PARALELOS
Una beca le abrió las puertas de la preparatoria más prestigiosa del país. Pero también despertó un antiguo misterio.
Cada noche sueña con un estudiante que murió hace más de cien años. Ahora ese mismo joven camina por los pasillos de su escuela... aunque nadie más parece verlo.
¿Son solo sueños, o el pasado y el presente están avanzando en paralelo?
NovelToon tiene autorización de Juliuss para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 7 Otra noche sin dormir
"Hay noches en las que dormir significa descansar. Y otras en las que cerrar los ojos es abrir una puerta hacia otro tiempo."
La conversación con el director no abandonó la mente de Akari durante el resto de la semana.
Cada vez que recordaba su sonrisa tranquila, volvía a sentir aquella incómoda sensación de estar siendo observada.
No la había amenazado.
No le había prohibido investigar.
Sin embargo, había conseguido que sus palabras pesaran más que una orden.
Mientras caminaba por el patio durante el recreo, levantó la vista hacia el antiguo pabellón.
Las ventanas permanecían cerradas.
No había rastro de Ren.
Ni de ninguna otra presencia extraña.
Solo el reflejo del cielo sobre los cristales.
—Otra vez mirando hacia allí.
Akari giró la cabeza.
Yui llevaba dos jugos y una bolsa de panecillos.
—Traje provisiones de emergencia.
—¿Emergencia?
—Sí.
Tengo la teoría de que pensar demasiado da hambre.
Akari sonrió.
—¿Y esa teoría tiene base científica?
—Por supuesto.
La desarrollé yo misma hace cinco minutos.
Las dos comenzaron a reír.
Se sentaron bajo el viejo cerezo que adornaba el patio central.
El viento hacía caer lentamente algunos pétalos sobre el césped.
Durante unos minutos permanecieron en silencio.
Fue Yui quien habló primero.
—¿Vas a hacerle caso al director?
Akari tardó unos segundos en responder.
—No lo sé.
Quiero hacerlo.
De verdad quiero olvidarme de todo esto.
Pero cada vez que lo intento...
Algo vuelve a ocurrir.
Yui asintió lentamente.
—Entonces no es solo curiosidad.
Akari negó con la cabeza.
—No.
Siento que...
Que alguien necesita que recuerde algo.
Las dos permanecieron calladas.
Aquellas palabras sonaban extrañas incluso para la propia Akari.
Pero era exactamente lo que sentía.
Al terminar las clases, regresó a casa más cansada de lo habitual.
Intentó hacer los deberes.
Leyó un par de páginas de un libro.
Incluso ayudó a su madre a preparar la cena.
Quería mantener la mente ocupada.
No pensar en la Academia.
No pensar en Ren.
No pensar en el pasado.
Después de cenar, decidió acostarse temprano.
—Esta noche sí voy a dormir bien —se dijo mientras apagaba la luz.
El silencio envolvió la habitación.
Durante unos minutos solo se escuchó el leve sonido del viento golpeando la ventana.
Poco a poco...
El cansancio terminó venciendo.
Y Akari se quedó dormida.
Al principio todo era oscuridad.
Una oscuridad profunda.
Silenciosa.
Después apareció una pequeña luz.
Lejana.
Como la llama de una vela.
Akari comenzó a caminar hacia ella.
Con cada paso, la oscuridad iba desapareciendo.
Hasta transformarse lentamente en un largo corredor iluminado por lámparas de aceite.
Se detuvo.
El aire era frío.
Podía sentirlo sobre la piel.
Respiró profundamente.
Había un leve aroma a madera antigua mezclado con tinta y papel envejecido.
Escuchó pasos.
No muy lejos.
Después voces.
Risas.
El sonido de una campana.
Todo era tan real que, por un instante, olvidó que estaba soñando.
Miró sus manos.
Llevaba puestos unos guantes blancos de tela.
Bajó lentamente la vista.
Su uniforme había cambiado.
Ya no vestía el uniforme moderno de la Academia Seiran.
Ahora llevaba una falda larga de tonos oscuros, una chaqueta elegante con botones dorados y un pequeño lazo azul en el cuello.
Era exactamente el uniforme antiguo que tantas veces había visto en sus sueños.
Sintió un vuelco en el corazón.
—Otra vez...
Pero esta vez era diferente.
No observaba los acontecimientos desde lejos.
Estaba allí.
Podía caminar.
Podía tocar las paredes.
Incluso escuchaba el crujido del suelo de madera bajo sus zapatos.
Avanzó lentamente por el corredor.
Las puertas de las aulas permanecían abiertas.
