Amar es lindo, que te ame y elija vez tras vez la misma persona que amas, es inexplicable. Pero lamentablemente, en este mundo, hay demasiadas personas rotas, demasiadas personas tratando de curar sus heridas, demasiadas personas sin saber reconocer cuando son amadas y cuando solamente son un paso en la vida. Y muchas personas olvidan lo más importante, para amar a otros sin lastimar, primero debemos amarnos nosotros mismos
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CAPÍTULO 15 Cuando la verdad empieza a doler
La cabaña amaneció en silencio.
Pero no era un silencio tranquilo.
Era ese tipo de silencio que aparece después de una tormenta, cuando todo sigue en pie… pero nada se siente igual.
Ana Laura no había dormido.
Había pasado la noche sentada junto a la ventana, observando cómo la oscuridad cedía lentamente ante un amanecer frío y sin color.
Dentro de ella, algo también había cambiado.
Ya no era solo dolor.
Era una especie de ruptura interna.
Como si su identidad hubiera dejado de ser una sola pieza.
Ahora eran fragmentos.
Jared no la había buscado durante la noche.
Y eso, de alguna forma, le dolía tanto como lo demás.
Cuando bajó a la sala, él ya estaba despierto.
Preparaba café.
Sus movimientos eran automáticos, como si tampoco hubiera dormido bien.
El ambiente entre ambos era distinto.
Más frío.
Más cuidadoso.
Ya no había discusión abierta.
Solo distancia.
Ana lo observó unos segundos desde la escalera.
Luego habló.
—¿Cuánto tiempo llevas sin dormir?
Jared no la miró de inmediato.
—No es importante.
Ana soltó una risa sin humor.
—Ahora todo es “no es importante”.
Jared dejó la taza sobre la mesa.
Se giró lentamente.
Sus ojos se encontraron.
Y durante un segundo, ninguno supo cómo sostener esa mirada.
—Lo que te dije ayer… —empezó él.
Ana levantó una mano.
—No.
Jared se detuvo.
Silencio.
—No quiero más explicaciones hoy —dijo ella.
La voz sonó más baja de lo esperado.
Más cansada.
Jared la observó con atención.
—Ana…
—Dije que no.
Pausa.
—No porque no quiera saber.
Su voz tembló apenas.
—Sino porque ya no sé cómo seguir escuchando sin romperme más.
El aire se volvió pesado.
Jared bajó la mirada.
—Entiendo.
Ana soltó una exhalación lenta.
—No creo que entiendas nada.
Pero no sonó agresivo.
Sonó… agotado.
Pasaron varios minutos sin hablar.
Ana tomó una taza de café, aunque no tenía ganas de beberlo.
El sabor era irrelevante.
Su mente seguía atrapada en las palabras de la noche anterior.
"Eres una pieza."
"Tu existencia no es un accidente."
"Te separaron porque era necesario."
Cada frase se repetía en bucle, como una herida que no deja de abrirse.
Finalmente habló.
—Si todo esto es verdad…
Jared levantó la vista.
—Entonces no estoy segura en ningún lugar.
Él no respondió de inmediato.
—No —dijo finalmente—. No lo estás.
Ana apretó la taza con fuerza.
—¿Y cuánto tiempo crees que podemos escondernos aquí?
Jared dudó.
—No mucho.
La sinceridad volvió a golpear.
Ana cerró los ojos un segundo.
—Perfecto.
Silencio.
—Entonces esto no es un refugio —añadió.
Jared negó lentamente.
—Es un punto temporal.
Ana lo miró.
—Como si eso lo hiciera mejor.
Jared no discutió.
Porque no podía.
De pronto, el teléfono de Jared vibró.
Ambos se quedaron quietos.
Él lo sacó del bolsillo.
Leyó el mensaje.
Y su expresión cambió.
Ana lo notó inmediatamente.
—¿Qué pasa?
Jared no respondió.
Ana dio un paso hacia él.
—Jared.
Él levantó la mirada.
Y en sus ojos había algo nuevo.
Urgencia.
—Nos encontraron.
El estómago de Ana se contrajo.
—¿Quién?
Jared ya se estaba moviendo.
—No importa.
—¡Claro que importa!
Él caminó hacia la ventana.
Observó el exterior.
El bosque.
El camino.
El silencio.
Todo demasiado quieto.
Demasiado perfecto.
—Tenemos que irnos —dijo.
Ana sintió un escalofrío.
—¿Ahora?
—Ahora.
Ella lo miró sin comprender del todo.
—Pero… ¿cómo?
Jared tomó su chaqueta.
—Rápido.
Ana sintió que el aire se le cortaba.
—No puedo simplemente desaparecer otra vez.
Jared la miró directamente.
—Sí puedes.
Silencio.
Ana apretó los puños.
—No soy un objeto que se mueve cuando alguien decide.
La voz de Jared se suavizó.
—No lo eres.
Pausa.
—Pero si no te mueves, te van a encontrar.
El silencio volvió a caer.
Pesado.
Definitivo.
Mientras empacaban lo esencial, Ana sintió que algo dentro de ella se resistía.
No a huir.
Sino a depender.
A confiar.
A seguir sin saber qué era real y qué no.
Se detuvo de repente.
—Espera.
Jared se giró.
—¿Qué?
Ana lo miró fijamente.
—Si salimos de aquí… necesito una respuesta.
Él frunció el ceño.
—¿Cuál?
Ana respiró hondo.
—¿Qué soy yo para ellos?
El silencio fue inmediato.
Jared no respondió.
Y eso ya era una respuesta en sí misma.
Ana dio un paso hacia él.
—No quiero más piezas.
—Ana…
—No.
Su voz fue firme.
—Dime la verdad completa o no voy a ir contigo.
Jared cerró los ojos un segundo.
Y cuando los abrió, había algo distinto en su mirada.
No estrategia.
No cálculo.
Solo verdad cruda.
—Eres el punto de origen.
Ana se quedó inmóvil.
—¿Qué?
Jared dio un paso hacia ella.
—No eres solo alguien que fue escondida.
Pausa.
—Eres la razón por la que muchas cosas empezaron a cambiar.
Ana sintió que el mundo se inclinaba otra vez.
—Eso no tiene sentido…
Jared la miró fijamente.
—Sí lo tiene.
Silencio.
—Y por eso te quieren controlar.
Ana sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
—Yo no hice nada.
Jared bajó la voz.
—No importa.
El silencio se volvió absoluto.
Ana sintió rabia.
Miedo.
Dolor.
Todo mezclado.
—Entonces dime una cosa —susurró.
Jared la miró.
—¿Qué?
Ana lo sostuvo con la mirada.
—Si soy tan importante… ¿por qué yo no sé nada?
El aire se volvió más frío.
Jared tardó en responder.
—Porque alguien decidió que era mejor así.
Ana sintió lágrimas en los ojos.
Pero no las dejó caer.
—¿Quién?
Jared la observó.
Y por primera vez su respuesta fue clara.
—El mismo que todavía quiere decidirlo todo.
Silencio.
A lo lejos, un sonido.
Motor.
Muy suave.
Apenas perceptible.
Jared lo escuchó primero.
Se tensó.
Ana lo notó.
—¿Qué es eso?
Él no respondió.
El sonido volvió.
Más cerca.
Ana sintió el miedo subirle por la espalda.
—Jared…
Él apagó la luz de la cabaña.
Oscuridad total.
—No hagas ruido —susurró.
El motor se acercaba.
Más claro.
Más real.
Ana sintió su respiración acelerarse.
Y entonces lo entendió.
Ya no estaban buscando respuestas.
Estaban siendo encontrados