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Mi Amante Millonario

Mi Amante Millonario

Status: En proceso
Genre:Amante arrepentido / Amor eterno / Amor prohibido
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Margalo

Un romance que surge entre el jefe de su esposo y la esposa de un hombre incapaz de satisfacer los más profundos deseos de una mujer como ella, al menos como lo hacer su jefe...

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capitulo 11: Alexa

Cuando todo terminó, Elisa se arregló la ropa con manos aún temblorosas, recogió lo que pudo del desorden del escritorio y salió del despacho con la cabeza dándole vueltas. No sabía si lo que sentía era alivio o culpa, pero el estómago le rugió de repente, recordándole que no había probado bocado desde la mañana. Preguntó a la recepcionista dónde comían los empleados y se dirigió hacia el gran comedor situado en la planta baja del edificio.

Al entrar, notó de inmediato cómo se dividía el espacio: las mesas más grandes y mejor situadas, cerca de las ventanas y lejos del ruido de las puertas, estaban ocupadas por un grupo de mujeres que destacaban entre la multitud. Todas iban impecablemente vestidas, con trajes que les sentaban a la perfección, maquillaje cuidado y un perfume suave pero distinguido que se percibía desde lejos. Se movían con una confianza que nadie más tenía, y el resto de los empleados las miraban de reojo, apartándose un poco cuando pasaban cerca.

Poco después supo la razón: los directivos y jefes de área tenían su propio salón privado, separado y exclusivo, así que en este comedor, las mujeres que estaban al lado de los hombres con más poder eran quienes mandaban realmente. Eran sus secretarias personales, las que sabían todos los secretos, las que daban o quitaban citas, las que decidían quién recibía una oportunidad y quién se quedaba fuera. Eran ellas las que llevaban el verdadero peso de la empresa, y todos lo sabían.

—¡Tú! La nueva del despacho principal —la llamó una voz fuerte y clara desde la mesa del fondo—. Ven aquí, no te quedes ahí parada como una perdida.

Elisa levantó la vista y vio a quien hablaba: era la mujer más alta de todas, con una postura recta y segura que imponía respeto. Tendría unos veintiséis años, el cabello castaño muy largo recogido en una coleta alta que le dejaba el rostro despejado y marcado, y vestía una blusa blanca ajustada junto con una minifalda negra de corte elegante que le quedaba perfecta. Tenía rasgos muy finos y se notaba que era la más guapa del grupo, aunque su mirada era firme y su tono de voz tenía mucho carácter.

—Acércate —repitió ella, sonriendo ahora con una calidez que sorprendió a Elisa—. No te vamos a comer. Soy Alexa, soy la secretaria del director financiero, y aquí nos sentamos todas las que trabajamos directamente con los jefes. No tiene sentido que comas sola si ya eres una de nosotras.

Elisa se acercó despacio y se sentó en el sitio libre que le señalaron. Las demás se presentaron una por una: Marta, la secretaria del jefe de ventas; Sofía, que llevaba la agenda del director de proyectos; y Valeria, encargada del despacho de recursos humanos. Todas la miraron con curiosidad, pero sin malicia, como si estuvieran evaluando si era de fiar.

—Pues bienvenida oficialmente —dijo Alexa, apoyando los codos en la mesa y entrelazando los dedos—. Aquí no andamos con rodeos. Sabemos que trabajar para los hombres de arriba no es fácil, y mucho menos si caes directamente en el despacho del dueño. Por eso nos reunimos así: porque entre nosotras nos entendemos mejor que nadie, y porque necesitamos saber cómo sobrevivir aquí dentro.

—¿Sobrevivir? —preguntó Elisa con suavidad.

—Exacto —asintió Sofía—. Aquí hay muchas reglas que no están escritas. Hay gente que sonríe en tu cara y te apuñala por la espalda en cuanto te das la vuelta. Los jefes cambian de humor en un minuto, las peticiones se acumulan y nadie te dice nunca cuál es el camino correcto.

—Pero no te asustes —añadió Alexa, dándole una palmadita suave en el brazo—. Si te mantienes al margen de los chismes, aprendes a callar lo que ves y oyes, y te mantienes fiel a nosotras, nadie te tocará. Somos el grupo más fuerte de la empresa, y nos cuidamos entre todas. Lo que se diga en esta mesa se queda en esta mesa.

—También hay que saber distinguir lo que es trabajo de lo que no lo es —continuó Marta, mirándola con atención—. A veces ellos quieren que seas su amiga, su confidente o algo más, pero tú tienes que saber poner tus límites sin perder tu puesto. No es fácil, pero entre todas te enseñaremos.

Elisa escuchaba asombrada, y por primera vez desde que entró al edificio sintió que no estaba tan sola. Esas mujeres sabían lo que era estar cerca de hombres poderosos, saber sus secretos y cargar con el peso de ese puesto, y no la juzgaban por nada. Se sentía cómoda entre ellas, rodeada de gente que entendía al menos una parte de lo que ella vivía.

—Gracias —dijo con sinceridad—. No sabía muy bien qué hacer ni a quién acercarme.

—Pues ya lo tienes claro —cerró Alexa, levantando su vaso de agua como si fuera un brindis—. Bienvenida al club. Ahora empieza a aprender las reglas de este juego, porque aquí quien no aprende, pierde.

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