Al pasar junto a una de ellas, vio a varios estudiantes copiando apuntes con plumas de tinta.
Un profesor escribía sobre una gran pizarra negra.
Nadie parecía notar su presencia.
Era como si formara parte natural de aquel lugar.
Continuó caminando.
Cada rincón le resultaba extrañamente familiar.
La escalera principal.
Los vitrales.
Las columnas.
Todo coincidía exactamente con la Academia actual.
Y, al mismo tiempo...
Era completamente distinta.
Más silenciosa.
Más solemne.
Más antigua.
Akari sintió una mezcla de asombro y nostalgia imposible de explicar.
Era como regresar a un sitio donde nunca había estado.
O quizás...
A un lugar que había olvidado.
Mientras descendía lentamente una escalera, una suave corriente de aire hizo volar varias hojas de papel por el pasillo.
Las hojas giraban lentamente a su alrededor.
Una de ellas cayó a sus pies.
Akari se agachó para recogerla.
Era una hoja escrita a mano.
La tinta tenía un tono azul oscuro.
Las letras eran elegantes.
Y, en la parte superior, apenas podía leerse una fecha.
Año 1924.
Antes de que pudiera seguir leyendo, una nueva corriente de aire arrancó la hoja de sus manos.
El papel volvió a elevarse.
Atravesó el corredor.
Y desapareció al doblar una esquina.
Akari levantó la vista.
Por alguna razón...
Sintió la necesidad de seguirla.
Comenzó a caminar lentamente.
Dobló la esquina.
El pasillo estaba completamente vacío.
Solo había una larga hilera de ventanas por donde entraba la luz del atardecer.
Todo permanecía en absoluto silencio.
Entonces...
Sintió una presencia.
No escuchó pasos.
No vio ninguna sombra.
Pero estaba completamente segura de que no se encontraba sola.
Muy despacio...
Giró la cabeza hacia el fondo del corredor.
Y el corazón comenzó a latirle con fuerza.
Porque alguien...
La estaba observando desde la distancia.
La respiración de Akari se volvió lenta.
Podía sentir los latidos de su corazón resonando en el silencio del corredor.
La figura permanecía inmóvil al fondo.
La luz del atardecer entraba por los altos ventanales, dibujando largas franjas doradas sobre el suelo de madera.
Durante unos segundos, nadie se movió.
Después, la silueta dio un paso.
Y otro.
Muy despacio.
Con cada paso, el rostro del muchacho iba haciéndose más claro.
Cabello oscuro, ligeramente despeinado.
Ojos serenos.
Un uniforme antiguo impecablemente cuidado, aunque ya mostraba el desgaste de los años.
Llevaba varios libros abrazados contra el pecho.
Akari sintió un nudo en la garganta.
Era él.
Ren.
Pero no era la imagen distante que había visto tantas veces en los pasillos de la Academia actual.
Aquí parecía completamente real.
Respiraba.
Parpadeaba.
La brisa movía suavemente algunos mechones de su cabello.
Era un estudiante más.
Un joven cualquiera.
Solo que pertenecía a otro tiempo.
Ren se detuvo a pocos metros de ella.
Sus miradas se encontraron.
Por primera vez, Akari pudo observar claramente su expresión.
No había tristeza.
No había miedo.
Lo que vio fue algo mucho más profundo.
Un inmenso cansancio.
Como si llevara demasiado tiempo esperando algo que nunca terminaba de llegar.
Akari sintió un extraño dolor en el pecho.
Un dolor que no parecía ser suyo.
Era una tristeza antigua.
Silenciosa.
Como un recuerdo que despertaba lentamente.
Sin saber por qué, dio un paso hacia él.
Ren también avanzó.
La distancia entre ambos comenzó a desaparecer.
—¿Ren...? —susurró ella.
El muchacho levantó ligeramente la vista.
Parecía sorprendido.
No porque ella estuviera allí.
Sino porque...
Podía escucharla.
Los labios de Ren se movieron lentamente.
Akari contuvo la respiración.
Durante tanto tiempo había esperado ese momento...
Pero justo cuando estaba a punto de escuchar su voz...
Un grupo de estudiantes atravesó corriendo el corredor.
Reían.
Empujándose unos a otros.
Vestían el mismo uniforme antiguo.
Al pasar entre ellos, Akari dio un pequeño paso hacia atrás.
Cuando volvió a mirar...
Ren ya no estaba frente a ella.
Lo vio unos metros más adelante.
Los demás estudiantes caminaban a su alrededor como si él fuera completamente normal.
Nadie parecía ignorarlo.
