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Renací Para Evitar Mi Final

Renací Para Evitar Mi Final

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Reencarnación / Completas
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: CrisCastillo

Valeria Montrose fue la villana más odiada del Imperio de Elarion. Obsesionada con el príncipe heredero, manipuló, traicionó y destruyó a todos los que se interpusieron en su camino. Al final, fue ejecutada públicamente tras ser acusada de conspiración contra la corona.

Cuando la espada cae sobre su cuello, cree que todo ha terminado.

Sin embargo, despierta diez años atrás, en el día de su presentación en sociedad.

Esta vez conserva todos sus recuerdos.

Sabe que el príncipe nunca la amó. Sabe que la heroína del reino no era su enemiga. Y, sobre todo, sabe que detrás de su caída existía una conspiración mucho más grande que terminó provocando una guerra que destruyó el imperio.

Decidida a sobrevivir, Valeria toma una decisión inesperada:

No perseguirá al príncipe.

Pero cambiar el destino resulta más difícil de lo esperado cuando el propio príncipe comienza a interesarse por ella después de que deja de perseguirlo.

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08

Los días previos al banquete transcurrieron en una niebla de tensión y preparación. Valeria se movía por la mansión como un fantasma, su mente trabajando febrilmente mientras ensayaba una y otra vez el plan que había diseñado con Aurelius. Cada conversación con su madre se convertía en un campo minado de expectativas no expresadas, cada mirada de los sirvientes parecía cargar con el peso de secretos no dichos.

La noche del banquete, Valeria se paró frente al espejo de su habitación, el reflejo que le devolvía era el de una desconocida. Vestía un traje de seda carmesí, tan oscuro como la sangre seca, con un corpiño que ceñía su torso con una firmeza casi militar. Su cabello, normalmente suelto y rebelde, estaba recogido en un peinado intrincado que exponía la línea de su cuello, vulnerable pero desafiante. Alrededor de su cuello, la medalla de los Guardianes del Tiempo brillaba con una luz sorda, oculta parcialmente por el encaje de su vestido pero siempre presente.

—Estás impresionante—dijo Lady Montrose entrando en la habitación, sus ojos brillando con orgullo y anticipación. —Lord Cassian estará encantado. Todo el mundo estará encantado.

—No estoy aquí para complacer a nadie, madre—respondió Valeria, su voz tan fría como el acero. —Estoy aquí para jugar un juego. Y voy a ganar.

Lady Montrose frunció el ceño, desconcertada por el tono de su hija, pero decidió no insistir. En su mente, el resultado justificaba los medios. Si Valeria ganaba el favor de Cassian, la familia Montrose ascendería en la escala social, y eso era todo lo que importaba.

El viaje al palacio fue silencioso, la única luz proveniente de las farolas de la ciudad que parpadeaban como estrellas cautivas. Valeria sentía el peso de los documentos de Cassian ocultos en un pequeño bolsillo cosido en el interior de su vestido, un secreto ardiente contra su piel.

El salón de banquetes del palacio era una maravilla de opulencia y decadencia. Candelabros de oro brillaban sobre mesas cargadas de manjares exóticos, y las paredes estaban adornadas con tapices que narraban las victorias pasadas del imperio. La nobleza se movía como un mar de sedas y joyas, sus risas y murmullos creando una sinfonía de superficialidad que a Valeria le resultaba repulsivamente familiar.

—Lady Montrose—dijo una voz suave a su lado, y Valeria se giró para encontrarse con Eleanor, vestida con un modesto vestido azul que parecía desentonar deliberadamente con la extravagancia del evento. —No pensé que vendrías.

—No tenía elección—respondió Valeria con sinceridad. —Pero estoy agradecida de tenerte aquí, Eleanor. En este mar de tiburones, eres la única foca que no me quiere devorar.

Eleanor sonrió, pero su expresión estaba cargada de preocupación. —Ten cuidado, Valeria. He oído rumores... cosas inquietantes sobre lo que Cassian planea esta noche.

—Ya lo sé—respondió Valeria, bajando la voz. —Y estoy preparada.

Mientras hablaban, sintió una presencia a sus espaldas. Se giró lentamente, encontrándose con los ojos grises e intensos de Aurelius. Vestía el uniforme de los Caballeros Imperiales, pero parecía más un depredador acechando en la jaula dorada de la corte que un protector.

—Lady Montrose. Lady Vance—saludó con una ligera inclinación de cabeza. —Un placer verlas esta noche.

—Comandante—respondió Valeria, su corazón acelerándose. ¿Era una coincidencia o él estaba aquí para asegurar que su plan se cumpliera?

Aurelius susurró algo al oído de Eleanor, quien asintió con gravedad antes de retirarse con una disculpa. Luego, se giró hacia Valeria.

—¿Estás lista?—preguntó, su voz tan baja que casi no se escuchaba sobre el murmullo de la multitud.

—Tan lista como lo estaré jamás—respondió Valeria, su mano rozando instintivamente la medalla oculta. —¿Todo está en su sitio?

—Todo está en su sitio—asintió Aurelius. —Recuerda, el momento es crucial. Demasiado pronto, y no te creerán. Demasiado tarde, y Cassian habrá ganado.

