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Sin Secretos Para Él

Sin Secretos Para Él

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Romance / Época / Completas
Popularitas:210.7k
Nilai: 5
nombre de autor: LunaDeMandala

Ella y su ansiedad renacen en un nuevo mundo..

*Está novela pertenece a un mundo mágico*
**Todas las novelas son independientes**

NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Documentos 2

Una semana después, Elia tenía un problema.

Bueno.

Tenía varios problemas.

Su padre seguía enfermo.

La magia seguía siendo un misterio.

La economía del condado aún necesitaba mejoras.

Y todavía sentía que estaba fingiendo ser alguien que no era.

Pero al menos ahora tenía un plan.

Un plan enorme.

Ridículamente detallado.

Tan detallado que cualquier persona normal habría pensado que estaba preparándose para gobernar un reino.

Había estudiado los terrenos.

Calculado ganancias.

Analizado rutas comerciales.

Investigado productos escasos.

Comparado precios.

Y preparado una propuesta completa para aprovechar parte de las tierras improductivas de los Russ.

Incluso había elaborado varios escenarios alternativos.

Porque, por supuesto, lo había hecho.

Era incapaz de no hacerlo.

Aquella mañana observó la montaña de documentos cuidadosamente organizados sobre su escritorio.

Y por primera vez sintió algo parecido al orgullo.

No orgullo arrogante.

No el orgullo vacío que recordaba de la antigua Elia.

Sino la satisfacción tranquila de haber trabajado duro.

De haber construido algo.

De haber terminado una tarea.

—Bien.

Murmuró.

—Ahora solo tengo que presentarlo.

Su estómago se retorció inmediatamente.

[...ahí está la ansiedad.]

[Te estaba esperando.]

Durante aquella semana también había ocurrido otra cosa.

Algo que no esperaba.

Los condes estaban felices.

Ridículamente felices.

Y eso la confundía.

Porque ella sentía que no estaba haciendo nada extraordinario.

Solo era educada.

Saludaba.

Daba las gracias.

Preguntaba cómo se encontraban.

Compartía el desayuno.

Conversaba un poco.

Nada más.

Pero cada vez que hacía una de esas cosas... la expresión de los condes se iluminaba.

Como si les hubiera regalado el tesoro real.

Y aquello la hacía sentir culpable.

Muy culpable.

Porque seguía pensando lo mismo una y otra vez.

[No soy su hija.]

[La verdadera Elia ya no está.]

[Estoy ocupando su lugar.]

Y aun así... aquellos dos la miraban con tanto cariño que le resultaba imposible no sentirse mal.

Especialmente cuando recordaba a la antigua Elia.

Las discusiones.

Los caprichos.

Las exigencias.

Los desplantes.

Y luego miraba a los condes.

Siempre pacientes.

Siempre amorosos.

Siempre intentando comprenderla.

—No estoy siendo una buena hija.

Murmuró una tarde mientras organizaba documentos.

Y sin embargo... para los condes parecía ser suficiente.

Más que suficiente.

La nueva Elia les sonreía.

Y ellos eran felices.

Les preguntaba cómo se sentían.

Y eran felices.

Agradecía el desayuno.

Y eran felices.

Era tan sencillo que casi resultaba doloroso.

Porque demostraba que nunca habían pedido demasiado.

Solo habían querido compartir tiempo con su hija.

Nada más.

Aquella comprensión la acompañó durante toda la semana.

Hasta que finalmente llegó el día de la reunión.

Su primera reunión de negocios.

La primera.

Y sinceramente esperaba estar aterrada.

Pero curiosamente estaba tranquila.

Bueno.

Relativamente tranquila.

Su ansiedad estaba ocupada revisando por vigésima vez todos los documentos.

Así que no tenía tiempo para entrar en pánico.

Cuando bajó las escaleras aquella mañana encontró una escena inesperada.

Sus padres ya estaban listos.

Esperándola.

Y parecían mucho más nerviosos que ella.

El conde caminaba de un lado a otro.

La condesa acomodaba nerviosamente unos papeles que ya estaban perfectamente acomodados.

—¿Padre?

El hombre se sobresaltó.

—¡Elia!

—¿Ocurre algo?

—No.

—Entonces, ¿por qué parece que va a enfrentarse a un dragón?

—¿Parezco nervioso?

—Mucho.

—Oh.

La condesa suspiró.

—Lleva despierto desde el amanecer.

—Querida.

—Es verdad. También revisó tus documentos tres veces.

—Cuatro.

Corrigió el conde.

Elia parpadeó.

—¿Cuatro?

—Solo quería asegurarme de que todo estuviera perfecto.

