Tras ser masacrada junto a su familia por orden de su ambiciosa prima Silvia y el frío magnate Patrick, Elena muere en la ruina. Habían arriesgado todo para rescatar a Silvia de la mafia, pero ella borró todo rastro de su deshonra asesinando a sus salvadores.
Milagrosamente, Elena despierta en el pasado, justo la noche del ataque. Con el odio ardiendo en sus venas y dispuesta a todo, simula un colapso para evitar que su hermano intervenga, dejando que Silvia sufra las desgarradoras consecuencias de su propia trampa.
Determinada a no repetir su trágico destino, Elena orquesta una fría y metódica venganza corporativa. Entre alianzas estratégicas, secretos oscuros y manipulación, destruirá paso a paso a Silvia y a Patrick, arrastrándolos al mismo infierno al que la condenaron. En esta vida, las lágrimas de Elena serán el veneno de sus enemigos.
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LA MUJER QUE SABE DEMASIADO
Sterling Holdings de noche era un animal diferente.
De día, el rascacielos era un monumento al poder: cristal reluciente, ejecutivos con trajes de cinco mil dólares, el zumbido constante del dinero moviéndose a la velocidad de la fibra óptica. De noche, era una fortaleza. Silenciosa. Oscura. Con solo unos pocos pisos iluminados como ojos amarillos en la oscuridad.
Usé la tarjeta de acceso que Patrick me había dado semanas atrás, antes de que supiera lo que su madre había hecho. Antes de que los sueños de otra vida nos consumieran a ambos.
El ascensor me llevó al piso 65. Las luces se encendieron automáticamente, revelando un pasillo vacío. Los escritorios oscuros. Las sillas empujadas bajo las mesas. El silencio absoluto de una empresa que nunca duerme del todo.
—Señorita Vasquez.
La voz vino de la penumbra al final del pasillo.
Clara Reyes estaba sentada en su cubículo, con la luz del monitor iluminándole el rostro. No llevaba el uniforme impecable de siempre. Llevaba una sudadera gris, el cabello suelto, y en sus ojos había algo que no había visto antes.
Determinación.
—Clara. —Cerré la puerta del ascensor detrás de mí—. ¿Estás bien?
—Estoy bien. —Se puso de pie, y vi que sus manos temblaban—. Pero usted no.
—¿Cómo sabes que estuve con Victoria?
—Porque la seguí. —Sacó su teléfono, mostró la pantalla. Una foto mía entrando al club Athenaeum, tomada desde un coche estacionado al otro lado de la calle—. Llevo siguiéndola a usted dos semanas.
El aire se escapó de la habitación.
—¿Por qué?
—Porque usted es la única persona en este edificio que no me tiene miedo. —Clara caminó hacia mí, y su voz se quebró—. Y porque sé lo que Victoria Sterling hizo.
Me quedé quieta.
—¿Qué sabes?
—Todo.
Clara sacó una carpeta de su mochila. La abrió sobre el escritorio. Y lo que vi me heló la sangre.
No eran documentos de Silvia.
Eran documentos de Victoria.
—Llevo tres años trabajando para la familia Sterling —dijo Clara, con la voz baja—. Los primeros dos, fui asistente de Victoria. Directamente. Antes de que me asignaran a Silvia.
—¿Por qué te reasignaron?
—Porque vi algo que no debía ver. —Clara sacó una fotografía. La deslizó hacia mí—. Esto es Victoria, hace cuatro años, en una reunión privada con un hombre llamado Marcus Kane.
Miré la foto. Reconocí el nombre al instante.
Marcus Kane. CEO de Kane Industries. El rival más peligroso de Sterling Holdings. El hombre que había intentado una OPA hostil el año pasado. El hombre que Patrick había destruido públicamente en una conferencia de prensa.
—¿Qué estaban haciendo?
—Planificando la destrucción de Vasquez Group. —Clara me miró, y en sus ojos vi algo que no era solo lealtad. Era complicidad—. Su padre no murió porque iba a exponer algo. Murió porque Victoria necesitaba que Vasquez Group cayera para que Kane Industries pudiera absorber sus activos. Y Marcus Kane es el amante de Victoria desde hace diez años.
El mundo se detuvo.
—¿Qué?
—Victoria y Marcus. —Clara sacó más fotografías. Más documentos—. Llevan una década juntos. En secreto. Y cada vez que Victoria necesita destruir a un competidor, usa a Marcus como ejecutor. Su padre fue solo el primero.
—¿Y Lucas? —pregunté, con la voz quebrada—. ¿Victoria también va a matar a Lucas?
—No. —Clara negó con la cabeza—. Victoria no quiere matar a Lucas. Quiere usarlo.
—¿Usarlo cómo?
—Como cebo. —Clara sacó su teléfono otra vez. Mostró un mensaje de texto. De Lucas—. Esto me lo envió su hermano hace una hora. Está bien. Está en su loft. Pero Victoria le envió un mensaje falso diciendo que usted estaba en peligro. Quería que usted corriera al hospital. Quería sacarlo de Sterling Holdings.
—¿Por qué?
—Porque Victoria sabe que usted viene aquí. Y sabe que, si usted viene, Patrick también vendrá. —Clara me miró, y su voz se volvió un susurro—. Y Victoria tiene un plan para Patrick. Un plan que involucra a Marcus Kane.
Antes de que pudiera preguntar, mi teléfono vibró.
Patrick.