Nadie lo evitaba.
Conversaban.
Reían.
Uno de los muchachos le dio una palmada amistosa en el hombro.
Ren respondió con una leve sonrisa.
Akari frunció el ceño.
Aquello no coincidía con la imagen que había construido en su mente.
Siempre había imaginado a Ren aislado.
Solo.
Sin embargo, allí parecía formar parte del grupo.
—Entonces...
¿Qué fue lo que ocurrió?
Sin darse cuenta, comenzó a seguirlos.
El grupo llegó hasta el patio central.
Todo era igual y, al mismo tiempo, distinto.
El viejo cerezo era mucho más pequeño.
Las fachadas conservaban un color más claro.
Los jardines estaban recién plantados.
Ren se detuvo bajo el árbol.
Abrió uno de los libros que llevaba consigo y empezó a leer mientras los demás seguían conversando.
Entonces ocurrió algo inesperado.
Una joven de uniforme antiguo se acercó a él.
Llevaba el cabello recogido con una cinta azul.
Sonreía con timidez.
Le dijo algo que Akari no alcanzó a escuchar.
Ren respondió con una inclinación de cabeza.
La muchacha sonrió nuevamente antes de marcharse.
Akari sintió una extraña punzada en el pecho.
Una mezcla de curiosidad...
Y unos celos que no comprendía.
Se llevó una mano al corazón.
—¿Por qué...?
¿Por qué me siento así?
Aquella emoción no tenía sentido.
Ella nunca había conocido realmente a Ren.
Sin embargo...
Aquella escena le resultaba dolorosa.
Como si estuviera recordando una herida olvidada.
Ren levantó lentamente la vista del libro.
Sus ojos encontraron nuevamente los de Akari.
Esta vez sonrió apenas.
Era una sonrisa pequeña.
Melancólica.
Pero sincera.
Después levantó una mano.
No para saludar.
Sino para señalar algo detrás de ella.
Akari giró lentamente la cabeza.
Al otro extremo del patio había una gran puerta de madera.
La misma puerta que tantas veces había visto en sus sueños.
Solo que ahora estaba completamente abierta.
Desde su interior llegaba una intensa luz blanca.
Sintió el impulso de acercarse.
Comenzó a caminar.
Cada paso hacía que aquella luz brillara con más fuerza.
Cuando estuvo a pocos metros...
Escuchó claramente una voz masculina.
No provenía de la puerta.
Venía detrás de ella.
—Akari...
Era la voz de Ren.
Por primera vez la había llamado por su nombre.
Giró de inmediato.
Pero el patio había desaparecido.
También Ren.
La Academia antigua comenzó a desvanecerse lentamente.
La luz se volvió cada vez más intensa.
Y todo quedó envuelto en un blanco absoluto.
Akari abrió los ojos sobresaltada.
Respiraba con dificultad.
El corazón parecía querer salir de su pecho.
Permaneció inmóvil varios segundos.
Después miró el reloj que descansaba sobre la mesa de noche.
3:17.
Exactamente la misma hora.
Se levantó lentamente para beber un poco de agua.
Todavía podía sentir el aroma de la madera antigua.
El sonido del viento.
La mirada de Ren.
Todo seguía pareciendo increíblemente real.
Al regresar hacia la cama pasó frente al espejo de su habitación.
Levantó la vista casi por costumbre.
Y se quedó inmóvil.
Durante apenas un segundo...
El reflejo no mostraba el uniforme moderno con el que se había acostado.
Mostraba el antiguo uniforme azul de la Academia.
El mismo que llevaba en el sueño.
Parpadeó.
La imagen desapareció.
Solo quedaba su reflejo habitual.
Akari dio un paso atrás.
Apoyó lentamente una mano sobre el espejo.
El cristal estaba frío.
Completamente normal.
Pero ella ya no podía convencerse de que todo aquello fueran simples sueños.
Porque esa noche...
No había sentido que estuviera recordando el pasado.
Había sentido que, durante unas horas...
Realmente había vivido en él.


😮 Ren por fin habló... y Akari ya no sabe si está soñando o viviendo recuerdos de otra época. ¿Tú qué crees que está ocurriendo realmente?
Si este capítulo te dejó con más preguntas que respuestas, regálame un ❤️, sígueme para descubrir poco a poco el misterio de PARALELOS y cuéntame en los comentarios: ¿crees que Akari está soñando... o que dos tiempos realmente están comenzando a unirse? 🌸
Nos vemos en el próximo capítulo... porque cada noche, la distancia entre ambos mundos parece hacerse más pequeña. ✨