Guillermo Lombardi. Heredero único del consorcio naviero más grande de europa, una noche tras un accidente catastrófico fue salvado por alguien que no logro ver su rostro con claridad.
En su desesperación por encontrarla el destino le hizo una mala jugada que no fue capaz de reconocerla cuando la tuvo enfrente.
Acompañe en está nueva obra. Encontrará Guillermo a la chica que lo salvó esa noche, o terminará casándose con la equivocada.
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Capítulo Especial Eres el heredero y debes cumplir
<<"Horas antes del accidente">>
En el edificio más glamuroso de la ciudad la torre Lombardi. Guillermo permanece parado frente al enorme ventanal, después de terminar una larga jornada de trabajo, observando el horizonte desde ahí se puede gran parte de la ciudad y del Mediterráneo extendiéndose bajo sus pies.
Su asistente Julia entró. --Señor, ya todos se han ido. Es hora de ir a casa, sus padres lo esperan.
--Lo se señora, Julia. Vaya a casa descanse.
Guillermo toma su saco , su móvil lo guardo en el bolsillo de su saco, acomoda nuevamente el nudo de su corbata. Y después sale del despacho, se dirige al ascensor, lo acompañan sus dos guardaespaldas. Cuando sale del ascensor camina a la salida del edificio.
Mientras que sus padre ya comentan los planes para su hijo.
Quién crees que será la mejor candidata de estas dos chicas. Le dice la señora Leonor a su esposo.
El señor Mateo, camina hacia el ventanal con una copa de coñac en la mano, desde ahí puede ver el Mediterráneo extendiéndose a lo lejos.
*** --Tengo varias candidatas. Pero entre ellas. Ya elegí a dos, Camille Beaumont, e Isabella Montemayor.***
--Camille me parece Una mujer sofisticadamente elegante, refinada perfecta para nuestro hijo.
--Sí, la candidata perfecta. Esposa mía. Los Beaumont poseen inversiones en energía y tecnología portuarias. Una unión entre ambas familias significa dominio absoluto.
Continúa hablando el señor Mateo. --sabes otro buena candidata es Isabella Montemayor, ellos también cuentan con una gran fortuna, los mejores hoteles de lujo de la ciudad, varias clínicas privadas les pertenecen, propiedades agrícolas, ganadería. Y algunas mansiones que tienen dentro y fuera del país. Y muchos negocios más.
La señora Leonor se queda en silencio, antes de responderle a su esposo.
--Pero Isabella no es la segunda hija de los Montemayor.
El señor Mateo no respondió, se quedó en silencio. Pensando en la pregunta de su esposa. Era cierto había escuchado que el señor Mateo tenía otra hija.
Al llegar a la mansión Guillermo baja del auto, voltea a ver para todos lados, ante la imponente mansión, con un impresionante alumbrado, jardines diseñados por paisajistas italianos, fuentes traídas de Florencia, enormes techos pintados a mano.
Después se dirige hacia la entrada de la mansión, donde es recibido por el mayordomo.
--Bienvenido, señor.
--Gracias... Muchos invitados.
--No señor, los señores lo esperan.
Adrián camina hacía el gran salón donde sus padres lo esperan.
Para Guillermo, es solo una reunión más en familia, una cena.
Estaba muy lejos de imaginar los planes que sus padres ya tienen para él.
Guillermo había llegado a la mansión, para una cena familiar, nunca imagino que todo terminaría en una discusión.
Todo comenzó antes de que cayera la noche, pero alcanzó su punto de quiebre. Cuando su padre pronunció aquellas palabras.
—Tienes treinta años, tu madre y yo hemos decidido que es hora que formalices el compromiso con Camille Beaumont. —dijo su padre con voz baja, peligrosa por su serenidad—. Es una decisión necesaria.
Las palabras resonaron como un veredicto.
—¿Necesaria para quién? —respondió Guillermo, sin alzar la voz pero dejando que cada sílaba llevara el peso de su frustración—. ¿Para el apellido? ¿Para los inversionistas? ¿O para ustedes?
Su madre inhaló con discreción.
—Para la estabilidad de todo lo que hemos construido —intervino—. No puedes pensar solo en ti.
Desde niño había sido preparado para liderar el imperio familiar. Educado en los mejores internados de Ginebra, entrenado para negociar en varios idiomas, instruido para dominar cifras antes que emociones. Cada logro suyo había sido celebrado no como una conquista personal, sino como una garantía de continuidad.
Pero ahora le pedían algo distinto.
Le pedían su vida.
—No voy a casarme con Camille Beaumont —dijo finalmente, pronunciando el nombre con una firmeza que cortó el air como navajas.
El silencio fue inmediato.
Su padre apoyó ambas manos sobre la mesa.
—La familia Beaumont representa una alianza estratégica clave. Tienen participación mayoritaria en terminales portuarias en Marsella y contratos energéticos en expansión. Esta unión consolidaría décadas de ventaja competitiva.
Guillermo dejó escapar una risa breve, amarga.
—¿Escuchas lo que dices? Hablas de un matrimonio como si fuera una fusión corporativa.
—Porque lo es —replicó su padre sin titubear—. Siempre lo ha sido.
Su madre se levantó con elegancia medida y caminó hacia él.
—El cariño puede crecer, hijo. Lo importante es la compatibilidad de mundos.
Adrián negó con la cabeza.
—No quiero compatibilidad financiera. Quiero elegir.
Su padre dio un paso al frente.
—Elegir es un lujo que pocos en nuestra posición pueden permitirse.
Aquella frase encendió algo que llevaba años acumulándose.
—¿Y qué hay de mí? —la voz de Guillermo se quebró apenas, no por debilidad sino por rabia contenida—. ¿Soy solo un instrumento?
—Eres el heredero —respondió su padre—. Y el heredero cumple.
El choque fue frontal.
Décadas de disciplina contra un deseo simple y humano: amar sin cálculo.
La conversación escaló. Las palabras se volvieron más directas, más duras. Se hablaron de responsabilidades, de sacrificios, de expectativas familiares. Se mencionó el honor del apellido, la presión del consejo directivo, los rumores financieros que exigían estabilidad.
Guillermo sintió que las paredes se cerraban.
—No viviré una vida vacía para proteger balances —sentenció.
Su padre lo miró con una frialdad que pocas veces había mostrado.
—Entonces quizá no estés preparado para liderar.
Aquello fue un golpe más fuerte que cualquier reproche.
Sin decir nada más, Guillermo se levantó de dónde estaba sentado, giró sobre sus talones y salió del salón.
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<<"Entonces comprendió que ni el dinero, ni el apellido, ni las alianzas estratégicas podían protegerlo de la fragilidad de un segundo mal calculado.">>
La tormenta no distinguía apellidos.
El destino tampoco.
Mientras Lucia renace como ave fénix 🐦🔥 todos hablan de ella y Guillermo orgulloso y feliz con esa relación.