¿Crees que el destino puede unir a dos personas en el peor momento de sus vidas?
NovelToon tiene autorización de Tania Margarita Salcedo Estrada para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 11: La persona que faltaba
El silencio dentro del túnel era insoportable.
Valeria miraba a Esteban.
Esteban miraba a Camila.
Y Camila observaba el lugar donde Sergio había desaparecido.
Pero ninguno entendía cómo el sobre había podido desaparecer.
—Tenemos que salir de aquí —dijo Esteban.
Valeria negó con la cabeza.
—No.
—Valeria…
—Primero quiero saber quién tomó el sobre.
Camila se acercó al lugar donde había caído la nota.
—Sergio no pudo llevárselo.
—¿Por qué? —preguntó Valeria.
—Porque cuando las luces se apagaron, él estaba delante de nosotros.
Esteban asintió.
—Y la única salida estaba detrás de nosotros.
Valeria comenzó a recordar.
Sergio apareció.
Las luces se apagaron.
Se escucharon varios golpes.
Y después…
el silencio.
Entonces comprendió algo.
—Había alguien más.
Camila la miró.
—¿Qué quieres decir?
—Cuando llegamos a la casa, estaba vacía. Después encontramos la computadora. Luego apareció Esteban. Y finalmente Sergio.
Valeria respiró profundamente.
—Pero nunca vimos quién estaba detrás de todo esto.
Esteban palideció.
—No…
—¿Qué pasa? —preguntó Camila.
Esteban miró hacia el fondo del túnel.
—Hay otra entrada.
Camila frunció el ceño.
—¿Dónde?
Esteban señaló una pequeña puerta cubierta por la oscuridad.
—Esa puerta conecta con la carretera.
Valeria sintió un escalofrío.
—Entonces alguien pudo entrar por ahí.
Esteban no respondió.
Camila corrió hacia la puerta.
Estaba abierta.
En el suelo había huellas recientes.
—Alguien salió por aquí.
Valeria apretó los puños.
—Tenemos que encontrarlo.
⸻
Mientras tanto, en otro lugar de la ciudad, un automóvil negro avanzaba por una carretera vacía.
En el asiento trasero estaba el sobre.
La persona que lo había tomado lo abrió lentamente.
Dentro encontró los documentos que podían destruir a Leonardo Montenegro.
Pero había algo que no esperaba.
Una fotografía.
La misma fotografía que Valeria había encontrado en la cabaña.
La persona la observó durante unos segundos.
Luego sonrió.
—Así que finalmente encontraste la verdad, Valeria.
Guardó los documentos.
Sacó un teléfono.
—Lo tengo.
Al otro lado de la línea, una voz respondió:
—¿Estás seguro?
—Completamente.
—Entonces tráemelo.
La persona hizo una pausa.
—Hay un problema.
—¿Cuál?
—Valeria ya sabe que su padre está vivo.
Hubo silencio.
Después, la voz respondió:
—Entonces tendremos que encontrarlo antes que ella.
⸻
Adrián seguía encerrado.
Había conseguido mover una de las tablas del suelo.
Debajo encontró una pequeña abertura.
Recordó las palabras de Daniel.
“Hay una salida debajo de la habitación.”
Adrián comenzó a retirar cuidadosamente las tablas.
Después de unos minutos encontró un túnel estrecho.
—Daniel.
Tres golpes.
—¿Sigues ahí?
Dos golpes.
—Voy a salir.
Daniel respondió:
—Espera.
Adrián se detuvo.
—¿Qué pasa?
—Hay algo que no te he contado.
—¿Qué?
Daniel tardó unos segundos.
—La persona que está ayudando a Montenegro…
Adrián esperó.
—…es alguien que tú conoces.
Adrián sintió un nudo en el estómago.
—¿Quién?
Pero antes de obtener una respuesta, escucharon pasos.
Alguien estaba entrando en la habitación de Daniel.
—Tengo que irme —susurró Daniel.
—¡Daniel!
La comunicación se cortó.
Adrián golpeó la pared.
—¡Daniel!
Nada.
Entonces escuchó una voz detrás de él.
—No deberías estar buscando una salida.
Adrián se giró.
Sergio estaba de pie en la habitación.
Pero esta vez no llevaba ninguna expresión de burla.
Parecía preocupado.
—¿Dónde está Daniel? —preguntó Adrián.
Sergio guardó silencio.
—¡¿Dónde está?!
Sergio cerró la puerta.
—No tengo tiempo para explicarte todo.
—Entonces dime una cosa.
—¿Qué?
—¿Quién está trabajando para Montenegro?
Sergio lo miró fijamente.
Durante unos segundos pareció debatirse entre hablar o callar.
Finalmente respondió:
—Tu hermana.
Adrián quedó paralizado.
—No.
—Camila entregó información sobre ti y Valeria.
—Estás mintiendo.
—Ojalá.
Sergio sacó un teléfono y mostró varias fotografías.
En ellas aparecía Camila hablando con Leonardo Montenegro.
Adrián sintió que todo se derrumbaba.
—¿Cuándo fueron tomadas?
—Hace tres días.
Adrián negó con la cabeza.
—No puede ser.
Sergio guardó el teléfono.
—Hay algo peor.
—¿Qué?
—Camila no está trabajando para Montenegro por voluntad propia.
Adrián lo miró.
—Entonces, ¿por qué?
Sergio respondió:
—Porque Montenegro tiene a alguien de su familia.
Adrián quedó en silencio.
—¿A quién?
Sergio bajó la mirada.
—A tu padre.
⸻
En la carretera, el automóvil negro se detuvo frente a una vieja casa.
La persona que llevaba el sobre bajó del vehículo.
Abrió la puerta.
Dentro había un hombre sentado junto a una ventana.
Su cabello estaba canoso.
Su rostro mostraba el peso de muchos años.
El hombre levantó la mirada.
Cuando vio el sobre, dijo:
—¿Dónde está mi hija?
La persona dejó el sobre sobre la mesa.
—Está cerca.
El hombre respiró profundamente.
—Entonces ya es demasiado tarde para seguir escondiéndome.
Se levantó lentamente.
Y por primera vez después de quince años…
el padre de Valeria decidió regresar.
Continuará…