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Ni de rodillas te perdono

Ni de rodillas te perdono

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Venganza / Venganza de la protagonista / Venganza de la Esposa / Juego de roles / Completas
Popularitas:152.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Leslie Michelle Gonz

Renata Linares pasó tres años en prisión por un crimen que jamás cometió. Maximiliano Bracamonte, el hombre al que amaba, creyó las mentiras de Bianca Sáenz, le destrozó la muñeca, la llamó asesina y la entregó a la policía por un supuesto aborto que nunca existió.
Cuando Renata recupera la libertad, ya no es la joven dispuesta a soportarlo todo por amor. Su abuelo le dejó el control de Grupo Linares y una oportunidad para recuperar el apellido, la fortuna y la dignidad que le arrebataron.
Mientras Renata reconstruye su imperio y reúne las pruebas para limpiar su nombre, las mentiras de Bianca empiezan a derrumbarse. El embarazo fue una farsa. El accidente que unió a Maximiliano con ella también. Incluso la mujer que le salvó la vida años atrás no fue Bianca, sino Renata.
Cuando Maximiliano descubre la verdad, ya es demasiado tarde. La mujer que destruyó por confiar en la persona equivocada ya no lo necesita.
Ahora él está dispuesto a enfrentarse a su familia, renunciar a su poder y arriesgar la vida para recuperarla. Pero Renata no salió de prisión para volver a ser la mujer que lo perdonaba todo.
Esta vez, Maximiliano tendrá que demostrar que su arrepentimiento vale más que sus palabras.
Y Bianca todavía guarda una última mentira capaz de acabar con ambos.

NovelToon tiene autorización de Leslie Michelle Gonz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Capítulo 8: Reencuentro en el hospital

La fiebre me subió al tercer día de instalada en mi recámara recuperada. Entre cargar cajas de Daniela por el pasillo, subir y bajar las escaleras con el brazo todavía en recuperación y no dormir bien por el peso de todo lo que estaba pasando, la herida se infectó sin que yo le pusiera atención hasta que ya no pude ignorarla.

No fue elegancia lo que me tumbó. Fue simple terquedad: seguí subiendo cajas y bajando escaleras, negándome a pedirle ayuda a nadie en esa casa, hasta que un mareo me sentó de golpe contra la pared del pasillo y ya no pude levantarme.

Doña Meche fue quien me encontró tirada ahí, ardiendo, y quien gritó pidiendo ayuda mientras tío Raúl, abajo, fingía no escuchar, y tía Marisol asomaba la cabeza por la puerta de la sala solo para preguntar si "esto iba a tardar mucho".

Desperté en un hospital privado, con suero en el brazo bueno y una enfermera anotando algo en una libreta. La puerta se abrió antes de que pudiera preguntar nada.

Max entró como si el hospital fuera suyo, sin tocar, con la cara tensa de quien acaba de manejar demasiado rápido.

—¿Cómo te enteraste? —pregunté, con la voz todavía ronca.

—Tengo gente que me avisa —dijo, sin dar más detalles, y algo en su tono me hizo entender que llevaba vigilándome más de lo que yo hubiera querido saber.

—¿Vigilancia que ya había retirado, según usted mismo dijo en el hospital?

No contestó. Se quedó de pie junto a la ventana, con las manos en los bolsillos, y por un instante pareció tan incómodo con su propia presencia ahí como yo lo estaba con la suya.

Detrás de él entró Bianca, con un vestido de un blanco imposible y una expresión de preocupación tan bien ensayada que casi me dieron ganas de aplaudirle.

—Renata, qué susto —dijo, acercándose a la cama con las manos juntas contra el pecho—. En serio, no sabes cuánto me alivia que estés bien. Yo sé que las cosas entre nosotras han sido... difíciles. Pero de verdad me importa que...

—Aléjate —dije, sin subir la voz—. No necesito tu preocupación, Bianca. Ni la falsa ni la que pudieras tener de verdad, que dudo que exista.

Se le borró la sonrisa un segundo, y en sus ojos pasó algo que no era dolor: era cálculo, la misma cosa fría que yo empezaba a reconocer detrás de cada una de sus lágrimas oportunas.

—Solo quería ayudar —murmuró, retrocediendo con el gesto perfecto de la mujer herida—. De verdad, Renata, no entiendo por qué me tratas así. Yo también he sufrido, ¿sabes? Perder un hijo no es algo que una supere fácil.

—No perdiste ningún hijo, Bianca —dije, sin alzar la voz, mirándola directo a los ojos—. Y las dos lo sabemos.

Fue apenas un segundo, pero até el gesto que le cruzó la cara: no fue indignación de inocente. Fue el parpadeo rápido de quien acaba de ser tocada exactamente donde no quería.

Max, incómodo con la escena, soltó sin pensarlo demasiado:

—No hace falta que te esfuerces tanto, Renata. De cualquier forma nunca vas a merecer que alguien te quiera de verdad. Después de lo que hiciste.

No respondí. Ya no me quedaban fuerzas ni ganas de explicarle, otra vez, que nunca hice nada. Lo miré con un cansancio que pesaba más que cualquier rabia, y ese cansancio, curiosamente, pareció incomodarlo más que un grito.

—————

La puerta se abrió de nuevo, esta vez sin anuncio. Julián Sáenz entró con una bolsa de farmacia en una mano y una canasta de fruta en la otra, y en cuanto me vio en la cama, la preocupación en su cara fue tan genuina que dolió por comparación.

—Me enteré hace media hora —dijo, dejando todo sobre la mesita—. Vine en cuanto pude.

—Julián.

Se sentó al borde de la cama, sin importarle quién más estuviera en el cuarto, y me tomó la mano buena.

—¿Cómo te sientes?

