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Obsessed

Obsessed

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor-odio
Popularitas:402
Nilai: 5
nombre de autor: Akari_Art

Quien diría que una beca en Alemania solo para estudiar tomaría un rumbo distinto al imaginado..

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EP 2: -Primer Dia

Me desperté a las cinco y media de la mañana.

No porque mi alarma sonara. El calentador de la pensión hizo un ruido tan fuerte a las cinco que pensé que se había caído una parte del techo. Me levanté con el corazón acelerado, miré por la ventana y todavía estaba oscuro. En Hamburgo amanece tarde y anochece muy temprano. A las seis de la mañana parecía de madrugada.

Me puse la única ropa negra que tenía: unos jeans negros que ya estaban un poco gastados, una playera negra de manga larga y mis botas que todavía estaban húmedas del día anterior. Me hice una coleta, me puse el delantal que me había dado Maros y salí corriendo bajo la lluvia.

Llegué a Noir Coffee a las seis y cincuenta. Diez minutos antes. Maros ya estaba ahí, abriendo las sillas y prendiendo la máquina de café. Olía a limpio y a café recién molido.

-Llegaste temprano - me dijo sin mirarme-. Bien.

-Buenos días - respondí.

-Te voy a explicar rápido porque a las siete abrimos y ya hay gente esperando afuera - dijo mientras me entregaba un trapo-. Mesas del uno al seis son tuyas. La barra es mía. Si te piden algo que no sabes, me preguntas. Si se les cae algo, lo limpias. Si te dejan propina, es tuya. ¿Entendido?

-Entendido.

-No llores si te gritan. Aquí vienen muchos estudiantes estresados.

No supe si era una broma o una advertencia.

A las siete en punto, Maros giró el cartel de CERRADO a ABIERTO y la puerta se abrió.

Y no paró de abrirse en toda la mañana.

Nunca había trabajado atendiendo gente. Pensaba que era solo llevar cafés y sonreír. No es así. Es agotador.

- ¡Un latte con leche de avena, extra caliente, sin espuma y con canela por encima!

- ¡Mi capuchino está frío!

- ¿Tienen leche sin lactosa? ¿Segura que es sin lactosa? Porque soy intolerante.

- ¿El wifi? ¿Cuál es la contraseña?

- ¿Puedo quedarme cuatro horas con un solo café?

La cafetería estaba llena. Llena de verdad. Estudiantes de la Universidad de Hamburgo con laptops, libros enormes y ojeras iguales a las mías. Parejas que hablaban en alemán muy rápido, señores mayores que leían el periódico en silencio y un grupo de chicas que se tomaban fotos con cada café.

Mis pies me dolían a la segunda hora. Mis manos me temblaban de llevar tantas tazas. Me equivoqué tres veces con los pedidos y una vez se me cayó un poco de café en la mesa de un chico. Quería que la tierra me tragara.

-Lo siento, lo siento mucho - le dije, limpiando rápido.

El chico me miró y se rió.

-Tranquila, es tu primer día, ¿verdad? Se te nota en la cara de pánico.

- ¿Tanto se nota? - pregunté apenada.

-Un poco. Yo también trabajo aquí. Bueno, trabajaba. Hoy es mi último día libre antes de volver.

Era una chica. Tenía el cabello corto y teñido de azul en las puntas, varios aretes en la oreja y una sonrisa muy amable. Llevaba un suéter grande de color amarillo y una mochila llena de pines.

-No eres cliente - le dije.

-No. Soy Sasha. Trabajo aquí en la tarde. Maros me dijo que llegaba una nueva. Así que somos compañeras.

Sentí un alivio enorme. Por primera vez en Hamburgo, alguien me hablaba como si me conociera.

-Soy Maeve - le dije.

-Ya sé. Maeve Corley. Maros me dijo. ¿De dónde eres?

-De muy lejos. ¿Tú eres de aquí?

-Mitad alemana, mitad rusa. Pero nací aquí. Hablo tres idiomas y ninguno bien - dijo y las dos nos reímos.

Sasha no se fue. Se quedó ayudándome aunque era su día libre. Se puso un delantal y me enseñó cómo se hacía realmente el trabajo.

-Mira, truco número uno: nunca le digas a un cliente que no tenemos algo. Dile que se nos acaba de terminar y ofrécele otra cosa. Truco número dos: si alguien es grosero, tú sonríes más. Eso los pone más nerviosos. Y truco número tres: la mesa cuatro siempre deja buena propina, la mesa dos nunca deja nada.

-Gracias - le dije de verdad-. Pensé que este trabajo iba a ser horrible.

-Y lo es - dijo Sasha riéndose-. La atención al cliente es lo más cansado del mundo. Te duele la espalda, te duele la cara de sonreír y hay gente que cree que eres su sirvienta. Pero al menos en Noir Coffee hay buena música y Maros no grita tanto.

Tenía razón. A pesar del cansancio, había algo reconfortante en el caos. La cafetería estaba llena, la máquina de café no paraba de sonar, el olor a pan tostado y a café llenaba todo y por momentos se me olvidaba que estaba a miles de kilómetros de mi casa.

A la hora del almuerzo, Maros nos dejó comer algo en la barra. Un sándwich para cada una.

-Sasha, ¿por qué viniste hoy si no trabajas? - preguntó Maros.

-Para conocer a la nueva. No quiero trabajar sola con gente aburrida - respondió ella.

Me miró y me guiñó un ojo.

-Maeve, quédate hasta las tres hoy. Mañana ya entras en tu horario normal de siete a tres. Sasha se queda contigo.

-Sí, señor - dije.

Las horas pasaron más rápido después de eso. Con Sasha, todo era más ligero. Ella atendía a los clientes en alemán y luego me traducía lo que decían. Me enseñó a usar la caja registradora, a hacer la espuma de la leche y a no quemarme con el vapor.

-Vas a aprender rápido - me dijo mientras secábamos tazas-. Se te da bien.

-Estoy muerta de cansancio - confesé.

-Esa es la señal de que trabajaste bien.

A las tres de la tarde, la cafetería por fin empezó a vaciarse. Me dolía todo el cuerpo, tenía el cabello con olor a café y las manos rojas por el agua caliente. Pero en mi delantal había siete euros con cincuenta de propinas. Mi primer dinero ganado en Alemania.

Conté las monedas en la barra como había visto hacer a Maros en la mañana.

-Es poco, pero es algo - le dije a Sasha.

-Es bastante para un primer día. La gente te tuvo lástima por tu cara de susto. Úsalo a tu favor unos días más.

Nos reímos. Me caía bien. Muy bien. Era la primera amiga que hacía en Hamburgo y la había hecho sin buscarla, entre tazas sucias y pedidos mal tomados.

Cuando me estaba quitando el delantal para irme, Maros se acercó.

-Buen trabajo hoy, Maeve. Mañana igual. A las siete.

-Gracias, señor Maros.

Sasha me esperó en la puerta.

-¿Te acompaño a la parada del bus? Vivo a dos calles de tu pensión. Vi tu dirección en la ficha que llenaste.

-¿En serio?

-Sí. Este barrio es pequeño. Todos terminamos viviendo cerca.

Salimos juntas de Noir Coffee. Afuera seguía lloviendo, pero ya no se sentía tan gris. Caminamos bajo el mismo paraguas, hablando de la universidad, de Hamburgo y de lo mucho que odiábamos madrugar.

Por primera vez desde que llegué, no me sentí sola.

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