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Madrastra por contrato, esposa de verdad

Madrastra por contrato, esposa de verdad

Status: Terminada
Genre:CEO / Matrimonio contratado / Amor tras matrimonio / Padre soltero / Completas
Popularitas:528k
Nilai: 4.8
nombre de autor: Ruby_Blair

Renata Paredes siempre ha sido la hija menos querida de su familia. Cuando el negocio de su padre queda al borde de la ruina, la obligan a aceptar un matrimonio de conveniencia con Damián Valcárcel, el frío e inalcanzable presidente del poderoso Grupo Boreal.
El acuerdo parece sencillo: mantener las apariencias, no enamorarse y cuidar de Toñito, el pequeño hijo de Damián, que está decidido a convertirle la vida en un infierno.
Pero Renata no esperaba que aquel niño rebelde fuera el primero en elegirla. Tampoco que, detrás de la indiferencia de Damián, hubiera un hombre dispuesto a protegerla cuando todos los demás le daban la espalda.
Entre secretos familiares, celos, heridas del pasado y una mujer decidida a recuperar el lugar que abandonó, Renata tendrá que luchar por el único hogar que alguna vez sintió suyo.
Él se casó con ella por un acuerdo.
El niño la llamó mamá.
Y, sin darse cuenta, los tres se convirtieron en una familia de verdad.

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Capítulo 12

Capítulo 12 — Regreso a la Casa Paredes

El tercer día de casada amaneció con olor a café y a pan tostado, y con Toñito recuperado, sano y peligroso otra vez, sentado frente a su tazón con la cara de quien planea algo.

—Tía fea —dijo, meciendo las piernas bajo la silla—. ¿Estás a dieta para que mi papá se enamore de ti?

Escupí la leche de soya sobre el mantel.

—¡Toñito! —tosí—. ¿De dónde sacas eso?

—La mamá de Fabi hace dieta para que el papá de Fabi la mire —explicó él, muy serio, con la lógica implacable de los cinco años—. Pero a ti no va a servirte. Mi papá no mira feo.

*Este niño va a ser abogado o va a ser un problema. Probablemente las dos cosas.*

Damián no levantó la vista del periódico. Pero cuando yo todavía me limpiaba la barbilla con la servilleta, dejó caer, con la misma naturalidad con que se pide más azúcar:

—Después de dejar a Toñito en el jardín, los acompaño a la Casa Paredes.

Me quedé con la servilleta a media cara.

—¿Perdón? —dije, y odié cómo me salió la voz, como la de una tonta a la que le regalan algo.

—Es la visita de recién casados —dijo él, doblando el periódico—. Corresponde ir juntos. No hagas de esto un drama.

*No estoy haciendo un drama. Es que ayer lloré por teléfono porque estaba segura de que dirías que no.*

Y ahí, como si me hubiera leído el pensamiento —y vaya que lo había hecho—, me miró por encima de la taza.

—Anoche, cuando hablabas con tu amiga —dijo, sin una gota de vergüenza—, la próxima vez que hables mal de alguien a sus espaldas, cuida tu método. Las paredes de esta casa son delgadas.

Se me subieron los colores hasta la raíz del pelo.

—Estabas... ¿me estabas escuchando?

—Pasaba por el pasillo.

—Eso no es lo mismo que...

—Termina tu leche —cortó, poniéndose de pie—. Nos vamos en veinte minutos.

Y se fue con esa espalda recta e insoportable, dejándome roja de vergüenza y, en el fondo, en algún rincón que no pensaba admitir en voz alta, extrañamente aliviada. *Vas a venir. Lo escuchaste todo, y vas a venir de todos modos. Ni tú entiendes por qué, ¿verdad, Damián?*

La Casa Paredes se puso sus mejores galas para recibir al yerno millonario. Marisol había mandado poner flores frescas hasta en el baño. Mi padre estrenaba corbata. Y en el recibidor, como una trampa perfumada, esperaba Daniela.

—¡Cuñado! —canturreó, deslizándose hacia Damián con un vestido que le quedaba dos tallas más ceñido que su recato—. Qué gusto tenerte aquí. Bienvenido a la familia.

