pero te aseguro que no me rendiré a mitad del camino. Cuando quiero algo, me esfuerzo hasta el límite… y si se trata de la chica que ha robado mi corazón, mucho menos. Además esa persona ya hizo su vida, esta casada con muchos hijos viviendo feliz lejos, muy lejos de aquí. Yo jamás volvería a su lado, no soy de los que se queda estancado, soy de los que avanza.
—¿De verdad no darás marcha atrás después de todo lo que te acabo de contar?
—Si creías que esto me desanimaría… déjame decirte que lo único que logró fue hacerme quererte más. Sé que costará trabajo, mucho trabajo… pero tú y Leo valeni todo el esfuerzo del mundo. Lo fácil nunca dura, lo fácil aburre. Pero lo que de verdad tiene valor… se gana con esfuerzo, dedicación y mucho amor.
Cada palabra que Nahuel menciono me llegó directo al corazón, sus ojos me decían que todo era verdad, que no había maldad. Solo el deseo genuino de formar algo duradero.
—Bueno… entonces… podemos intentarlo. —susurré, como si temiera asustar la oportunidad— Despacio y con calma. Empezando como amigos. Nahuel… la verdad es que tengo mucho miedo.
—Justo como a mí me gusta, despacio y con calma. —sonrió de nuevo, y su mirada era todo un abrazo— Entiendo perfectamente tu miedo, pero yo tengo paciencia de sobra y una determinación que nadie podrá romper.
¿De verdad este hombre es real? Parece salido de un cuento de hadas, y ya que la vida me ha dado tantas sorpresas… ¿por qué no darle una oportunidad? Nahuel me gusta, me hace sentir cosas que creí olvidadas… y me gustaría que demuestre que realmente vale la pena volver a confiar.
Aun así, le costará demasiado ganarse mi confianza, mi corazón está en máxima alerta, como un escudo que no se abre fácilmente. Soy como un animal herido que solo quiere proteger a su cría… y no es por mí misma, sino por mi hijo. Que alguien lastime sus sentimientos es mi peor pesadilla, mi mayor miedo en este mundo.
—Me imagino que no fue nada fácil… hacer todo esto sola. —dijo Nahuel, rompiendo el silencio.
—Para nada. Fue extremadamente difícil, Nahuel. —la memoria de esos días me hizo temblar— Lo que más me preocupaba era que Leo tuviera una cama cálida en los inviernos, un techo seguro sobre su cabeza, un plato de comida todos los días… y que no sintiera mi ausencia cuando tenía que salir a trabajar hasta tarde.
—Eres admirable, Briella. En tus ojos veo todo el camino que has recorrido… y lo orgullosa que debes estar de lo que hoy es ese pequeño guerrero.
—Leo es mi mundo entero. Es mi príncipe, mi razón de ser… mi fortaleza cuando ya no tengo fuerzas para seguir.
—Nunca, nunca dudes de que lo has hecho increíblemente bien. Eres una excelente madre.
Una madre… Eso soy. Simplemente una madre que está dispuesta a luchar contra el mundo entero por su pequeño hijo.