Una joven reservada y profesional trabaja en la empresa de la familia de su exnovio, soportando humillaciones constantes por no encajar en el ideal de “mujer perfecta”: dulce, sociable y complaciente.
Durante un evento corporativo, salva la vida de un misterioso hombre que ha sido atacado. Sin saber quién es realmente, lo ayuda a escapar y cura sus heridas.
Él desaparece… pero no la olvida.
Cuando finalmente va a buscarla, descubre que ella fue despedida injustamente. Y quienes la destruyeron… están más cerca de lo que cree.
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Capitulo 19
Damián
Apreté la mandíbula mientras salíamos del edificio.
El sonido de los tacones de mi tía contra el mármol era constante. Preciso. Controlado.
Como ella.
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—Te arrodillaste ante él —dije finalmente, sin mirarla.
Camila no se detuvo.
—Nos conviene.
La miré.
—¿De verdad?
Se giró apenas, con esa sonrisa suave que usaba para engañar a cualquiera.
—No es nada exagerado, Damián. No pidió que bajáramos el precio… y tampoco pidió que te sacara del programa.
Hizo una pausa.
—¿O es que no quieres formar parte?
Tragué saliva.
—Sí quiero.
Claro que quería.
Eso me acercaba a él.
Y a ella.
—Solo que… —apreté los puños— hay algo que me incomoda.
Camila se acercó.
Y me dio unas palmaditas en la mejilla.
—Ya se te pasará.
Odiaba cuando hacía eso.
—Tarde que temprano nos vamos a ver con Nina.
Sus ojos brillaron.
—Lo sé.
Se inclinó ligeramente hacia mí.
—Prepara algo inteligente.
Sonreí.
—Ya tengo varias cosas en mente.
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Salí sin despedirme más.
El aire afuera estaba pesado.
Pero no tanto como lo que llevaba dentro.
Llegué a mi casa.
Cerré la puerta.
Y fui directo al escritorio.
Abrí el cajón.
Saqué una foto.
Nina.
Sonriendo.
Pasé el dedo por su rostro.
Lento.
—Sigues siendo mía…
Tomé el teléfono.
Marqué.
—¿Aló?
—Martín.
Silencio.
Luego una risa.
—Damián… cuánto tiempo.
—Lo sé.
—¿A qué debo el honor?
Apoyé la espalda en la silla.
—¿Aún odias a Bastian Kros?
Silencio.
Pesado.
—Lo odio con cada fibra de mi ser.
Sonreí.
—Perfecto.
Le expliqué.
Mi tía.
El contrato.
La oportunidad.
—¿Y eso qué? —respondió él—. ¿Me llamas para presumir?
—No.
Mi tono se volvió más bajo.
Más frío.
—Te llamo para proponerte algo.
Otra pausa.
—Habla.
—Yo te doy información para destruir a Bastian Kros…
Dejé que el silencio hiciera su parte.
—Y tú…
me ayudas a recuperar a Nina.
Se rió.
—¿Recuperar? ¿La misma Nina que te miraba como si fueras su mundo?
—Esa misma.
—¿Qué pasó? ¿No que el amor era eterno?
Apreté la mandíbula.
—Terminó por una estupidez.
—Claro.
Se rió otra vez.
—Siempre es una estupidez.
—¿Aceptas o no?
Silencio.
—Tenemos un trato.
Su voz cambió.
Más seria.
Más peligrosa.
—Yo me encargo de asustarla…
—Y tú me das lo que necesito.
Sonreí.
—Trato hecho.
Colgué.
Y por primera vez en días…
sentí control.
Al día siguiente…
la seguí.
Desde temprano.
Coworking.
Café.
Conversaciones.
Reía.
Como si nada hubiera pasado.
Como si yo…
no existiera.
Mis manos se tensaron sobre el volante.
—Te ríes…
Murmuré.
—Después de todo.
La vi almorzar.
Hablar.
Moverse con tranquilidad.
Pero no estaba sola.
Había hombres.
Discretos.
Pero visibles.
Seguridad.
Sonreí.
—Así que ahora necesitas que te protejan…
Esperé.
Hasta que se despidió.
De su amiga.
María.
Ese fue el momento.
Caminé hacia ella.
Sin prisa.
—Vuelve conmigo.
Se detuvo.
Me miró.
De arriba abajo.
—Te estoy dando la oportunidad.
Su expresión no cambió.
—Jamás volveré contigo.
Sentí el golpe.
Pero sonreí.
—¿Es por Bastian?
Negó.
—No es por Bastian.
Hizo una pausa.
—Es por mí.
Solté una risa.
—¿Por ti?
Sus ojos se endurecieron.
—Sí. Valgo mucho.
Un paso hacia mí.
—Y tú no vales nada.
Pasó a mi lado.
La tomé del brazo.
—No digas estupideces, niña.
Escupí las palabras.
Se giró.
Y ahí estaba.
Esa Nina.
La que no bajaba la mirada.
La que desafiaba.
La que me volvía loco.
—Te burlas —dijo—. Como te burlaste cuando te hablé de adoptar.
Fruncí el ceño.
—Jamás me burlé de eso.
—Sí lo hiciste.
Su voz tembló.
Pero no retrocedió.
—Me mandaste un emoji riendo… y dijiste que tú solo servirías como apoyo moral.
Recordé.
—Ah… eso.
Me encogí de hombros.
—Es verdad.
Su mirada cambió.
—¿Para qué adoptar… si puedes tener hijos biológicos?
Silencio.
Pesado.
—Eres tan hueco… —susurró—. Y con tan poca escucha.
—Suéltame o vas a tener problemas.
La solté.
No porque quisiera.
Sino porque algo más…
ya estaba pasando.
Hombres.
Moviéndose.
Cerca.
Vigilando.
La vi alejarse.
Recta.
Firme.
Sin mirar atrás.
Mi pecho subía y bajaba con fuerza.
La sangre…
hirviendo.
—¿Así que necesitas escoltas?
Sonreí.
Oscuro.
—Eso no va a detenerme.
La imagen volvió a mi mente.
Bastian.
Tomando su mano.
Mi mandíbula se tensó.
—Nadie te va a tocar así…
Cerré los ojos un segundo.
Y la idea…
apareció.
Clara.
Tomarla.
Hacerla mía.
Recordarle…
a quién pertenece.
Abrí los ojos.
Y esta vez…
ya no había duda.
Esto…
no se trataba de recuperarla.
Se trataba de que entendiera.
Que no importaba cuánto corriera.
Ni con quién estuviera.
Ni cuánto intentara cambiar.
Nina Galen…
es mía.
🤷🏼
eres un poco hombre./Smug/
qué satisfacción puede generarte , obligar a una mujer estar a tu lado 🤦🏼
han destruido el cimiento de tu empresa más no tu fuerza y ojalá ya esto no pase desapercibido
desgraciado Pero te metes con las personas equivocadas tenlo por seguro