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Cien Años Para Encontrarte

Cien Años Para Encontrarte

Status: En proceso
Genre:Maldición / Amor eterno / Reencuentro
Popularitas:837
Nilai: 5
nombre de autor: (⁠⁠^⁠‿⁠^⁠) Nany 。⁠◕⁠‿⁠◕⁠。

Algunas almas necesitan más de una vida para encontrarse...
Algunas promesas sobreviven al tiempo.
Algunas heridas nunca terminan de cerrar.
Y algunas maldiciones esperan pacientemente el momento de cumplirse.
Gideon Huxley lleva más de un siglo viviendo bajo el peso de un pasado que se niega a desaparecer.
Hasta que un encuentro fortuito despierta en él un recuerdo que creía perdido para siempre.
Porque quizá el destino no se haya equivocado de camino.
Quizá simplemente haya esperado cien años para volver a encontrarlos.

NovelToon tiene autorización de (⁠⁠^⁠‿⁠^⁠) Nany 。⁠◕⁠‿⁠◕⁠。 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Casa de Moda

Elara salió de casa sin desayunar; llevaba una prisa tremenda. Un cliente importante había adelantado su cita a última hora y ella ya acumulaba diez minutos de retraso.

—¡Por qué justo hoy, caramba! —se quejó entre dientes mientras terminaba de abrochar el cinturón de seguridad a Gael.

—Tía, mamá no quiere que...

—Lo sé, cariño, pero hoy no tengo otra opción —lo interrumpió Elara con suavidad pero con firmeza, encendiendo el motor del auto.

A Colette le desagradaba profundamente que llevara a los niños al trabajo, pero Elara no pensaba dejarlos solos bajo ninguna circunstancia.

Quince minutos después, tras sortear el tráfico de la mañana, entraron corriendo al estudio.

—Por favor, esperen aquí y pórtense bien. Dante... —Elara miró al mayor de los niños, quien enseguida se cruzó de brazos, refunfuñando.

—Está bien, tía, yo vigilaré a mi hermano —asintió resignado.

—Gracias, cariño, eres un gran hermano.

Elara le lanzó un beso con la mano, salió apresurada al pasillo y buscó de inmediato a su compañera de trabajo.

—Mila, por favor, ¿Los miras por un momento?

-Ve, ve tranquila, yo los vigilo -respondió Mila con una sonrisa comprensiva, encaminando ya hacia el cubículo de Elara para hacerles compañía a los niños.

Elara salió del ascensor alisando la falda larga con un gesto rápido. Caminó a toda prisa por el pasillo y llamó a la puerta con suavidad.

-Adelante.

Al abrir, Elara entró dibujando una sonrisa profesional y saludó a ambas mujeres con una leve inclinación de cabeza.

-Señorita Huxley, ella es Elara, nuestra mejor modista -la presentó su jefa de inmediato.

Charlotte asintió con una amabilidad, desprovista de la altivez que solía caracterizar a las mujeres de su posición. Después de todo, Charlotte era una heredera multimillonaria gracias a la inmensa fortuna de su abuelo, Gideon. En los círculos de la alta sociedad y los negocios, todos creían que Gideon era en realidad su hermano mayor, pues el tiempo parecía no tocarlo jamás. El patrimonio familiar se cimentaba sobre una prestigiosa firma de relojería y joyería de lujo, además de una vasta red de inversiones inmobiliarias que se extendía por todo el país.

...

Después de cuarenta minutos de elegir telas de seda y discutir los bocetos, Elara terminó de tomar las últimas medidas de Charlotte; se trataba de un exclusivo vestido de compromiso.

-En el transcurso de la semana puede pasar para la primera prueba -indicó Elara con tono profesional.

-Excelente, muchas gracias.

-No hay por qué, señorita Huxley -respondió volviendo a asentir con amabilidad, antes de retirarse de la oficina principal con sus anotaciones en mano.

Diora, la dueña del estudio, era una amiga cercana de la cuñada de Charlotte, y había sido ella quien la recomendó personalmente. Charlotte no podía estar más agradecida: le había encantado el trato cálido de Diora y, sobre todo, el talento y la delicadeza de Elara.

