Ella amaba dibujar, su sueño era poder dedicarse a eso.. pero, sufre un accidente.. aun así, la vida la oportunidad de reencarnar en una nueva vida.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Subasta 3
La subasta había recién comenzado oficialmente cuando Olivia descubrió que había algo que no esperaba.
La primera obra que sería presentada...
Era la suya.
Olivia parpadeó varias veces.
—¿La primera?
Lady Kayla también parecía sorprendida.
De hecho, varios de sus asistentes se miraban entre ellos, claramente confundidos.
No era algo que hubieran planeado de esa manera.
En aquella subasta había objetos de muchísimo valor.
Había pinturas de artistas reconocidos.
Joyas.
Terrenos.
Objetos antiguos.
Incluso uno de los duques había donado un carruaje para que fuera subastado y el dinero pudiera destinarse a las familias afectadas por las inundaciones.
Y, aun así...
El primer lote era el cuadro de Olivia.
Ella observó cómo algunos trabajadores llevaban cuidadosamente el lienzo hasta el lugar donde sería exhibido.
Era su montaña.
La montaña nevada.
El árbol de hojas rojas.
Y el pequeño libro bajo sus ramas.
Olivia se quedó mirándolo.
[Así que va primero...]
Por un momento pensó que quizás aquello significaba que su obra era considerada menos importante que las demás.
[Quizás la pusieron primero porque es sencilla.]
Miró los otros cuadros.
Algunos parecían mucho más elaborados.
[Además, probablemente será uno de los cuadros más económicos.]
La idea no la entristeció.
De hecho, sonrió.
[Está bien.]
[Es solo un pequeño aporte.]
No esperaba que su pintura recaudara una fortuna.
Lo importante era que alguien la comprara y que ese dinero ayudara a las personas afectadas.
Así que se quedó tranquila.
Entonces Lady Brenda Morrison, la asistente personal de Lady Kayla, se acercó a ella.
Era una joven muy eficiente y de expresión seria, que había estado supervisando los preparativos de la subasta.
—Lady Olivia.
Olivia se giró.
—¿Sí?
Brenda hizo una pequeña reverencia.
—Quería agradecerle personalmente por su cuadro.
Olivia sonrió.
—No tiene que agradecerme. Me alegra poder ayudar.
Brenda la miró unos segundos.
—Su pintura ha sido muy importante para esta subasta.
Olivia parpadeó.
—¿Importante?
—Sí.
Brenda habló con absoluta seriedad.
—Se vendió por una cantidad considerablemente superior a la que esperábamos.
Olivia abrió los ojos.
—¿De verdad?
—Sí.
La joven hizo una pausa.
—De hecho, se vendió por mucho más que el carruaje.
Olivia se quedó mirándola.
—¿Qué?
Brenda mantuvo su expresión completamente seria.
—El cuadro de la montaña y el árbol alcanzó un precio superior al del carruaje donado por uno de los duques.
Olivia la observó durante unos segundos.
Y entonces soltó una pequeña risa.
—Eso debe ser una broma.
Brenda no sonrió.
—No, mi lady.
Olivia dejó de reír.
—¿No?
—No.
—¿Realmente alguien pagó tanto por mi cuadro?
—Sí.
Olivia volvió a mirar el lienzo.
Era el mismo cuadro que había pintado durante semanas.
El mismo que había dudado en entregar.
El mismo que había pensado que quizás no sería demasiado importante.
[¿Más que un carruaje?]
No podía creerlo.
Entonces apareció un joven.
Tenía un aspecto bastante parecido al de Brenda, por lo que Olivia supuso inmediatamente que debían ser hermanos.
Se acercó a ellas.
—Mi hermana tiene razón.
Brenda lo miró.
—¿Ya terminaste?
—Sí.
El joven sonrió y luego se dirigió a Olivia.
—Lady Olivia, su cuadro fue subastado a un excelente precio.
Olivia seguía sin poder reaccionar.
—Pero...
Miró nuevamente la pintura.
—Yo solo quería ayudar.
El joven asintió.
—Y lo ha conseguido.
—¿Cuánto...?
Olivia no terminó la pregunta.
Quizás ni siquiera quería saberlo.
El joven sonrió.
—Lo suficiente para que muchas personas puedan recibir ayuda.
Aquellas palabras fueron las que finalmente hicieron que Olivia lo comprendiera.
No importaba cuánto dinero había alcanzado.
No importaba que hubiese superado a otros objetos mucho más costosos.
Su pintura había conseguido algo.
Había ayudado.
Y eso era exactamente lo que ella quería.
Sus ojos comenzaron a brillar.
Una enorme sonrisa apareció en su rostro.
[De verdad...]
[De verdad alguien pagó tanto por mi pintura.]
Y entonces sintió una felicidad distinta.
No era la misma emoción que había sentido cuando recibió su primer pago.
Esto era diferente.
Había pintado aquel cuadro para ayudar.
Y ahora sabía que su trabajo realmente iba a convertirse en ayuda para otras personas.
Olivia llevó una mano hasta su pecho.
—Estoy muy feliz.
Brenda sonrió finalmente.
—Creo que eso era precisamente lo que buscaba cuando decidió donarlo.
Olivia asintió.
—Sí.
Miró nuevamente el árbol de hojas rojas.
Durante casi dos años aquella imagen había permanecido en su mente.
No sabía por qué había soñado con ella.
No sabía qué significaba.
Solo sabía que había querido pintarla.
Y ahora...
Aquella imagen estaba ayudando a personas que ni siquiera conocía.
Olivia sonrió.
[Quizás pintar realmente puede hacer más que hacerme feliz.]
[Quizás también puede hacer felices o ayudar a otras personas.]
Y mientras observaba cómo comenzaba la subasta, sintió que había aprendido una de las lecciones más bonitas de su nueva vida.
No siempre era necesario hacer algo enorme para cambiar las cosas.