Elena Vargas lo entregó todo por su familia.
Construyó un imperio desde cero, sacrificó sus sueños por su esposo y creyó que el amor podía superar cualquier obstáculo. Pero una noche descubre la verdad más cruel: Rodrigo, el hombre con quien compartió su vida, nunca la amó. Junto a su amante, ha pasado años robándole su empresa, manipulando a su hijo y convirtiéndola en la mujer desechable que ambos planean abandonar cuando ya no les sirva.
Humillada, traicionada y destrozada, Elena pierde la vida en un trágico accidente.
Pero el destino le concede un milagro imposible.
Despierta diez años en el pasado, justo antes de que todo se derrumbe.
Esta vez no cometerá los mismos errores.
No pedirá explicaciones. No suplicará amor. No volverá a confiar.
Mientras Rodrigo y su amante creen seguir manipulando a la esposa perfecta, Ele
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Capítulo 16El Plan B
Rodrigo todavía miraba los pedazos del teléfono en el suelo cuando Elena salió de la rueda de prensa. Apenas llegó a su oficina, recibió un mensaje de un número desconocido.
“Rodrigo contactó a alguien con antecedentes. La amenaza ya no es legal. Cuídese.”
Elena se quedó mirando la pantalla. Sintió un frío subirle por la espalda. No era una amenaza mediática. Ni legal. Era física.
Llamó a Samuel de inmediato.
—¿Leíste lo que pasó? —preguntó él apenas contestó.
—Acabo de recibir un anónimo. Dice que Rodrigo contactó a alguien peligroso.
Samuel soltó un suspiro largo.
—Contrata seguridad ya. No es una sugerencia. Es una orden. No puedes seguir sola en esto.
Elena se pasó la mano por la cara. Tenía la garganta seca.
—Lo voy a pensar.
—No hay nada que pensar —insistió Samuel—. Si te pasa algo, todo se cae. Contrata gente hoy mismo.
Ella colgó y se quedó sentada, mirando la pared. No quería admitirlo, pero el mensaje la había sacudido. Rodrigo estaba perdiendo el control. Y los hombres desesperados cometían estupideces.
La puerta de su oficina se abrió de golpe sin que nadie tocara.
Luciano entró como un huracán. Cerró de un portazo y se plantó frente al escritorio.
—¿Por qué carajos no me llamó? —soltó sin saludar.
Elena levantó la vista lentamente. Tenía la mandíbula tensa.
—Porque no es su problema.
Luciano soltó una risa corta y amarga.
—Lleva semanas diciéndome lo mismo. —Se inclinó sobre el escritorio, con las manos apoyadas en la madera—. ¿Cree que soy idiota? Vi la rueda de prensa. Vi cómo Rodrigo la miraba. Y ahora recibo llamadas de gente que dice que está moviendo gente pesada. ¿Hasta cuándo va a seguir fingiendo que puede con todo sola?
Elena se levantó. Tenía el pecho agitado y las manos frías.
—No necesito que venga a mi oficina a gritarme.
—No estoy gritando —respondió él, aunque su voz sonaba contenida—. Estoy intentando que entre en razón. Si Rodrigo está contactando a gente con antecedentes, esto ya no es un juego de papeles y empresas. Esto es peligroso.
Elena rodeó el escritorio y se detuvo frente a él. Estaban demasiado cerca.
—¿Y usted qué gana ayudándome? —preguntó ella bajando la voz—. Porque todo tiene precio, Luciano. Ya se lo dije.
Él la miró fijo. No se movió.
—Llámele estrategia si quiere. Si algo le pasa a usted, el plan entero se cae. Así que al menos por estrategia, déjeme ayudar.
Elena sostuvo la mirada. Tenía el estómago revuelto. Quería mandarlo al carajo. Quería decirle que se fuera. Pero también sabía que tenía razón.
—Solo por estrategia —dijo por fin.
Luciano no respondió. Ese silencio dijo más que cualquier palabra.
Se quedó mirándola unos segundos más. Luego dio un paso atrás.
—Voy a poner gente de confianza vigilando. Discretamente. No discuta.
Elena asintió sin ganas.
Cuando Luciano llegó a la puerta, se detuvo un segundo.
—Rodrigo ya cruzó una línea —dijo sin girarse—. No espere a que cruce otra.
Salió y cerró la puerta.
Elena se quedó sola. Se apoyó contra el escritorio y soltó el aire con fuerza. Tenía las manos temblando y un nudo en la garganta que no se iba.
Rodrigo estaba desesperado.
Y ella acababa de aceptar ayuda de un hombre en el que todavía no confiaba del todo.
Su teléfono vibró. Otro mensaje desconocido.
“Plan B activado. Cuídese las espaldas.”
Elena cerró los ojos.
La guerra ya no era solo de papeles.
Ojalá que encuentren a Adriana Ferreti y entre las dos hundan a ese engendro.
Un duro golpe para ese muchacho de 17 años que apenas está empezando la vida y tener que enfrentar eso.
Me imagino que Luciano tiene amigos mafiosos y no quiere deberles nada así que los utilizará por el amor que siente por Elena.
Luciano está babeando por Elena y ella ya le está gustando Luciano que hasta lo besó.