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La Esclava Del Conquistador

La Esclava Del Conquistador

Status: En proceso
Genre:Romance / Mujer poderosa / Viaje a un mundo de fantasía
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

La esclava del conquistador

Khadir, el conquistador más temido del continente, jamás ha perdido una guerra. Reyes se arrodillan ante él, imperios caen bajo su espada y todo aquello que desea termina perteneciéndole. Hasta que encuentra a Mila.

Capturada tras la caída de su reino, Mila es entregada como esclava al hombre que destruyó todo lo que amaba. Khadir espera quebrar su voluntad como ha hecho con miles de enemigos, pero descubre que ella es distinta. Ni las cadenas, ni las amenazas, ni el poder absoluto consiguen doblegarla.

Lo que comienza como una lucha entre amo y esclava se convierte en una peligrosa batalla de voluntades, donde cada victoria tiene un precio y cada derrota deja cicatrices imborrables.

En un mundo gobernado por la guerra, la conquista y la ambición, solo uno podrá imponerse... porque el mayor imperio jamás será una ciudad, sino el corazón del enemigo.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La voz que no calla

Mila permaneció en el cobertizo de leña durante una semana. Siete días. Siete noches. El tiempo dejó de medirse en horas y empezó a contarse por silencios, por frío, por la pura y terca resistencia de quien no se rinde.

No gritó. No golpeó la puerta. No suplicó libertad ni perdón ni nada. Simplemente… permaneció allí. Y cada noche, cuando la oscuridad se filtraba por las rendijas y el frío calaba los huesos, cantaba. Siempre la misma melodía, siempre las mismas palabras, fluyendo suaves y firmes de sus labios. Como si las repitiera una y otra vez esperando que, al decirlas tanto, terminaran por volverse verdad.

—Puedo amarme a mí misma…

—Mejor de lo que tú jamás podrás hacerlo.

Y cada noche, Khadir escuchaba. Plantado fuera de la puerta, oculto entre las sombras de los árboles, sin entrar, sin interrumpir, sin decir una sola palabra. Pero tampoco se iba. Se quedaba allí hasta que la voz de ella se apagaba, hasta que solo quedaba el viento entre las ramas, y entonces regresaba al palacio con el ánimo cada vez más pesado.

Una semana después…

Khadir permanecía inmóvil en su estudio, como una estatua. Sobre la mesa de roble se acumulaban informes de los guardias, tratados pendientes, noticias de enviados extranjeros. Todo intacto. La tinta fresca, los sellos sin romper. No miraba ninguno de esos papeles. Su mente estaba en otro lugar, atrapada en el eco de una voz que no lograba apartar de su cabeza.

—Mi señor…

La voz lo devolvió al presente. La señora Cloth permanecía en el umbral con una bandeja: sopa caliente, pan recién horneado, una infusión de hierbas. Sencillo. Necesario. Como todo lo que había hecho en el palacio durante décadas. Entró y dejó la bandeja en un rincón del escritorio, observándolo con ojos que habían visto mucho más de lo que la mayoría imagina.

—¿Está bien?

Khadir no respondió de inmediato. La miró, sereno por fuera, midiendo la pregunta como si sopesara pruebas en un juicio.

—Señora Cloth… —dijo al fin, con voz pausada—. Usted es mujer.

—Así es, mi señor —respondió ella, arqueando levemente una ceja.

—Explíqueme algo. —Entrelazó las manos a la espalda—. ¿Por qué actúa así?

La mujer lo estudió en silencio. Luego, una sonrisa suave y sabia le apareció en los labios.

—¿Se refiere a la joven?

Khadir no respondió, pero no era necesario.

—Quizá… porque es joven —dijo ella con calma—. Y está sola.

—Eso no lo explica todo —replicó él, cortante.

—Está en tierra extraña —continuó ella sin inmutarse—. No conoce a nadie. No reconoce nada. Todo lo suyo ha desaparecido.

—Es una esclava —dijo él, endureciendo el tono—. Su deber es obedecer.

La señora Cloth no discutió, pero tampoco retrocedió. Lo miró a los ojos con firmeza.

—Su reino fue destruido. —Hizo una pausa—. Su familia… probablemente también.

Khadir la miró de golpe, apretando la mandíbula.

—Es la guerra. Siempre ha sido así.

—Cierto, mi señor —respondió ella suavemente—. Pero saberlo no lo hace menos doloroso. —Miró hacia la ventana, donde el sol empezaba a ocultarse—. Cualquier persona… se habría quebrado.

—¿Solo eso? —preguntó él, confundido—. Ustedes… sufren por cosas que no pueden cambiar. Se aferran a lo que ya no existe. Lloran por todo.

La señora Cloth lo miró con seriedad.

—No lloramos por todo. —Hizo una pausa, eligiendo bien las palabras—. Lloramos por lo que importa.

El silencio se tensó en la habitación.

—Y a veces… —continuó ella— no es porque no podamos cambiarlo. Es porque no queremos olvidarlo.

Khadir se detuvo. Por un instante, algo en su mirada se suavizó, antes de que pudiera ocultarlo. Ella lo vio.

—Mi señor… permítame hablar con franqueza… —Él no dijo que sí ni que no, pero no la hizo retirarse—. No sea tan duro con ella. Usted destruyó toda su vida. Su reino. Su gente. Su familia. —Hizo una pausa—. Si fuera usted… ¿qué haría?

La pregunta quedó suspendida, incómoda, obligándolo a mirar lo que había evitado.

—Un espíritu roto… —añadió ella, casi para sí— es difícil de reparar.

Khadir la miró a los ojos.

—Ella no está rota —dijo, con voz baja pero firme, como si afirmarlo lo hiciera verdad—. No lo está.

La señora Cloth asintió con respeto. Tomó la bandeja, ya fría, y se dirigió a la puerta. Antes de salir, se volvió una última vez.

—La sopa se ha enfriado, pero mandaré preparar otra. Debe comer, mi señor. Incluso los corazones más fríos necesitan alimento.

Se fue. El silencio volvió al estudio, más denso que antes. Khadir permaneció inmóvil, pasando los dedos por la superficie del escritorio.

—Inútil… —murmuró, pero la palabra sonó vacía, sin convicción.

Esa noche, cuando la oscuridad cubrió el palacio y el bosque, volvió al cobertizo. Caminó el camino de siempre, sin hacer ruido sobre la tierra húmeda. Se detuvo ante la puerta, con la mano suspendida en el aire. Silencio. Por un instante pensó que no cantaría. Que al fin se había rendido. Pero entonces la oyó:

—Puedo amarme a mí misma…

—Mejor de lo que tú jamás podrás hacerlo.

Apretó el puño. Cerró los ojos un momento, dejando que el peso de todo lo hecho lo aplastara por un instante. Luego los abrió, recomponiéndose.

—Terca… —susurró al viento.

Pero no se fue. Se quedó allí entre las sombras, escuchando. Y por primera vez… no supo si romperla sería una victoria… o un error.

 

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BERNARDINA PASTELIN
desgraciado viejo😡😡😡
EspirituCreativo: Tranquila lectora... Y si es un viejo calculador
total 1 replies
BERNARDINA PASTELIN
🤔🤔🤔🤔🤔 menciona que viene del futuro
EspirituCreativo: Si lectora viene del futuro, vivió un tiempo como princesa del reino y se adapto pero no perdió su ímpetu
total 1 replies
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