—Padre, ni siquiera entiende la mitad de mis notas.

—Eso no es importante.

La joven intentó no reírse.

Fracasó.

La condesa sonrió al verla.

Y entonces ocurrió algo que hizo que el corazón de Elia se encogiera.

La pareja intercambió una mirada.

Una de esas miradas silenciosas que ya conocía.

Y luego la condesa habló suavemente.

—Estamos orgullosos de ti.

Elia quedó inmóvil.

—¿Qué?

—Mucho.

Añadió el conde.

Ella no supo qué responder.

Porque no entendía.

No realmente.

Para ella aquello era apenas el comienzo.

Todavía no había ganado dinero.

Todavía no había solucionado nada.

Todavía no había ayudado a su padre.

Todavía no había salvado el patrimonio familiar.

No había conseguido resultados.

Y sin embargo... ellos ya estaban orgullosos.

Como si el resultado no importara.

Como si el simple hecho de intentarlo fuera suficiente.

El conde sonrió.

—Incluso si fracasa.

La joven levantó la cabeza.

—¿Eh?

—Incluso si el negocio fracasa.

La condesa asintió.

—Seguiremos estando orgullosos.

—Porque te estás esforzando. Porque estás creciendo. Porque te importa el futuro de nuestra familia.

Elia sintió un nudo en la garganta.

Uno enorme.

Incómodo.

Porque de repente comprendió algo.

Ellos no estaban orgullosos del proyecto.

Ni del dinero.

Ni de los posibles beneficios.

Estaban orgullosos de ella.

Y probablemente era la primera vez en mucho tiempo que sentían eso.

No porque antes no la amaran.

Sino porque finalmente podían verla interesarse por algo más que sus propios caprichos.

El patrimonio Russ.

Los empleados.

Las tierras.

El futuro.

Todo aquello significaba algo para ella ahora.

Y para los condes, eso lo era todo.

El carruaje ya esperaba afuera.

La reunión estaba por comenzar.

Y aun así, durante unos segundos, nadie se movió.

Finalmente Elia sonrió.

Una sonrisa pequeña.

Sincera.

Y por alguna razón, los ojos de la condesa se humedecieron ligeramente.

—Madre...

—No es nada.

Mintió inmediatamente.

El conde fingió no haber visto nada.

También mintiendo.

Elia sintió que el pecho le dolía.

Porque seguía pensando que no merecía tanto cariño.

Pero aun así... lo aceptó.

—Haré mi mejor esfuerzo.

Dijo finalmente.

Y aquello pareció hacer más felices a los condes que cualquier promesa de riqueza.

Porque mientras observaban a su hija subir al carruaje con aquellos documentos bajo el brazo, ninguno de los dos estaba pensando en ganancias.

Ni en negocios.

Ni en inversiones.

Solo pensaban lo mismo.

Su pequeña finalmente estaba creciendo.

Y para ellos... eso valía más que cualquier fortuna.

1
Moniq
hermosa historia!!
Claro DE Luna Roca Fuerte
Hasta ahora me parece muy aburrida está novela
MARINA SIMÓN
/Ok/
Alliette Cardoza
Buenísima historia, como siempre un diez 💯💗
Adriana Eugenia Espinoza Fernandez
amo su trabajo autora es excelente, nada que agregar, perfecto, mis felicitaciones para usted, bendiciones y siga así
Vianey Rivas
me encantó, lo bueno que el aprendió a amar todas sus listas 🤣
Josseline Palma
🌺❤️
Angela Maria Puerta Villegas
me gustó quedó pendiente el misterio de por que albert podía oír sus pensamientos
Carolina Rusinque
👏👏👏👏
Yoba OG
una lectura entretenida y llena de magia
Yoba OG
ame esta historia, muchas gracias 😍
bea yordan
muy linda historia
Carolina Rusinque
👏👏👏👏
GALAXIA 🌠💫
jajajajajajajajaja valió 😅😅😅😅😅😅
GALAXIA 🌠💫
jajajajajajajajaja nooooo jajajajajajajajaja ya le dio la crisis existencial 😅😅😅😅🤣🤣🤣
María ayana
porque no ha tomado en cuenta el pensamiento de la joven es inato, el pensamiento hacerca de ambos mundos donde menciona que en ambos hay hombres que les gustan los hombres con eso descubrirían que tiene marca de alma
María ayana
Que interesante 🤔 algo interesante por describir, que será
Guadalupe Flores
Divertida historia gracias me encantó
Guadalupe Flores
Y después. Del parto ya no volvió a oír los pensamientos, de Elia o si?
Una_Éire
te queremos Claude! 💖
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