Le tendió las dos mejillas, se le acercó un centímetro de más, le clavó esa mirada que yo conocía de toda la vida, la que usaba con todo lo que quería quitarme. Marisol, detrás, la empujaba suavemente hacia él con una mano en la espalda, con la dulzura envenenada de siempre.

—Dani, no agobies al cuñado —dijo Marisol, agobiándolo—. Es que mi niña es tan cariñosa.

Damián le devolvió el saludo con una inclinación de cabeza de exactamente cero grados centígrados. Ni frío ni cálido: ausente. Ni la miró. Y yo, que debería haber sentido celos, sentí sobre todo un cansancio viejo. *Sírvele en bandeja al cuñado, mamá. Total, para eso me trajiste a mí primero, ¿no? Como puente.*

Mi padre no perdió el tiempo. Con la excusa de "una partidita de ajedrez entre hombres", se llevó a Damián al piso de arriba. No hacía falta ser adivina para saber que en ese estudio no se movería ni un peón. Lo que se movía, siempre, en esa casa, era el dinero.

Mientras ellos negociaban arriba, Marisol me sentó a su lado en el sofá bueno, el que solo se usaba cuando había que impresionar, y me tomó de la mano con una ternura que no me tocaba desde que era huérfana de madre.

—Renata, mi amor —ronroneó—, se te ve tan elegante de casada. Yo siempre supe que ibas a saber acomodarte. —Me apretó los dedos—. Ahora que eres de la familia Valcárcel, no te olvides de nosotros, ¿eh? La sangre es la sangre.

*La sangre es la sangre. Qué curioso que solo te acuerdes de eso cuando hay una fortuna de por medio, mamá.*

—Nunca me olvido de dónde vengo —dije, y era verdad, aunque no como ella la entendía.

Daniela, sentada enfrente, jugaba con su teléfono fingiendo no escuchar, pero cada dos por tres levantaba la vista hacia la escalera por donde había subido Damián.

Bajaron media hora después. Mi padre venía radiante, casi flotando, dándole palmaditas en el hombro a un yerno que aguantaba el contacto físico como quien aguanta la lluvia. La cara de Ricardo lo decía todo antes que la boca: Damián había aceptado inyectar capital en Comercial Paredes.

*Y ahí está. Por eso sonríes, papá. No por verme casada. Por verte salvado.*

—Renata —me dijo mi padre en un aparte, con esa efusividad que solo aparecía cuando yo servía para algo—, casarte con este hombre fue lo más inteligente que hiciste en tu vida. No lo eches a perder.

—Sí, papá —dije, porque era más fácil que la verdad.

Nos despedimos antes del anochecer. En la puerta, mientras yo abrazaba a mi padre por compromiso, alcancé a oír a Marisol susurrarle a Daniela detrás del cortinaje, creyendo que nadie escuchaba:

—Si hubiéramos sabido que el cuñado era tan guapo, te habríamos mandado a ti en su lugar.

Se me heló la sangre. Pero antes de que yo pudiera decir algo, mi padre, que venía saliendo detrás, las oyó también. Y por una vez en la vida su voz dura sirvió para algo:

—Ni se les ocurra hacer estupideces —dijo, en voz baja y filosa—. Ninguna de las dos.

Las dos se callaron. Yo me subí al auto y miré por la ventanilla el jardín de mi infancia haciéndose pequeño.

*Bienvenida a casa, Renata. Donde tu hermana codicia a tu marido, tu madrastra le pone precio a tu cara, y tu padre solo alza la voz cuando le tocan el negocio.*

Damián condujo en silencio todo el camino. En un semáforo, sin mirarme, dijo:

—Tu familia es transparente. Casi lo agradezco.

No supe si era un insulto o un consuelo. Con él nunca se sabía.

De vuelta en la Villa, con Toñito ya dormido, el cansancio me tumbó en el sofá del salón. Me prometí cerrar los ojos solo un minuto. Estaba a medio camino del sueño cuando oí pasos, y una voz nueva, masculina, divertida, inclinándose sobre mí.

