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El bebé que nunca fue de mi esposo

El bebé que nunca fue de mi esposo

Status: En proceso
Genre:Doctor / Vientre de alquiler / Amante arrepentido
Popularitas:177
Nilai: 5
nombre de autor: Angel_fr_Hell



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Capítulo 7

Capítulo 7 — Gabriel descubre el embarazo

Se quedaron un momento en silencio, uno frente al otro, con nueve años de historia entre ambos.

Valeria Montes tenía diecinueve la primera vez que Gabriel Ferrer la miró de verdad. Ella era una estudiante de segundo año, becada, sin apellido que abriera puertas, corrigiendo por su cuenta el error de un artículo publicado que nadie más había notado. Él tenía veintiséis y ya era el profesor más joven en la historia de la universidad, un prodigio de la cardiocirugía que había rechazado cátedras en medio mundo. La citó a su despacho, esperando reprender a la insolente que había cuestionado a un catedrático. En vez de eso, escuchó su razonamiento durante veinte minutos y, al terminar, dijo tres palabras que le cambiaron la vida: «Serás mi discípula.»

No había vuelto a tomar otro alumno. Ni antes de ella, ni después. Valeria Montes fue siempre la única.

Y ella lo había abandonado. Cinco años atrás, cuando él le ofreció llevarla al extranjero para convertirla en cirujana de primer nivel, ella eligió quedarse. Eligió a Adrián Del Valle. Eligió un matrimonio que resultó ser una jaula.

—El país cambió mucho mientras no estuve —dijo Gabriel Ferrer, rompiendo el silencio. Se apoyó en la reja con los brazos cruzados—. Vengo a montar un instituto de investigación. Cardiología, terapias experimentales, un equipo pequeño y bueno. —La miró—. Necesito gente en quien confíe. Y no confío en muchos.

Valeria Montes sintió que algo se movía dentro de su pecho, algo que llevaba años dormido.

—Profesor, yo…

—No te pido una respuesta ahora. —Descruzó los brazos—. Pero la puerta está abierta, doctora Montes. Siempre lo estuvo. Fuiste tú quien…

—¡Vale!

La voz de Adrián Del Valle estalló en la calma como una piedra en un estanque. Valeria Montes se giró y lo vio bajar de su auto —el «viaje de negocios» claramente aplazado— con una sonrisa que se ensanchó de golpe al reconocer al hombre junto a la reja.

—¿Profesor Ferrer? ¿El profesor Gabriel Ferrer? —Se acercó casi corriendo, la mano tendida, el rostro transformado en pura obsequiosidad—. ¡No puedo creerlo! Soy Adrián Del Valle, el esposo de Vale. ¡Es un honor, un verdadero honor! Leí sobre su regreso en la prensa financiera. Dicen que usted está detrás de la nueva inversión del Hospital Metropolitano, ¿es cierto?

Gabriel Ferrer no le estrechó la mano de inmediato. La miró un segundo, como quien evalúa si vale la pena, y solo entonces la aceptó con una frialdad cortés.

—Algo así.

—¡Qué coincidencia tan afortunada que sean vecinos! —Adrián Del Valle no soltaba la ocasión—. Profesor, debe usted saber que Vale siempre lo mencionaba con enorme respeto. Y ahora tenemos una gran noticia: ¡Vale está embarazada! Vamos a ser padres. —Le pasó un brazo por los hombros a su esposa, en un gesto de posesión que a ella le heló la piel—. Un heredero para la familia.

El rostro de Gabriel Ferrer no cambió. Pero sus ojos se posaron un instante en el brazo de Adrián Del Valle sobre los hombros de Valeria Montes, y algo pasó por ellos, rápido y filoso, como el reflejo de un bisturí.

—Embarazada —repitió Gabriel Ferrer, con una lentitud deliberada. Su mirada recorrió a Adrián Del Valle de arriba abajo, clínica, evaluadora—. Curioso. Un hombre con tu… constitución. —Hizo una pausa exacta—. No habría apostado por ello.

El comentario, entregado con la naturalidad de un médico ante un caso interesante, dio de lleno. Adrián Del Valle enrojeció.

—Bueno, nosotros… fue por fertilización asistida —tartamudeó—. In vitro. Ya sabe, hoy la ciencia hace maravillas.

—Ya veo. —Gabriel Ferrer inclinó apenas la cabeza—. La ciencia hace maravillas, en efecto.

Valeria Montes no dijo nada, pero por dentro registró el intercambio con una atención repentina. Gabriel Ferrer había señalado con precisión de cirujano algo que ella misma nunca se había atrevido a pensar del todo. Un hombre con su constitución. ¿Qué sabía él? ¿Qué veía él, que ella no veía?

Adrián Del Valle, ansioso por recuperar terreno, insistió:

—Profesor, sería un honor invitarlo a cenar. Esta noche, si le viene bien. Conozco un lugar excelente, discreto. Podríamos hablar de las oportunidades en Metropolitano, de posibles colaboraciones…

—No.

La negativa fue seca, sin adorno. Gabriel Ferrer ya se volvía hacia su casa.

—Pero profesor…

—Doctora Montes. —Gabriel Ferrer se detuvo en la reja y se dirigió únicamente a ella, ignorando por completo al marido—. Piensa en lo que hablamos. Sabes dónde encontrarme. —Y, tras una pausa mínima, casi imperceptible—: Cuídate. Los dos.

Los dos. Valeria Montes sintió el peso de esas dos palabras sin entender aún por qué le calaban tan hondo.

La reja se cerró. Gabriel Ferrer entró en la villa vecina y desapareció, dejando a Adrián Del Valle plantado en la vereda con la sonrisa aún colgándole de la cara, humillado y sin saberlo del todo.

—Qué hombre tan raro —murmuró él, ajustándose el cuello de la camisa—. Aunque útil. Vale, deberías cultivar esa amistad. Un tipo con su poder podría abrirnos muchas puertas.

Valeria Montes lo miró y casi sintió lástima. Él veía puertas y contactos. Ella acababa de ver, por primera vez en años, una salida.

—Sí —dijo, con una sonrisa que no era para él—. Voy a cultivarla.

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Yuleima Lucena
más capítulos esta emocionante
Yuleima Lucena
excelente
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