BL!!
¿Castigar a tu lobo por llamar destinado al vampiro que se casará con tu hermana?
¿Negar el instinto , los celos y la decepción de un lobo?
Para Nyx que su lobo llame destinado a Lazarus es un error, solo es un chupasangre engreído que se casara con su hermana por el bien de ambos reinos , ¿porque importarle?
Lo mejor sería negarlo y solo proteger su reino de la amenaza externa que advierte que le quitarán su alma……
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Negación
Nyx no volvió a hablar con Lazarus aquella noche.
Después de regresar al castillo, se encerró en sus habitaciones y dejó la espada sobre la mesa.
No quería pensar.
Mucho menos sentir.
—Esto es absurdo —murmuró.
Su lobo permanecía inquieto dentro de él.
Destinado.
Nyx cerró los ojos.
—No.
Destinado.
—Te dije que no.
La respuesta fue un gruñido suave.
Nyx se sentó al borde de la cama.
—No siento nada por él.
Su lobo volvió a insistir.
Destinado.
—¡No!
Se levantó de golpe.
—No voy a seguir este juego.
Aquello no podía estar sucediendo.
Un vínculo destinado era algo sagrado para los lobos. Algo que no se podía ignorar fácilmente.
Pero Nyx se negaba a aceptarlo.
Lazarus era un vampiro.
Un enemigo natural.
El príncipe que llevaba días provocándolo.
Y ahora, además, se suponía que debía convertirse en el esposo de Isolde.
No había ninguna posibilidad.
—Si realmente es mi destinado —dijo Nyx con firmeza—, entonces tendrás que aprender a vivir sin él.
Su lobo se quedó en silencio.
Nyx respiró profundamente.
—Y si vuelves a pedirme que vaya hacia él… no saldrás.
Aquello era una amenaza extraña.
Pero su lobo entendió perfectamente.
Nyx tenía control sobre cuándo permitirle tomar forma.
Y estaba dispuesto a negárselo.
Durante los siguientes días, cumplió su palabra.
Cada vez que su lobo reaccionaba al aroma de Lazarus, Nyx lo reprimía.
Cada vez que escuchaba aquel susurro interior llamándolo destinado, se negaba a transformarse.
Incluso dejó de salir a correr bajo la luna.
Su lobo comenzó a inquietarse.
Pero Nyx no cedió.
—No necesito ese vínculo —decía.
Y cuanto más lo repetía, más intentaba convencerse de que era verdad.
También comenzó a evitar a Lazarus.
Si sabía que los vampiros estaban en el ala este, él iba al oeste.
Si Lazarus estaba entrenando con los guardias, Nyx encontraba otra actividad.
Si sabía que ambos cenarían juntos, inventaba alguna excusa para retirarse.
No quería verlo.
No quería escuchar su voz.
Y definitivamente no quería descubrir qué ocurriría si su lobo volvía a reaccionar delante de él.
Mientras tanto, Lazarus y Isolde comenzaron a pasar más tiempo juntos.
Caminaban por los jardines.
Conversaban durante las comidas.
Incluso habían comenzado a entrenar juntos algunas tardes.
Nyx los observaba ocasionalmente desde lejos.
Y cada vez que lo hacía, sentía aquella irritación.
Pero se obligaba a apartar la mirada.
Es mi hermana.
Eso era todo.
Mientras Isolde estuviera bien, no tenía motivos para intervenir.
Una tarde, ella entró en la habitación de Nyx.
—¿Puedo pasar?
—Ya estás dentro.
Isolde sonrió.
—Sigues de mal humor.
—No estoy de mal humor.
—Llevas cuatro días respondiéndome eso.
Nyx la miró.
—¿Lazarus te está tratando bien?
Isolde levantó una ceja.
—Ah.
—¿Qué?
—Nada.
—Isolde.
Ella soltó una pequeña risa.
—Sí, Nyx. Me trata bien.
Él asintió.
—¿Te sientes incómoda?
—No.
—¿Te obliga a algo?
—No.
—¿Te ha faltado el respeto?
—Tampoco.
Nyx finalmente relajó los hombros.
—Entonces está bien.
Isolde lo observó unos segundos.
—¿Eso era todo?
—Sí.
—Porque parecías bastante preocupado.
—Soy tu hermano. Es normal.
Isolde sonrió con ternura.
—Lo sé.
Se acercó y le dio un pequeño golpe en el hombro.
—Además, si alguna vez algo me incomoda, serás el primero en saberlo.
—Prométemelo.
—Te lo prometo.
Nyx asintió.
Eso era suficiente.
Si Isolde estaba bien, él no tenía nada que hacer allí.
Podía dejar que Lazarus se acercara a ella.
Podía permitir que sus padres siguieran con aquella idea de unir los dos reinos.
Y podía ignorar aquello que su lobo insistía en repetir.
Destinado.
Nyx apretó los dientes.
—No siento nada —susurró.
Pero, desde algún lugar profundo de su alma, su lobo respondió con un silencio que se parecía demasiado a una decepción.