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Cuidando Al Hijo Del Ceo Billonario

Cuidando Al Hijo Del Ceo Billonario

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Padre soltero
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Guanipa

Maximiliano Vance es un implacable y atractivo CEO billonario con el corazón blindado por una traición del pasado. Su mayor desafío no es dominar los negocios, sino criar a su retraído hijo, quien ha ahuyentado a docenas de niñeras. Maximiliano juró no volver a confiar en nadie, y menos en las mujeres hermosas.
Mía Thorne, una dulce graduada en psicología infantil, se queda completamente sola tras la muerte de su abuela. Desalojada cruelmente por sus tíos y sin dinero para una renta, acepta desesperada el puesto de niñera residencial en la imponente mansión Vance.
Al usar su empatía para sanar al niño, Mía también agrieta la fría coraza de Maximiliano. Una atracción inevitable y peligrosa surge entre ambos, desafiando las estrictas reglas de su contrato. Sin embargo, secretos del pasado e intrigas corporativas amenazan con destruirlos. ¿Podrá el amor sanar a un hombre herido o ganará la desconfianza?

NovelToon tiene autorización de Maria Guanipa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La calle y el billonario

Pasaron el resto de la tarde de esa manera: compartiendo el silencio y los colores sobre la mesa de caoba clara, mientras el sol comenzaba a ocultarse tras los inmensos ventanales de la propiedad. Mía no lo presionó para que hablara, ni le preguntó por su madre, ni mencionó el nombre de su padre. Simplemente estuvo allí, ofreciéndole una presencia predecible y segura, algo que el pequeño heredero no había tenido en mucho tiempo entre tanta rotación de personal y exigencias corporativas.

A las siete de la tarde, la campana que anunciaba la cena resonó desde la planta baja. Leo se tensó de inmediato, soltando el crayón amarillo y mirando hacia la puerta con una expresión de renovada ansiedad. Sabía lo que significaba la cena: el escrutinio de su padre, las miradas severas y la obligación de comportarse como un adulto en miniatura.

Mía se puso de pie y le tendió la mano, no con fuerza, sino manteniéndola abierta, dándole la opción de elegir.

—Es hora de bajar, Leo. Tu papá está esperando. Si quieres, podemos ir juntos y mostrarle el dibujo del cielo nocturno. No tienes que decir nada si no te apetece; yo me encargaré de la conversación.

El niño miró la mano de Mía durante varios segundos. Sus pequeños dedos temblaron levemente. Finalmente, en lugar de dar un paso atrás o regresar al armario, estiró su mano y se aferró a los dedos de Mía con una fuerza sorprendente para sus seis años. Era el agarre de alguien que ha encontrado un cabo suelto en medio de un naufragio.

Juntos bajaron las escaleras de mármol. Al entrar al comedor, Maximiliano ya estaba en su lugar, con una nueva tableta en la mano y una expresión que denotaba que estaba listo para dictar sentencia sobre el fracaso de los métodos humanitarios de la psicóloga. Sin embargo, al levantar la vista y ver a su hijo caminar de la mano de Mía, sin arrastrar los pies, sin llorar y sosteniendo un papel arrugado en la otra mano, el billonario se quedó paralizado.

Por primera vez desde que Mía había entrado a esa casa, la máscara de frialdad absoluta de Maximiliano Vance mostró una fisura real. Sus ojos grises se abrieron levemente y dejó la tableta sobre la mesa con un golpe seco, incapaz de apartar la mirada de la pequeña mano de su hijo unida a la de la mujer que acababa de desafiarlo unas horas antes.

—Siéntate, Leo —dijo Maximiliano, esforzándose por mantener su habitual tono plano, aunque una sutil vibración de desconcierto tiñó sus palabras.

Mía ayudó al niño a acomodarse en su inmensa silla y luego tomó su propio lugar. Durante la cena, el silencio volvió a imperar, pero ya no era el silencio tenso y cortante del desayuno. Era un espacio de observación mutua. Maximiliano no dejó de mirar a Mía de reojo, intentando descifrar qué clase de secreto poseía esta joven graduada que carecía de recursos y posición social, pero que había logrado en diez horas lo que un ejército de profesionales con maestrías internacionales no pudo conseguir en meses.

Mía, por su parte, se concentró en Leo, asegurándose de que el niño se sintiera protegido ante la imponente presencia de su padre. Al terminar, Maximiliano hizo una seña con la mano a las sirvientas para que se retiraran, indicando que la verdadera confrontación de la noche estaba por comenzar.

—Ha cumplido con la primera parte de su exigencia, señorita Thorne —declaró el CEO, cruzando los brazos sobre el pecho y fijando su mirada penetrante en ella—. Mi hijo ha bajado a cenar por voluntad propia. Sin embargo, esto es solo el inicio. Mañana tengo una recepción importante en el hotel principal de la cadena y espero que Leo asista al menos a la apertura. Veremos si su "empatía" resiste la presión del escrutinio público.

Mía apretó los cubiertos con suavidad, sintiendo que el desafío subía de nivel, pero la mirada de confianza que Leo le dirigió desde su silla le dio toda la fuerza que necesitaba para sostener el contrato y la mirada del indomable billonario.

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Celina
me encanta ☺️🥰🤗 tu historia 💛💛💛💛 por favor no tardes en publicar 💛💛💛 Gracias ☺️
Maria Guanipa: encanta de que te gusta 🥰
total 1 replies
Maria Guanipa
excelente novela, deberías de leerla🥰
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