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Renacida Como La Capitana Rival

Renacida Como La Capitana Rival

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Venganza / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Tras ser traicionada por su mejor amiga y su entrenador, la prodigiosa animadora Emma es asesinada. Al renacer dos años antes, se une al equipo rival para reconstruirlo y reunir pruebas con las que desenmascarar a quienes la destruyeron.

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Capítulo 23: El regreso

El aire de la noche me quemaba la garganta mientras me apoyaba contra el muro, con la respiración entrecortada y el tobillo latiendo con un dolor sordo y constante. En la mano, la carpeta con las pruebas pesaba más que nunca. Había escapado. Tenía la verdad. Pero al mirar hacia la casa, que se alzaba a lo lejos, oscura y silenciosa, sentí cómo el triunfo se desvanecía en un instante. Lila se había quedado allí. Con él. Con el hombre que servía a la directora, que no dudaría en hacerle daño para recuperar lo que llevaba conmigo.

—No puedes ir —me dije a mí misma, con la voz temblorosa—. Si vuelves, te atrapan. Todo se pierde. Las pruebas, la justicia… todo.

Pero entonces vi su cara en mi mente, sus ojos llenos de lágrimas y determinación cuando me gritó que corriera. Ella se había quedado para salvarme. No podía dejar que su sacrificio fuera en vano. No podía ser la capitana que abandona a los suyos cuando más la necesitan. No importaba el peligro. No importaba el costo. Tenía que volver.

Me enderecé, apretando los dientes contra el dolor del tobillo, y guardé la carpeta en lo más profundo de mi mochila, bien escondida. Si algo me pasaba, nadie la encontraría. Y entonces, sin hacer ruido, rodeé la casa por detrás, buscando la ventana desde la que había saltado. Estaba abierta, tal como la había dejado. Subí con cuidado, agarrándome del alféizar y de las enredaderas que cubrían la pared, ignorando el dolor que me recorría la pierna. No podía ser silenciosa, pero podía ser rápida.

Al entrar en el estudio, el silencio me golpeó. No había nadie. La caja fuerte estaba abierta, la cortina tirada en el suelo, las sillas movidas. Pero Lila no estaba. Ni él. Corrí hacia la puerta, la abrí despacio, y escuché voces abajo, en la sala de estar. La voz de Lila, temblorosa pero firme, y la voz de Torres, baja y amenazante. Me acerqué al pasillo, pegándome a la pared, y miré hacia abajo.

Estaban en el centro de la sala. Lila estaba de pie, frente a él, con las manos apretadas a los costados. Torres sostenía un brazo levantado, como si acabara de empujarla, y en su mano, una llave pequeña y brillante.

—¿Dónde está? —le gritó, con una furia contenida—. ¿Dónde se llevó los papeles?

—No lo sé —respondió Lila, y aunque su voz temblaba, no bajó la mirada—. Corrió y no pude detenerla. Ya se fue. Y cuando llegue a la policía, todo se sabrá. Tu jefa caerá. Tú caerás. Ya no pueden esconderse.

—¡No sabes de lo que somos capaces! —gritó él, y la agarró del brazo con fuerza, haciéndola dar un paso hacia atrás—. Si no me dices dónde está, te llevarás tú las consecuencias. Ella te usó toda la vida, y ahora una extraña es más importante que tu propia seguridad. Qué débil eres.

—No eres tú quien decide eso —dije, bajando los escalones despacio, con la voz clara y firme, rompiendo el silencio de la sala—. Soy yo. Y no me llevo nada. Estoy aquí.

Ambos se giraron de golpe. Torres me miró con sorpresa y furia. Lila abrió los ojos, horrorizada.

—Emma… ¿qué haces aquí? ¡Huye! ¡Corre!

—No vine para huir —respondí, deteniéndome a unos pasos de ellos—. Vine por ella. Suelta a Lila. Ahora. Las pruebas están seguras. Si nos haces algo, aparecen. Si nos dejas ir, nadie tiene que saber que existieron. Tú decides.

—¿Crees que voy a dejar que me destruyas? —se burló él, soltando a Lila y dando un paso hacia mí—. Eres solo una niña. No sabes con quién te estás enfrentando. La directora me dio órdenes claras: recuperar lo que es suyo y eliminar cualquier amenaza. Y ahora, las dos son una amenaza.

