holis buenas como están espero que estén bien y si no entren a leer y en breve lo estarán los amo❤️
les quería comentar que está saga contará con diferentes temporadas la cual cada una sería un tomo iré actualizando y demás conforme vaya escribiendo ❤️
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Capítulo 11 – Las cosas pequeñas
Hay algo distinto en el silencio de un hogar cuando es completamente tuyo. No ese silencio incómodo de las casas compartidas con gente que no te quiere o no te escucha. Este es otro tipo de silencio. Uno que dice: “Estás a salvo por ahora”.
Roma camina descalzo por su departamento. Todavía huele a pintura, a madera recién lustrada y a un poco de cigarro de la inauguración. En la cocina, hay dos tazas con marcas de café y una olla que no pensó en lavar anoche. No le molesta. En realidad, le causa algo parecido al orgullo. Esas cosas son suyas. Sus pequeños rastros de existencia.
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Amaneceres nuevos
Esa mañana se despierta antes que el sol. Se hace un café fuerte, como le gusta, y mientras lo toma apoyado en el marco de la ventana, mira cómo la ciudad empieza a estirarse. Al lado, sobre una repisa improvisada, un libro de poesía que Emily le regaló. Aún no lo abrió. Tal vez hoy, piensa.
El vapor del café empaña el vidrio por un instante. Roma dibuja con el dedo una palabra: hogar. La borra rápido, pero sonríe.
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Rutinas que sostienen
Durante la semana, sus días se parecen bastante entre sí: desayuna algo simple, se ducha, se viste con ropa cómoda y se va a trabajar. El bar se ha convertido en un segundo hogar. Hay risas, hay gente que lo llama por su nombre —Roma— como si nunca hubiera sido otro. A veces lo abrazan sin pedir permiso, a veces le comparten un cigarro o lo invitan a salir después del cierre. No siempre acepta, pero saber que lo invitan ya es suficiente.
Al volver, sus pasos por fin no son livianos por miedo, sino porque el cuerpo le pide descanso. Llega, se quita los zapatos, pone música bajita y cocina cualquier cosa que encuentre en la heladera. A veces solo mate cocido con pan. A veces algo que vio en TikTok. Siempre algo que se come en el sillón, con los pies arriba de la mesa.
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Visitas inesperadas
Una noche llega Emily sin avisar. Tiene cara de que necesitaba un poco de silencio compartido.
—¿Te molesta si me quedo? —pregunta, ya dejando la mochila en el piso.
—Obvio que no, Emi —responde Roma, y le hace lugar en el sillón.
Pasan horas viendo películas viejas. Hablan poco, se ríen mucho. Terminan durmiendo ahí mismo, tapados con una manta que no alcanza para los dos. Pero no importa.
Otro día, Sofía cae con empanadas y la noticia de que aprobó un parcial que le tenía los nervios destrozados. Roma le abre la puerta y la abraza con fuerza, como si fuera su logro también. Esa noche brindan con cerveza barata y hablan de la vida, de lo que fue y de lo que todavía no saben.
Noches solas
Y hay noches solas, también.
No tristes, no amargas. Solas. Con las luces bajas, la televisión de fondo, Roma escribiendo algo en su cuaderno que tal vez nadie leerá. Con los ojos brillosos, sin lágrimas, solo esa sensibilidad suave que aparece cuando todo está quieto.
A veces se maquilla sin razón. O se prueba ropa de otra temporada. Juega con su imagen como quien prueba personajes, sabiendo que todos son verdaderos.
En esas noches, Roma descubre que el silencio puede ser compañía. Que no necesita llenar cada espacio con ruido. Que estar solo no significa estar vacío.
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Epílogo del mes
Roma está bien. Todavía se siente frágil, a veces, como una pared que se ha vuelto a levantar después del derrumbe. Pero ya no teme tanto al viento.
Por ahora, tiene un hogar. Y eso, en esta etapa de su vida, es más que suficiente.