—Uy, Dami, ¿esta es? —dijo el desconocido, examinándome como a un cuadro en un museo—. Pues mira, sí que tiene cara de madrastra de cuento, ¿eh? De las que envenenan manzanas.

*Ah. Un gracioso.*

—Gracias por el cumplido —dije, sin abrir los ojos.

El pobre hombre pegó un salto hacia atrás que casi tira la lámpara.

—¡Ay, madre! ¡Está viva! —chilló, con la mano en el pecho—. ¡Dami, tu esposa habla dormida!

Abrí un ojo. Frente a mí, con una camisa hawaiana que ofendía a la decoración entera de la casa y una sonrisa de niño castigado, estaba el que solo podía ser Facu. Detrás, apoyado en el marco de la puerta, con algo que en cualquier otra persona habría sido el amago de una sonrisa, estaba Damián.

—Renata —dijo él—. Este payaso es Facundo. Ignóralo, es lo que hacemos todos.

—Encantado, madrastra —dijo Facu, tendiéndome la mano con una reverencia teatral—. Mi novia Angie te va a adorar. Le encanta la gente que asusta.

Y por primera vez en tres días, en esa casa de hielo, me reí de verdad.

Pero esa noche, mientras la risa de Facu todavía me tibiaba el pecho, no podía sacarme de la cabeza el susurro de Marisol en el cortinaje ni la mirada de Daniela clavada en mi marido como una aguja.

Porque las estupideces, en mi familia, nunca eran una advertencia.

Eran una promesa.

1
cristina diaz
por ser una historia tan larga la escritora pierde la noción del tiempo el cual no coincide con lo que narra si rodrigo se fue al quedar Fernanda embarazada hace ocho años, Toñito no puede tener cinco
Belkis Yepez
por Dios escritora,como le va a quedar en la boca comida de la cena anterior ???
DAINADIE ZAMOR
🤭🤭 Que pilas y barato le salio
cristina diaz
Mimi debería quedarse con Leo y Juaco
Rosaura Román
todos tienen derecho de cambiar
cristina diaz
muy larga para un tema que no quiere avanzar
Verónica Zavala Hernandez
Que hermosa historia felicidades nuevamente autora es demasiado enganchados desde el. Principio hasta el final FELICIDADES!!!! qué sigan tus éxitos y mira lo que era un contrato termino sellado para toda la vida...lograron hacer lo que no creían qué pudieses logra r una familia llena de amor con dos hijos y ellos se curaron más bien sanaron
Alejandra Mabel Miño
Preciosa historia felitaciones gracias por compartir!!
Rosaura Román
Rodrigo se va con Fernanda
Verónica Zavala Hernandez
Auh Auh uah saben pienso que el hermano es el papá de toñito, y se va a destapar la verdad no quiere que sepa su mamá pero siento que ella lo sabe es por eso que se comporta así que hermosa historia felicidades autora 🥰👏
Bea Tastro
a esta protagonista la dejaron caer al nacer.
Luisa Casallas
Cuando hay dinero de por medio, hacen lo que sea por obtenerlo. A todo esto le llamó avaricia no amor puro que dice tener la tal Fernanda 😡
Luisa Casallas
Pobre toñito tener que pasar por malas decisiones que los adultos cometen. Por no saber afrontar las concecuencias de lo que se venía. 🤦🤔
Francisca Daniela Jimenez Valdes
la comprendo totalmente, que clase de confianza puede tener la chica en él cuando lo único verdadero que ha salido de su boca fue para salvarse?😔
Nelida Romero
al principio iba a la escuela y después de dos años todavía sigue con cinco años
Francisca Daniela Jimenez Valdes
o sea que él si quiere algo con ella 😳
Francisca Daniela Jimenez Valdes
está siendo demasiado amable para mí gusto 🤔
veamos en qué parará todo esto
Rita Liranzo Alcántara
Me encanta de principio a fin.
Rosaura Román
Ella no ha debido entregar la empresa
Mary Olivera
al fin termino muy linda pero muy larga me canse de leer
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