Camila y Rafael viven un romance perfecto, entre tardes de complicidad, risas e historias compartidas, descubren un amor puro y profundo que avanza hacia el compromiso. Sin embargo, en las sombras, la envidia enfermiza transformada en amistad se vuelve una obsesión oscura.
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capitulo 11
El timbre sonó a las dos de la tarde. Camila estaba frente al espejo de su habitación, ajustando su vestido y forzando una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Había pasado toda la mañana preparándose, ensayando sus gestos, sus palabras, su postura. Tenía que ser perfecta. Tenía que parecer la misma Camila de siempre, la novia feliz. No podía permitir que Rafael notara el terror que se escondía detrás de su mirada.
—Tranquila
se dijo a sí misma, mirándose fijamente al espejo
—Puedes hacer esto. Tienes que hacerlo.
Yogo movió la cola desde la cama, como si la animara. Norma le había dado un último consejo antes de irse
—Actúa con normalidad. Si él nota algo, todo se va a desmoronar.
Camila abrió la puerta y allí estaba Rafael. Radiante, con una sonrisa que iluminaba su rostro, vestido con su mejor camisa y el cabello cuidadosamente arreglado. Llevaba una pequeña caja de terciopelo azul en la mano, y sus ojos brillaban con una emoción que Camila reconocía demasiado bien.
—Hola, mi amor
dijo él, inclinándose para besarla en la mejilla
—Estás hermosa, como siempre.
Camila sintió que el corazón se le partía en mil pedazos. Aquel hombre, al que amaba con toda su alma, era el mismo que había visto en sus recuerdos, el mismo que la había amado y cuidado. Pero también era el amigo de Fernando. Y la duda, esa duda venenosa, le susurraba que tal vez él sabía algo.
—Hola, Rafa
respondió, forzando una sonrisa
— Pasa, tengo café preparado.
Rafael entró, y Camila notó que caminaba con una energía contenida, como si estuviera a punto de estallar de felicidad. Se sentó en el sofá y ella se sentó a su lado, manteniendo una distancia que él no pareció notar.
—Camila
dijo él, tomando sus manos
—No te quiero perder, se que no estamos en el mejor momento pero, desde el día que te vi en el parque, supe que eras especial. Supe que habías llegado a mi vida para cambiarla para siempre. Y en estos meses, has sido mi luz, mi razón de ser, mi todo.
Ella sintió que el estómago se le encogía. Sabía lo que venía. Lo había vivido antes, el recuerdo de la otra vida, del dolor, de la muerte, estaba demasiado fresco.
—Rafa...
—Déjame terminar
dijo él, con voz temblorosa pero firme
—Rafa
dijo, interrumpiéndolo
—Antes de que digas nada, quiero que sepas algo.
Él la miró, confundido.
—Dime.
—Te amo
dijo, y las palabras salieron de sus labios con una sinceridad que la sorprendió a ella misma
— Te amo más de lo que puedas imaginar.
Rafael sonrió, y sus ojos se llenaron de luz.
—Yo también te amo, Camila. Más que a nada en este mundo.
Y entonces, se arrodilló frente a ella. Abrió la caja de terciopelo azul y reveló el anillo que Camila ya conocía. El mismo que había visto en la otra vida, el mismo que había brillado en su dedo mientras caminaba hacia el altar.
—Camila
dijo, con voz temblorosa pero firme
— ¿Quieres casarte conmigo?
Camila sintió que el mundo se detenía. Las palabras se atascaron en su garganta. Todo su ser le decía que dijera que sí, que olvidara los recuerdos y se dejara llevar por el amor. Pero el dolor era demasiado profundo. Las palabras de Fernando resonaban en su mente como un eco maldito.
"Rafael sabía todo esto. Siempre lo supo."
—No puedo
susurró, con la voz quebrada.
Rafael parpadeó, confundido.
—¿Qué?
—Digo que no puedo
repitió ella, sintiendo que cada palabra era un cuchillo
—No ahora, Rafael.
Él se levantó lentamente, con la caja aún en la mano y el rostro desencajado.
—No lo entiendo. ¿Por qué, Hice algo mal?
—No eres tú
dijo ella, sin atreverse a mirarlo a los ojos
—ahora soy yo que necesito tiempo, Rafa. Tiempo para pensar.
—¿Tiempo para pensar?
repitió él, con incredulidad
—Camila, llevamos meses juntos. Hemos hablado del futuro, de la boda, de los hijos. ¿Qué pasó de repente?
—Nada pasó
mintió ella, sintiendo que las lágrimas amenazaban con brotar
—Solo necesito tiempo.
Rafael dio un paso atrás, y Camila vio cómo la confusión se transformaba en dolor en sus ojos. Y entonces, como un rayo, recordó las palabras de Fernando. Aquellas mentiras que le había sembrado.
—¿Tiene que ver con alguien más?
preguntó Rafael, con voz fría.
Camila levantó la mirada, sorprendida.
—¿Qué?