—Lo entiendo—dijo Valeria, aunque una parte de ella temblaba por dentro. —¿Y si algo sale mal?

—Entonces los Guardianes actuarán—respondió él con firmeza. —Pero no llegaremos a ese punto. Tengo fe en ti.

Antes de que Valeria pudiera responder, una voz cortés interrumpió su conversación.

—Lady Montrose, si me permite. El comandante Blackwood tiene deberes que atender.

Se giró para encontrarse con Lord Cassian, whose sonrisa no alcanzaba sus ojos. Vestía con una elegancia impecable, pero Valeria podía sentir la tensión underneath su cortesía, la impaciencia que ardía debajo de su fachada calmada.

—Lord Cassian—saludó con una reverencia, su mente racing. —Gracias por invitarme. Es un... evento memorable.

—Solo el comienzo, mi querida Valeria—respondió él, ofreciéndole el brazo. —Permíteme presentarte a algunas personas. Hay quienes están ansiosos por conocerte.

Valeria aceptó su brazo con una sonrisa forzada, sintiendo el contacto como si fuera el de una serpiente venenosa. Mientras la guiar a través de la multitud, presentándola a nobles importantes cuyos nombres apenas escuchaba, su mente se centraba en el plan, en el momento perfecto para actuar.

—Y este es Lord Harrington—dijo Cassian finalmente, deteniéndose frente a un hombre mayor con ojos cansados y una expresión de resignación. —Lord Harrington, permíteme presentarte a Lady Montrose, una de las mentes más brillantes de nuestra generación.

Lord Harrington la saludó con una cortesía cansada, sus ojos evaluándola con una curiosidad distante. No tenía idea de que era la persona destinada a reemplazarlo, la herramienta que Cassian usaría para destruirlo.

—Un honor, Lord Harrington—dijo Valeria, sintiendo una punzada de culpabilidad. Este hombre no merecía el destino que Cassian le tenía reservado.

—El placer es mío, Lady Montrose—respondió él. —He oído hablar de su agudeza intelectual. Espero que el círculo de estudiosos se beneficie de su perspectiva.

Antes de que Cassian pudiera responder, un sirviente se acercó y susurró algo en su oído. La expresión de Cassian se endureció momentáneamente antes de recuperar su compostura.

—Disculpen, señores—dijo con una sonrisa forzada. —Un pequeño asunto que requiere mi atención. Valeria, ¿te importaría esperar aquí? Volveré en un momento.

Valeria asintió, aunque su corazón se aceleraba. ¿Era parte del plan? ¿O algo inesperado?

Mientras Cassian se retiraba, Lord Harrington se giró hacia ella con una expresión pensativa.

—No seas ingenua, muchacha—dijo él con voz baja, su tono cambiando drásticamente. —Sé por qué estás aquí. Sé lo que Cassian planea.

Valeria sintió cómo se le helaba la sangre. ¿Era él también un renacido? ¿O parte de los Guardianes?

—No entiendo a qué se refiere—mintió, su mente racing.

—Oh, creo que sí—respondió Harrington, sus ojos ahora afilados y alerta. —Aurelius me habló. Me advirtió sobre los planes de Cassian. Y me dijo que podría confiar en ti.

La revelación la dejó sin aliento. Aurelius no solo le había dado un plan; había estado moviendo piezas en el tablero mucho antes de que ella se diera cuenta.

—¿Qué necesitas que haga?—preguntó, su voz apenas un susurro.

—Nada, por ahora—respondió Harrington. —Solo juega tu papel. Deja que Cassian crea que te tiene bajo control. Cuando llegue el momento, actúa como hemos planeado. Pero ten cuidado. Cassian no es hombre al que le guste perder.

Antes de que Valeria pudiera responder, Cassian regresó, su sonrisa ahora más tensa, más forzada.

—Disculpen la interrupción—dijo, ofreciendo de nuevo su brazo a Valeria. —Es hora de que los anuncios comiencen. Valeria, por favor, acompáñame.

Mientras la guiaba hacia el estrado donde se harían los anuncios, Valeria sintió el peso de las miradas sobre ella. Vio a Alistair en una esquina, observándola con una intensidad que la inquietaba. Vio a Lord Thornton, sonriendo con condescendencia como si ya supiera el resultado. Vio a su madre, cuyos ojos brillaban con un orgullo que la repelía.

—Damas y caballeros—dijo Cassian cuando llegaron al estrado, su voz resonando sobre el murmullo de la multitud. —Gracias por reunirse esta noche para celebrar no solo la prosperidad de nuestro imperio, sino también el futuro que nos espera.

Mientras hablaba, Valeria sentía cómo el tiempo se ralentizaba. Cada palabra de Cassian parecía una gota de veneno, cada sonrisa una amenaza velada.

—Y es con gran alegría que anuncio esta noche un nuevo talento que se une a nuestro círculo de estudiosos, alguien cuya agudeza intelectual y perspectiva única enriquecerán nuestros debates y ayudarán a guiar al imperio hacia un futuro más brillante.