*"Estoy en camino. No salgas del piso 65. Mi madre sabe que estás allí."*
Levanté la vista. Clara ya estaba cerrando la carpeta.
—Tenemos que irnos. Ahora.
—¿A dónde?
—A mi apartamento. —Clara sacó una llave de su bolsillo—. Tengo algo que usted necesita ver. Algo que Victoria no sabe que tengo.
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El apartamento de Clara estaba en Brooklyn. Un estudio pequeño, desordenado, con una cama en la esquina y una cocina que apenas daba para dos personas. Pero en la mesa del comedor, había un servidor.
No un servidor cualquiera.
Un servidor encriptado. Con acceso a los archivos personales de Victoria Sterling.
—¿Cómo conseguiste esto? —pregunté, pasando los dedos sobre el teclado.
—Victoria me obligó a instalarlo. —Clara se sentó frente a mí, con una taza de té entre las manos—. Hace dos años. Dijo que era para "respaldos de seguridad". Pero yo hice una copia. De todo.
—¿Y por qué no la usaste?
—Porque tenía miedo. —Clara me miró, y en sus ojos vi lágrimas—. Porque Victoria me dijo que, si alguna vez hablaba, mi madre moriría. Y yo... yo no podía arriesgarme.
—Pero ahora estás arriesgándote.
—Porque usted está aquí. —Clara dejó la taza—. Porque usted es la primera persona en mi vida que me ha tratado como si importara. Y porque —hizo una pausa, y su voz se quebró—, porque mi madre murió hace tres semanas.
El aire se escapó de la habitación.
—Clara, lo siento...
—No. —Clara negó con la cabeza—. No lo sienta. Porque mi madre no murió de cáncer. Murió porque Victoria decidió que ya no era útil. Cambió su medicación. Hizo que los médicos le dieran placebos. Y yo... yo no hice nada.
Las lágrimas corrían ahora libremente.
—Pero ahora voy a hacer algo. —Clara se limpió los ojos, y su voz se volvió acero—. Voy a destruirla. Y usted va a ayudarme.
Abrí el servidor. Comencé a revisar los archivos.
Y lo que encontré me hizo desear no haberlo hecho.
Porque Victoria Sterling no solo había matado a mi padre.
Había matado a docenas de personas.
Ejecutivos que se interponían en su camino. Competidores que amenazaban su imperio. Amantes que sabían demasiado. Y en cada caso, Marcus Kane había sido el ejecutor.
—Clara —dije, con la voz baja—. Esto es suficiente para destruirla. Para enviarla a prisión el resto de su vida.
—Lo sé. —Clara se puso de pie—. Pero no es suficiente para proteger a Patrick.
—¿Qué quieres decir?
—Porque Patrick —dijo Clara, y su voz se quebró— es hijo de Marcus Kane.
El mundo se detuvo.
—¿Qué?
—Victoria tuvo una aventura con Marcus hace treinta y cinco años. —Clara sacó un documento del servidor. Un certificado de nacimiento. Modificado—. Patrick no es hijo de Richard Sterling. Es hijo de Marcus. Y Victoria lo ha usado para mantener a Marcus cerca. Para asegurarse de que Marcus nunca la traicione.
—Patrick no puede ser...
—Lo es. —Clara me miró, y en sus ojos vi algo que no era solo dolor. Era rabia—. Y si Patrick descubre esto, se destruirá. Porque todo lo que es, todo lo que tiene, viene de una mentira.
Antes de que pudiera responder, mi teléfono vibró otra vez.
Patrick.
*"Llegué. No estás en el piso 65. ¿Dónde estás?"*
Levanté la vista. Clara ya estaba cerrando el servidor.
—No puede saberlo. —Clara me miró—. No todavía. Porque si Patrick sabe que su madre mató a su verdadero padre, y que su verdadero padre es Marcus Kane, va a hacer algo estúpido. Va a confrontarla. Y Victoria lo destruirá.
—¿Qué sugieres?
—Que lo mantengamos alejado. —Clara sacó su teléfono—. Que le digamos que está a salvo. Que usted está a salvo. Y que nosotros... —hizo una pausa, y su voz se volvió acero—, nosotros vamos a destruir a Victoria antes de que ella nos destruya a nosotros.
Asentí.
Porque Clara tenía razón.
Victoria Sterling no era solo una mujer peligrosa.
Era una mujer que había construido su imperio sobre cadáveres.
Y esta vez, yo no iba a dejar que escapara.
Saqué el teléfono. Mensaje a Patrick.
*"Estoy bien. Lucas está bien. No vengas a buscarme. Todavía no."*
Tres segundos después, la respuesta:
*"Elena, por favor. Dime dónde estás. Necesito verte."*
Cerré los ojos.
Porque en otra vida, Patrick me había dicho las mismas palabras.
Y yo le había creído.
Y había muerto por ello.
Esta vez, no iba a cometer el mismo error.
*"Pronto"*, escribí. *"Confía en mí."*
Guardé el teléfono.
Y mientras Brooklyn se extendía ante mí, con sus luces borrosas por la lluvia y el llanto contenido de Clara, supe tres cosas con absoluta certeza.
Primero: Victoria Sterling no era el enemigo final. Era solo la punta del iceberg.
Segundo: Marcus Kane, el verdadero padre de Patrick, era el hombre que había matado al mío.
Y tercero: Patrick Sterling, el hombre que amaba en secreto, era hijo del monstruo que había destruido mi familia.
Y eso, más que cualquier otra cosa, podía destruirnos a todos.
Leee