—Fernando me dijo algo
continuó él, con los puños apretados
—Me dijo que te había visto con otro hombre. Que te estabas viendo con alguien a escondidas.
Camila sintió que la sangre se le helaba. Fernando se había adelantado. Otra vez.
—¿Le creíste?
preguntó, con voz temblorosa.
—No quería creerle
respondió Rafael, con el rostro torcido por el dolor
—Pero ahora, con esto... con que me rechaces así, sin explicación... no sé qué pensar.
—Rafael, te juro que no hay nadie más
dijo ella, levantándose
—Solo eres tú. Siempre has sido tú.
—Entonces, ¿por qué?
insistió él, con desesperación
—¿Por qué me dices que no si dices que me amas?
Camila sintió que el suelo se abría bajo sus pies. Quería contarle la verdad, quería decirle que Fernando la había violado y asesinado en otra vida, que estaba atrapada en un bucle de dolor y miedo. Pero no podía. No sin saber si él estaba involucrado.
—No puedo decírtelo ahora
dijo, con voz apenas audible
—Pero te prometo que no es porque haya alguien más. Te prometo que te amo. Solo necesito tiempo, Rafael. Por favor, dame tiempo.
Rafael la miró largamente, y en sus ojos Camila vio una mezcla de amor y furia, de esperanza y desesperación.
—Está bien
dijo finalmente, con voz ronca
—Te daré tiempo. Pero quiero que sepas una cosa, Camila. Si hay alguien más, si me estás mintiendo, no voy a quedarme esperando. No voy a ser el tonto que se queda mirando mientras tú te vas con otro.
—No hay nadie más
repitió ella, con lágrimas en los ojos
—Te lo juro.
Rafael guardó el anillo en su bolsillo y caminó hacia la puerta. Antes de salir, se volvió y la miró una última vez.
—Voy a hablar con Fernando
dijo
—Voy a averiguar qué está pasando. Porque esto no tiene sentido, Camila. Y necesito respuestas.
—No, Rafa
dijo ella, sintiendo que el pánico se apoderaba de su cuerpo
—No hables con Fernando. Por favor.
—¿Por qué no?
preguntó él, con suspicacia.
—Porque...
Camila buscó una excusa, cualquier cosa
—Porque no quiero que te metas en problemas. Solo déjame resolver esto a mi manera.
Rafael la observó largamente, y Camila supo que no le había creído. Pero no insistió. Se fue, cerrando la puerta tras de sí.
Camila se dejó caer al suelo, abrazando a Yogo, y lloró sin consuelo. Todo su cuerpo temblaba, todo su ser se desgarraba entre el amor y el miedo.
Horas después, Norma llegó a la casa y encontró a su amiga en el suelo, acurrucada en una esquina, con los ojos enrojecidos y la mirada perdida.
—Camila
dijo Norma, arrodillándose a su lado
—¿Qué pasó, Le dijiste que no?
Camila asintió, sin poder hablar.
—¿Cómo reaccionó?
preguntó Norma.
—Dijo que Fernando le había dicho que yo tenía a alguien más
respondió Camila, con voz quebrada
—Cree que lo rechacé por otro hombre.
Norma apretó los puños.
—Fernando se está adelantando. Está manipulando a Rafael para alejarlo de ti.
—Lo sé, es eso o Fernando actúa muy bien y si sabe lo que planea.
dijo Camila, secándose las lágrimas
—Pero no puedo confrontarlo, Norma. No sin saber si Rafael está involucrado.
—¿Y si no lo está?
preguntó Norma
—¿Y si Rafael es inocente y tú lo estás alejando por nada?
Camila sintió que el corazón se le encogía.
—No sé, Norma. No sé nada. Solo sé que duele. Duele tanto que no puedo respirar.
Norma la abrazó con fuerza.
—Vamos a salir de esta, Camila. Pero necesitas ser fuerte. Necesitas investigar, buscar pruebas, y descubrir la verdad antes de que sea demasiado tarde.
Camila asintió, sintiendo una determinación renovada.
—Tienes razón. No puedo quedarme llorando. Tengo que hacer algo. Tengo que proteger a Rafael, si es inocente. Y tengo que detener a Fernando antes de que cumpla su plan.
—¿Por dónde empezamos?
preguntó Norma.
Camila miró por la ventana, hacia el atardecer que teñía el cielo de rojo. Sabía que el tiempo se agotaba, que el día en que sería la boda se acercaba y que Fernando ya estaba tramando su plan.
—Primero
dijo, con voz firme
—vamos a reunir pruebas. Vamos a investigar a Fernando, a Rubén y a Tadeo. Vamos a descubrir sus secretos. Y cuando tengamos todo, vamos a exponerlos.
Norma asintió.
Cuenta conmigo.
Camila apretó los puños, sintiendo que el dolor se transformaba en fuerza. No sabía si Rafael estaba involucrado o no. Pero sabía que, pase lo que pase, esta vez no se callaría. Esta vez, lucharía.