Cassian se giró hacia ella, su sonrisa ahora triunfante, predatoria. Estaba a punto de presentarla, de convertirla en su herramienta, su cómplice.

—Les presento a Lady Valeria Montrose—dijo él, y la multitud aplaudió cortésmente. —Y es mi privilegio anunciar que será nuestra candidata para el puesto vacante en el consejo privado del emperador.

Los aplausos crecieron, y Valeria sintió cómo el mundo giraba a su alrededor. Este era el momento. El momento para actuar o para ser consumida por las mentiras de Cassian.

—Gracias, Lord Cassian—dijo, su voz resonando con una claridad que sorprendió incluso a sí misma. —Pero antes de aceptar tan generosa oferta, hay algo que debo compartir con todos ustedes. Algo que afecta no solo mi futuro, sino el de todo el imperio.

La expresión de Cassian se endureció, sus ojos brillando con peligro. —Valeria, esta no es la ocasión...

—Lo es, de hecho—interrumpió Valeria, sacando los documentos de su bolsillo oculto. —Porque mientras Lord Cassian planeaba mi futuro, también conspiraba para destruir la reputación de un hombre leal. Un hombre que ha servido al imperio durante décadas con honor y dedicación.

Se giró hacia la multitud, sus ojos encontrando los de Lord Harrington, quien asintió ligeramente.

—Estos documentos—dijo Valeria, su voz firme y clara— prueban sin lugar a dudas que Lord Cassian ha estado fabricando pruebas para acusar falsamente a Lord Harrington de traición. Pruebas que ha estado creando durante meses para desestabilizar el consejo privado y consolidar su propio poder.

Un murmullo recorrió la multitud, y Valeria sintió cómo el miedo se mezclaba con la adrenalina. Vio la ira en los ojos de Cassian, la sorpresa en los de Alistair, el orgullo en los de Aurelius.

—Pero eso no es todo—continuó, su voz ganando fuerza. —Estos mismos documentos también demuestran que Lord Cassian ha estado conspirando no solo contra Lord Harrington, sino contra el propio emperador. Planes para debilitar la autoridad imperial, para colocar a sus aliados en posiciones de poder, para convertir el consejo privado en su instrumento personal.

El silencio que siguió fue absoluto, denso y pesado. La multitud estaba atónita, su mundo de cortesías y superficialidades roto por la cruda realidad de la traición.

—Mientes—dijo Cassian, su voz tan fría como el acero. —Estas son falsificaciones. Un intento desesperado de...

—¿Desesperado?—interrumpió Valeria, volviéndose hacia él con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos. —¿O inteligente? ¿O quizás... justo?

Mientras la multitud procesaba sus palabras, Valeria sintió una mano en su hombro. Se giró para encontrarse con Aurelius, whose expresión era una mezcla de alivio y admiración.

—Lo has hecho—dijo él con voz baja. —Has expuesto su traición ante toda la corte.

—No hemos terminado—respondió Valeria, sus ojos fijos en Cassian. —Ahora viene la parte difícil.

Como en respuesta, los guardias imperiales se movieron a través de la multitud, acercándose al estrado con una determinación que no dejaba lugar a dudas. Cassian los vio, y su rostro perdió toda su compostura, revelando el miedo y la rabia underneath.

—Lord Cassian—dijo Aurelius con voz formal que resonó sobre el silencio de la sala. —Bajo las órdenes del emperador, quedas bajo arresto por alta traición.

Mientras los guardias se llevaban a un Cassian furioso y derrotado, Valeria sintió cómo una ola de agotamiento la golpeaba. Había ganado esta batalla, pero la guerra estaba lejos de terminar. Alistair todavía estaba allí, observándola con una intensidad que la inquietaba. Los otros renacidos todavía estaban ahí, sus planes y ambiciones amenazando el futuro del imperio.

Pero mientras la multitud comenzaba a murmurar de nuevo, mientras su madre se acercaba con una expresión de shock y orgullo confundidos, Valeria sintió algo que no había sentido en mucho tiempo: esperanza. No la falsa esperanza de una joven noble ingenua, sino la esperanza dura y resistente de una luchadora que había enfrentado sus demonios y había sobrevivido.

—Esto no ha terminado—dijo Aurelius a su lado, su voz tan baja que casi no se escuchaba. —De hecho, acaba de comenzar.

Valeria asintió, sus ojos encontrando los de Alistair desde el otro lado de la sala. Él sonrió, un gesto lento y deliberado que prometía desafíos y peligros futuros.

—Lo sé—respondió Valeria, su decisión tomada. —Y estoy lista para lo que venga.

Mientras se retiraba del estrado, la medalla de los Guardianes del Tiempo brillando contra su piel, Valeria sentía cómo el mundo cambiaba a su alrededor. Ya no era la villana odiada de su vida anterior, ni la pieza manipulada que Cassian había intentado crear. Era algo nuevo, algo más. Era una renacida con un propósito, una jugadora en un juego mucho más grande y complejo de lo que había imaginado.

Y estaba decidida a ganar, sin importar el costo.

1
Dora Guzman Pacherres
Cada capítulo más interesante sabes tejer las intrigas y nos dejas con un suspenso de querer más y más.
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