Avanzó hacia mí, levantando el bastón que llevaba en la mano. No tuve tiempo de pensar. Solo de actuar. Cuando el bastón bajó, me agaché, y golpeé su pierna con toda la fuerza que tenía. Él gritó de dolor y perdió el equilibrio, cayendo de rodillas.

—¡Corre! —le grité a Lila.

Corrimos hacia la puerta, pero él se recuperó rápido y nos agarró del brazo a mí, tirando de mí con tanta fuerza que caí al suelo. El dolor estalló en mi tobillo, pero me arrastré hacia la salida, mientras él me sujetaba los pies, impidiéndome avanzar. Lila se detuvo en la puerta, mirándome, y en lugar de huir, se giró y corrió hacia nosotros. Agarró el bastón que él había soltado y lo levantó en el aire.

—¡Suéltala! —gritó, con la voz rota por la rabia y el miedo—. ¡Suéltala o te lo juro por todo lo que quiero que te hago daño!

Él levantó la cabeza, sorprendido, y por un segundo soltó mi pierna. Eso fue suficiente. Me levanté de un salto, la agarré de la mano, y salimos corriendo al exterior, hacia la calle, hacia la oscuridad, sin mirar atrás, sin detenernos, con el corazón latiéndonos a mil por hora. Escuchamos su grito de furia detrás de nosotras, pero no nos detuvimos. Corrimos hasta llegar a la avenida principal, donde las luces de la ciudad brillaban y la gente pasaba por las calles. Entonces, y solo entonces, nos detuvimos, apoyadas la una en la otra, sin aliento, temblando de pies a cabeza.

—Viniste —susurró Lila, con lágrimas corriendo por sus mejillas—. Viniste por mí. A pesar de todo lo que hice. A pesar de todo.

—No te iba a dejar —le dije, tomándole la mano con fuerza—. No te iba a dejar sola con él. Eso nunca.

—Pensé que te habías ido —continuó, con la voz quebrada—. Pensé que lo habías dejado todo por la verdad. Y volviste por mí.

—La verdad no importa si no hay nadie para contarla —respondí, mirándola a los ojos—. Tú eres importante, Lila. Más importante que cualquier papel, más importante que cualquier prueba. Y esta vez, no iba a perderte. No así.

Nos quedamos en silencio un momento, recuperando el aliento, mientras el frío de la noche nos rodeaba. Pero ya no era el frío del miedo. Era el frío de la claridad. Sabíamos lo que teníamos que hacer. No podíamos escondernos más. No podíamos esperar a que ella nos atacara primero.

—Vamos a la estación de policía —dije, apretando su mano—. Ahora mismo. Entregamos todo. Las pruebas, la grabación, el testimonio de lo que pasó hoy. No le damos tiempo a prepararse. No le damos tiempo a esconderse. Esta vez, terminamos de verdad.

Lila asintió, secándose las lágrimas con la manga.

—Voy contigo. Digan lo que digan, hagan lo que hagan, no me voy a mover de tu lado. Esto es mi culpa también. Y voy a asumirlo.

Caminamos juntas hacia la estación, las manos entrelazadas, la carpeta a salvo entre las dos. El camino fue largo y silencioso. Pensé en todo lo que habíamos pasado: la amistad, la traición, la muerte, el renacimiento, la huida, el regreso. Pensé en cómo la persona que creía mi peor enemigo se había convertido en la única persona que podía caminar a mi lado. Y supe que al final, la verdad no era solo papeles y pruebas. Era esto: dos personas que habían caído, y que habían decidido levantarse juntas.

Cuando entramos en la estación, las luces fluorescentes nos cegaron un momento. Nos acercamos al mostrador, y yo puse la carpeta sobre la mesa, con manos firmes, sin dudar.

—Tenemos una denuncia —dije, con voz clara—. Y tenemos pruebas. Muchas.

Detrás de nosotras, la puerta se cerró con un golpe seco. Y por primera vez en mucho tiempo, no sentí miedo. Sentí alivio. Porque la verdad ya no estaba escondida. Ya no era un secreto entre sombras. Estaba ahí, en la luz, lista para ser escuchada. Y esta vez, nadie podría silenciarla. Nadie.

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Patty Molina
sin jóvenes,no entiendo por qué los papás no aparecen ellos deberían apoyarlos o los profesores, solos no pueden
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: los papás la apoyan, más no intervienen, porque la que busca justicia y venganza es la protagonista
total 1 replies
Eliana Angulo
te felicito 👏🏽👏🏽
Eliana Angulo
muy interesante, te felicito 👏
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