—Cansada de que todos crean que pueden decidir por mí —dije, con media sonrisa, y él sonrió también, un gesto cálido, sin cálculo detrás, tan distinto a todo lo demás que había en ese cuarto.

Fue entonces, con Julián sentado a mi lado sosteniéndome la mano, que até cabos que llevaba tres años sin nombrar del todo: fue él, mes tras mes, sin faltar una sola vez, quien manejó horas hasta Guadalajara para visitarme en la cárcel. Se sentaba del otro lado del vidrio con una paciencia que nunca flaqueó, y me llevó ropa, libros, noticias de fuera. Fue él quien nunca dejó de creerme.

Max, de pie junto a la ventana, se puso entre Julián y la cama con un movimiento casi involuntario.

—Déjala descansar —dijo, con una brusquedad que no venía a cuento.

—Ella puede decidir sola quién se queda y quién se va, Bracamonte —contestó Julián, sin levantar la voz pero sin ceder un centímetro—. O eso pensé que ya habías aprendido.

Bianca palideció, viendo a su propio hermano defender con esa devoción a la mujer que ella misma acusó de arrebatarle un hijo que nunca existió. Por primera vez desde que la conocía, no encontró palabra dulce para la ocasión; se quedó ahí, con la boca entreabierta, calculando algo que no logré descifrar.

—Vámonos, Max —dijo al fin, con la voz un poco menos firme que antes—. Tenemos la reunión con los del banco.

Se despidió apresurada, arrastrando a Max con ella hacia la puerta.

Antes de salir, Max se detuvo en la puerta y volteó a mirar hacia atrás una fracción de segundo de más, hacia mí, hacia Julián sentado a mi lado, con una expresión que no supo nombrar ni él mismo.

Después se fue, sin decir nada, dejando la pregunta flotando en el cuarto como algo que ninguno de los dos, ni él ni yo, sabía todavía qué hacer con ella.

Julián se quedó un rato más, contándome cosas sin importancia —el clima, un caso aburrido de la empresa familiar, cualquier cosa que no fuera Bianca ni Max— solo para que yo no tuviera que pensar en nada pesado. Antes de irse, ya de noche, se detuvo en la puerta.

—Renata —dijo, con una seriedad distinta a la de toda la visita—. Sé que mi hermana te hizo daño. Sé que probablemente nunca voy a poder compensarlo del todo. Pero mientras yo pueda evitarlo, no vuelve a acercarse a ti sin que tú lo permitas. Eso te lo prometo.

—No tienes que cargar con su culpa, Julián.

—No cargo con la suya. —Sonrió, cansado—. Cargo con la mía, por no haberla visto antes de que fuera demasiado tarde para ti.

Se fue, y me quedé sola con el zumbido del suero y una certeza nueva instalándose despacio: que en medio de todos los que me habían fallado, había uno solo que, sin pedir nada a cambio, nunca lo hizo.

1
Ana Cortes
deberia cambiarle el título a la novela porque a pesar de todo lo que le hizo Mark a Renata ella si lo perdono y se caso con él muy larga la novela y muy estúpida la protagonista y credula hasta el final de muy poco le sirvió los tres años en la carcel
Ana Cortes
A Renata hay que hacerle un machitun porque por dios que le pasan desgracias como que me esta cansando de seguir leyendo
Ana Cortes
esta Renata ya se esta pasando de ingenua a estúpida creerle a su prima
Olinda Elena Almeron Muñoz
Ya como que la han alargado más de la cuenta. Tal parece que el protagonista fuese medio gafo😂😂
Olinda Elena Almeron Muñoz
Ya como que la han alargado más de la cuenta. Tal parece que el protagonista fuese medio gafo😂😂
Daisy Mendez
ni yo tampoco, esta escritora como que no recuerda la secuencia de lo que ha escrito de la novela, hay muchas inconsistencias
Daisy Mendez
yo tampoco entiendo porque no saca a luz ese secreto de una vez, si con eso la desenmascara y prueba su inocencia
Romina
cayo redonditlo, patético
Ricarda Gomez
Me gustó este capítulo asta que por fin le dio donde le dolió a bianca🥰
Romina
si con todas las sospechas no entendiste... es que vivías en otro mundo
Mercedez Peréz
bueno deje su his


buenoo dejo su historia o mejor dicho lei muy poco y busque el ultimo capitulo para ver si algo cambio pero su protagonista igual de tonta bueno espero leer algo mejor de ud y no tan larga si no tiene un buen tema
Mercedez Peréz
pero escritora siempre lo mismo esta mujer ya cansa
Mercedez Peréz
ñla verfad ya cansa esta mujer es tonta o se ase no aprendio nada mucho bla bla y no ase nada
Mercedez Peréz
ssi es mary se supone que tendria que saber defenderse pero se ve que ez.bastante tonta..cualquiera la srrincona y no ase.nada no siempre la.vsn a defender. bueno leere.un.poco mas porque sigue.lo mismo dando buelta en lo mismo como va a.ser que descubrio tremendo robo del tio y quedo como aqui no paso nada
Olinda Elena Almeron Muñoz
No soy amiga de criticas negativas,pero realmente están pintando a los protagonistas como tarados mentales
Mercedez Peréz
bueno ya. bamos escritota como todas su protagonista empieza de nuevo con el y a otro con el ccuento.rdpero.que no y este equivocada
Romina
amiga 10 párrafos arriba decías que viajaron juntos 🤦🏻‍♀️
todavia no entiendp proqur sigo leyendo
Romina
haciéndose pasar?
vos te pasas de tarada
Romina
es evidente que la autora se olvidó que Daniela ya le había hecho lo mismo
Romina
corriendo ojo si tiene una bota por dios
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