Ella renace en un mundo mágico lleno de reglas sociales y apariencias, pero ella decide ser feliz, siendo quien es y no cambiando por nadie.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Frank 1
Mientras la subasta continuaba, Kayla intentaba mantenerse cerca de los invitados.
Sonreía.
Agradecía.
Conversaba.
Volvía a sonreír.
Y, aunque estaba orgullosa de cómo estaba resultando todo, comenzaba a sentir que sus mejillas ya no le pertenecían.
[¡Si sonrío una vez más, se me va a quedar la cara así!]
Fue entonces cuando escuchó una voz detrás de ella.
—Vaya, primita...
Kayla se giró.
Frente a ella había un hombre alto, de cabello castaño y ojos claros muy parecidos a los suyos.
Tenía una sonrisa pícara y una expresión relajada.
Ella lo reconoció inmediatamente por sus recuerdos.
Frank.
Su primo.
El mismo que solía escapar de las clases para ir a entrenar con la espada.
El mismo que parecía tener una relación bastante particular con sus responsabilidades.
Frank la observó de arriba abajo.
—Has madurado mucho.
Kayla levantó una ceja.
—¿Ah, sí?
—Sí
respondió él, sonriendo
—Ahora resulta que ayudas a los demás.
Kayla llevaba horas sonriendo y, para ser completamente sincera, ya estaba cansada.
Así que respondió sin pensar demasiado.
—Al menos yo hago algo, primito.
Silencio.
Kayla abrió ligeramente los ojos.
[¡Ups!]
Acababa de hablarle exactamente como probablemente habría hablado en su primera vida.
Por un instante pensó que había cometido un error.
Pero Frank...
Comenzó a reír.
—¡Vaya!
Kayla lo miró confundida.
Frank se llevó una mano al pecho.
—Veo que ahora que maduraste sacaste todo lo fiera.
Kayla se quedó quieta.
Fiera.
Aquella palabra resonó en su cabeza.
Por unos segundos no supo qué decir.
Porque aquella palabra tenía un significado especial para ella.
En su vida anterior, sus amigos la llamaban así.
La fiera.
No porque fuera cruel.
Sino porque nunca se dejaba pisotear.
Porque defendía a los demás.
Porque tenía carácter.
Porque si alguien intentaba hacer daño a una persona que quería, se encontraba con ella de frente.
Kayla sonrió lentamente.
[Quizás puedo seguir siendo yo.]
No necesitaba convertirse en una persona completamente diferente.
No tenía que abandonar su carácter alegre.
Ni su picardía.
Ni su forma directa de hablar.
Ni su orgullo.
Solo tenía que aprender a utilizar esas cualidades de una manera diferente.
Podía ser una fiera.
Pero una fiera bondadosa.
Una fiera respetuosa.
Una fiera que ayudara a los demás.
Y una fiera que jamás permitiera que nadie la pisoteara.
Kayla sonrió.
—Pues más te vale comprar algo caro, primo.
Frank soltó una carcajada.
—¡Eso me gusta!
Kayla arqueó una ceja.
—¿Qué cosa?
—Esta nueva Kayla.
Se inclinó un poco hacia ella.
—Ahora sí pareces una Fletcher.
Kayla sonrió.
—Francis no diría lo mismo.
Frank negó con la cabeza.
—Mi hermano no cuenta.
—¿Por qué?
—Porque mi hermano solo sabe de libros e historia.
Kayla soltó una carcajada.
—Pobre Francis.
—No le digas eso cuando lo veas.
—¿Por qué?
Frank sonrió.
—Porque te dará una conferencia de dos horas sobre la importancia histórica de los insultos familiares.
Kayla comenzó a reír.
Y por unos minutos olvidó que estaba en una enorme gala llena de nobles.
Olvidó sus obligaciones.
Olvidó que llevaba horas sonriendo.
Simplemente conversó con su primo.
Hablaron de la subasta.
De los invitados.
De los objetos donados.
Frank incluso comenzó a contarle algunas de sus historias de que su hermano lo habia enviado fuera porque solo le hablo a una duquesa casada.
Kayla lo escuchaba divertida.
Y entonces comprendió algo.
No tenía que fingir ser otra persona.
Podía seguir siendo alegre.
Podía ser pícara.
Podía hacer bromas.
Podía tener carácter.
Podía ser orgullosa.
Podía defenderse.
Solo necesitaba recordar que los demás también merecían respeto.
Kayla miró a su primo y sonrió.
[Quizás esta segunda vida no consiste en convertirme en otra persona.]
[Quizás consiste en ser quien siempre fui...]
[Pero hacerlo mejor.]
Y mientras Frank seguía hablando de una de sus aventuras, Kayla lo escuchaba con una sonrisa.
Una sonrisa que, esta vez, no era parte de su papel de anfitriona.
Era genuina.
La nueva Kayla Fletcher acababa de descubrir algo importante.
No tenía que dejar de ser una fiera.
Solo tenía que decidir por quién valía la pena sacar las garras.
Dos bombas sexuales🤭👏👏