Ella amaba dibujar, su sueño era poder dedicarse a eso.. pero, sufre un accidente.. aun así, la vida la oportunidad de reencarnar en una nueva vida.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Oscuridad 2
Ella no supo cuánto tiempo había pasado.
Quizás unas horas.
Quizás un día.
Quizás una semana.
O tal vez…
¿Una vida entera?
No podía medir el tiempo porque no tenía cuerpo.
No sentía frío.
No sentía calor.
No sentía dolor.
Tampoco podía mover las manos ni abrir los ojos.
Simplemente estaba allí, suspendida en una oscuridad silenciosa.
Hasta que, de repente…
Su conciencia regresó.
Y con ella llegaron imágenes.
Al principio fueron borrosas.
Fragmentos.
Como recuerdos que no le pertenecían.
Una habitación enorme.
Una ventana cubierta por cortinas elegantes.
Un jardín perfectamente cuidado.
Una mesa llena de comida que nadie parecía disfrutar.
Y después…
Una niña.
Era una niña hermosa.
Tenía el cabello castaño claro, de un tono parecido a la miel, suave y brillante. Sus ojos tenían una expresión tranquila y su rostro era delicado.
Llevaba vestidos preciosos.
Vivía en una mansión enorme.
Todo a su alrededor hablaba de riqueza.
Los muebles eran elegantes.
Las paredes estaban decoradas con cuadros.
Había enormes jardines, fuentes, sirvientes y habitaciones que parecían demasiado grandes para una sola persona.
Sin embargo…
La niña estaba sola.
Muy sola.
Ella observó aquellas imágenes sin entender qué significaban.
[¿Quién es ella?]
La niña caminaba por uno de los pasillos de la mansión.
Sonreía.
Siempre sonreía.
Cuando un sirviente la saludaba, ella respondía con educación.
Cuando alguien le preguntaba cómo estaba, decía que estaba bien.
Cuando tenía que asistir a una comida, se sentaba correctamente.
Cuando debía estudiar, estudiaba.
Cuando tenía que sonreír…
Sonreía.
Pero había algo extraño.
Su sonrisa no llegaba a sus ojos.
No parecía triste.
Tampoco parecía estar sufriendo.
Simplemente…
No parecía sentir demasiado.
[Es como si...]
Ella observó con atención.
[Como si solamente estuviera existiendo.]
Entonces apareció otro recuerdo.
Un anciano.
Era un hombre de edad avanzada, vestido con ropas elegantes. Su cabello estaba completamente canoso y su rostro tenía unas facciones severas.
Debía ser alguien importante.
Quizás su abuelo.
Quizás algún otro familiar.
La niña estaba sentada frente a él durante una comida.
—¿Terminaste tus estudios?
—Sí.
—Bien.
Silencio.
La niña continuó comiendo.
—Mañana tendrás una clase adicional.
—Está bien.
—No llegues tarde.
—No lo haré.
Otra vez silencio.
Ella lo miraba con una pequeña sonrisa.
Pero el anciano apenas le devolvía la mirada.
No parecía odiarla.
No parecía querer hacerle daño.
Simplemente era distante.
Como si no supiera cómo acercarse a ella.
Como si aquella niña fuera una responsabilidad que debía cuidar, pero no alguien con quien pudiera compartir su corazón.
La imagen cambió.
La niña caminaba por el jardín.
Sola.
Después apareció en una biblioteca.
Sola.
Luego en una habitación enorme.
Sola.
Incluso cuando estaba rodeada de personas, parecía estar sola.
Y entonces ella comenzó a comprender.
Aquella niña tenía todo.
Ropa hermosa.
Una casa enorme.
Comida.
Educación.
Sirvientes.
Seguridad.
Dinero.
No sufría hambre.
No sufría violencia.
No estaba siendo maltratada.
Pero tampoco tenía algo que ella, en su propia vida, había comprendido como algo esencial.
Un sueño.
La niña no tenía nada que desear.
Nada que esperar con ilusión.
Nada que quisiera hacer cuando se despertara por la mañana.
No había un dibujo esperando ser terminado.
No había un paisaje que quisiera pintar.
No había un lugar al que quisiera viajar.
No había un futuro que imaginara con emoción.
Simplemente hacía lo que debía hacer.
Estudiaba porque debía estudiar.
Comía porque debía comer.
Sonreía porque debía sonreír.
Caminaba porque debía caminar.
Vivía porque…
Bueno.
Porque estaba viva.
[Qué triste...]
Por primera vez desde que aquellas imágenes habían comenzado, sintió algo.
No era miedo.
Tampoco tristeza exactamente.
Era una especie de vacío.
[¿Cómo puede alguien tenerlo todo y aun así no tener nada?]
La niña se sentó bajo un árbol.
Abrió un libro.
Lo leyó durante unos minutos.
Después cerró el libro.
Miró el cielo.
Y sonrió.
Una sonrisa bonita.
Educada.
Perfecta.
Pero completamente vacía.
La observó durante mucho tiempo.
Y entonces comprendió algo que le resultó todavía más extraño.
Aquella niña no parecía infeliz.
Porque para sentirse infeliz había que desear algo diferente.
Y ella no deseaba nada.
No tenía sueños.
Pero tampoco tenía sufrimientos.
No lloraba.
Pero tampoco reía de verdad.
No se quejaba.
Pero tampoco esperaba nada.
Simplemente existía.
Cumplía con lo que debía hacer.
Y seguía adelante.
[Es como si hubiera aprendido a vivir sin preguntarse si quería vivir de otra manera.]
Las imágenes continuaron apareciendo.
Una tras otra.
La niña creciendo.
El mismo cabello color miel.
La misma sonrisa tranquila.
Los mismos ojos serenos.
La misma mansión.
El mismo anciano cada vez más viejo.
Y la misma soledad.
Entonces ella sintió que aquellas imágenes comenzaban a acercarse.
Como si estuviera entrando lentamente en aquella vida.
Como si los recuerdos de aquella niña estuvieran buscando un lugar dentro de ella.
Y, por primera vez desde que había caído por la montaña, tuvo miedo.
[Espera...]
[¿Por qué estoy viendo todo esto?]
[¿Quién es esta niña?]
[¿Y por qué siento que...?]
No pudo terminar el pensamiento.
La oscuridad volvió a envolverla.
Pero esta vez, antes de desaparecer, escuchó algo.
Un latido.
Silencio.
Otro latido.
O al menos…
Eso era lo que parecía.
Su conciencia acababa de despertar en otra vida.