Cuando Elara caminaba a toda prisa por el pasillo y estaba a punto de entrar al ascensor, las puertas del elevador contiguo se abrieron de par en par. De él emergió un hombre imponente, de presencia y elegancia atemporal. Elara, concentrada en sus horarios, no llegó a reparar en él, pero él sí se fijó en ella. Aunque no alcanzó a verle el rostro, se giró de inmediato para seguirla con la mirada; algo en su silueta, en la cadencia de su paso, llamó poderosamente su atención por primera vez en décadas. Gideon frunció el ceño, sintiendo un extraño vuelco en el pecho, pero sacudió la cabeza y continuó con paso firme hacia la oficina.

Ya en el interior de la oficina, Charlotte se apresuró a presentar a Gideon con Diora. Él, manteniendo su habitual semblante serio, reservado y misterioso, le restó importancia al protocolo y apenas devolvió el saludo con un frío gesto de cortesía. En realidad, solo estaba allí porque su nieta se lo había pedido insistentemente; irían juntos a la cata de pasteles para la boda, dado que Beltrán se había quedado varado por el retraso de un vuelo comercial.

Beltrán no solo era el prometido de Charlotte, sino también la mano derecha de Gideon en los negocios y la cara pública de todas sus corporaciones. Al no envejecer, Gideon jamás se mostraba ante la prensa ni asistía a eventos masivos para evitar sospechas.

Aparte de la línea directa de sangre de los Huxley, Beltrán y su hermana, eran los únicos sobre la Tierra que conocían la verdadera condición de Gideon. No era un secreto fortuito: la familia de Beltrán había trabajado de manera incondicional para Gideon durante generaciones, actuando como guardianes de su patrimonio y protegiendo el misterio de su inmortalidad frente al escrutinio del mundo moderno.

-¿Nos vamos, Charlotte? -preguntó Gideon con voz profunda, interrumpiendo las atenciones de Diora. Tenía prisa por salir, pues la extraña sensación que había sentido en el pecho al bajarse del ascensor aún lo mantenía extrañamente inquieto.

De camino a la pastelería, mientras el chófer sorteaba el tráfico de la ciudad, Charlotte decidió indagar nuevamente sobre el misterioso objeto que su abuelo siempre intentaba desaparecer.

-Abuelo, ¿por qué lo quieres vender? Has intentado por años deshacerte de ese medallón y siempre, de una forma u otra, ha vuelto a ti.

-No es asunto tuyo, Charlie -respondió él con la mirada fija en el ventanal, su tono gélido cortando el aire-. Y es mejor que comiences a llamarme por mi nombre.

-Pero si estamos solos aquí atrás -replicó ella, frunciendo el ceño con frustración.

-No importa, te falta costumbre -la atajó Gideon sin mirarla-. Un solo desliz en público y no sabrás cómo explicarlo.

Charlotte suspiró y guardó silencio, sabiendo que era inútil discutir con el hombre que lo había visto todo.

...

De regreso en su taller, Elara se dispuso a avanzar con sus otros encargos de costura. Mientras tanto, los niños jugaban tranquilamente en la alfombra de su cubículo bajo la atenta y cómplice mirada de Mila.

A diferencia de la opulencia y el misterio que rodeaban a la familia Huxley, la realidad de Elara era la de una mujer de clase media que se ganaba la vida con el sudor de su frente. Además de su exigente trabajo, se desvivía por ayudar a su hermana Colette con la crianza de los niños desde que esta se había quedado sola. Tras perder a sus padres, ellas no tenían a nadie más en el mundo; solo se tenían la una a la otra.

Cerca del mediodía, el teléfono de Elara comenzó a vibrar. Era una llamada de su hermana.

📲-Elara, ¿dónde están los niños? -preguntó Colette con un deje de preocupación en la voz.

📱-Ya estoy saliendo para la casa -la interrumpió Elara de inmediato, sin darle tiempo a replicar o a iniciar una discusión sobre haberlos llevado al estudio.

Eran las once y media de la mañana. Aunque su hora oficial de salida para almorzar era a las doce, Elara tenía todas sus entregas al día y a tiempo, por lo que Diora no tuvo ningún inconveniente en permitirle retirarse antes. Aprovecharía el viaje para llevar a sus sobrinos de vuelta a casa y, de paso, compraría algo de comer en el camino para avanzar con el día.

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