NovelToon NovelToon
Donde Florece El Barro

Donde Florece El Barro

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor-odio / Amor Campestre
Popularitas:553
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Noah tenía todo: 24 años, Milán, su regreso a la pasarela. Hasta que su hermana Lila murió mientras él se probaba un abrigo. Dejó todo botado, recayó y lo echaron de Europa.

Sin nada, vuelve al sur, a la casa chueca de su abuela cerca de Traiguén. Al lado vive Tomás, 32, agricultor, callado, conservador. Lo odia a primera vista.

Tres meses es el trato. Tomás le enseña a trabajar la tierra. Noah le enseña a no tenerle miedo a sentir.

Entre gallinas metidas, un tractor chocado, un invernadero saboteado y un desfile en un granero, se enamoran lento. Con barro en las manos y miedo de volver a caer.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16: El desayuno quemado

Quería hacerle desayuno a Tomás. No sé por qué. Capaz porque él me dejaba leña, me enseñaba a manejar tractor, me dejaba llorar en invernadero. Y yo nunca le había dado nada. Solo problemas y mi 【entity-Rimowa¦canonical_name\=Rimowa】 convertida en gallinero.

Esa mañana me levanté temprano. Temprano de verdad, a las seis y media, que para mí es como madrugada porque en Milán me levantaba a las once. Hacía frío pero ya no tanto. Mi estufa todavía tenía leña de saco que me dejó Tomás.

Pensé: le voy a hacer panqueques. ¿qué tan difícil puede ser hacer panqueques? Vi video una vez. Harina, huevo, leche, sartén. Listo.

No tenía harina. Tenía un poco que me había dado señora Marta hace dos semanas. Estaba en bolsa con nudo. Tenía huevos, porque gallinas terroristas ahora ponían en mi Rimowa y tenía como seis huevos celestes y cafés. Y leche no tenía. Tenía agua nomás.

Ya, dije. Panqueques con agua. Versión sur.

Mezclé en taza de mi abuela que estaba trizada. Harina, dos huevos, agua. Revolví con tenedor. Quedó grumosa. Con pelotas de harina. La miré. En video quedaba líquida lisa. La mía parecía engrudo para pegar papel.

Le puse más agua. Ahora quedó muy líquida. Le puse más harina. Ahora de nuevo grumosa. Así estuve diez minutos peleando con mezcla.

Al final dije ya, así nomás. Grumosa nomás.

Prendí cocina a leña que me costó prender pero prendió porque tenía leña buena. Puse sartén. Sartén negra de fierro que pesa como diez kilos y que mi abuela usaba para todo.

Puse aceite. Mucho aceite porque pensé que si no se iba a pegar. Aceite empezó a humear al tiro. Mucho humo. Tosí.

Tiré mezcla. Shhhh sonó fuerte. Se infló un poco. Pensé bien, voy bien.

Lo dejé. No lo moví porque en video decía no lo muevas. Esperé.

Olía raro. A quemado. Miré por abajo levantando con cuchara. Negro. Negro entero.

¡No! Grité.

Intenté dar vuelta. Se rompió. Mitad quedó pegada a sartén negra quemada. Otra mitad se dio vuelta pero cruda por arriba y negra por abajo.

Lo saqué como pude. Puse en plato. Era negro con grumos blancos de harina cruda. Parecía mapa.

Segundo intento. Bajé fuego. Puse menos aceite. Tiré mezcla. Esta vez se pegó al tiro porque sartén estaba muy caliente todavía.

Tercer intento. Lavé sartén con agua fría, sartén hizo shhhh muy fuerte y casi me quemo con vapor. Puse de nuevo aceite pero menos. Tiré mezcla. Se pegó de nuevo.

A esa altura mi cocina estaba llena de humo. Humo blanco que salía por ventana y por puerta. Olía a quemado en toda la casa. Abrí ventana pero hacía frío y entraba viento que avivaba más fuego.

Estaba en eso, peleando con sartén negra, con cara manchada con harina, con humo por todos lados, cuando escuché voz.

¿Qué estás quemando? Era Tomás en puerta. Con cara de asustado porque vio humo saliendo de mi casa y pensó que se quemaba.

¡Nada! Dije tosiendo. ¡Estoy haciendo desayuno!

¿desayuno? Dijo entrando. ¿qué desayuno? Huele a incendio.

Panqueques, dije levantando plato con cosa negra.

Tomás miró plato. Miró sartén. Miró mi cara con harina.

¿Eso es panqueque? Preguntó.

Sí. Versión mía. Versión sur con humo.

Tomás tomó plato. Miró cosa negra con grumos.

¿Esto se come? Preguntó serio.

Sí. Creo. Parte negra es como tostado. Y grumos son como sorpresa.

Se rió. No pudo aguantarse. Se rió fuerte con humo tosiendo un poco.

Noah, dijo, esto no se come. Esto es suela de zapato quemada.

Lo sé, dije. Quería hacerte desayuno bonito y me salió esto.

¿Por qué querías hacerme desayuno?

Porque tú siempre me traes cosas y yo nunca te traigo nada, dije. Y me dio vergüenza decirlo porque sonaba como que le debía.

Tomás dejó plato en mesa. Agarró sartén negra. La miró.

Sabes qué, dijo, esta sartén está muy caliente. Hay que curarla antes. Y ponerle poco aceite. Y fuego bajo.

¿curarla? ¿como se cura una sartén?

Se calienta con sal, dijo. Para que no se pegue.

No sabía. Nunca supe que sartenes se enfermaban y había que curarlas.

Tomás puso sal gruesa en sartén, la calentó, la movió, la sacó. Después puso poquito aceite, lo esparció con papel de diario que encontró.

Ahora tira mezcla, dijo pasándome taza con engrudo grumoso.

Tiré. Shhhh suave. No se pegó tanto. Esperé. Tomás me agarró mano con cuchara.

Ahora, dijo. Da vuelta ahora.

Di vuelta. No se rompió. Quedó entero. Dorado por un lado, no negro. Con grumos pero dorado.

¡Quedó! Grité como si hubiera ganado premio.

Sí, dijo Tomás. Quedó comible. No bonito pero comible.

Hicimos tres más. Entre los dos. Yo tiraba mezcla, él daba vuelta. Quedaron chuecos, con forma de mapa de Chile algunos, pero dorados no negros.

Los pusimos en plato. Con humo todavía en cocina que no se iba. Olía a quemado pero menos.

Tomás se sentó en mi mesa coja. Yo me senté al frente. Con dos platos con panqueques chuecos.

Probó uno. Le puso un poco de miel que encontró en mi despensa que era de mi abuela del 2018 pero que todavía servía.

¿rico? Pregunté.

Está bueno, dijo. Un poco grumoso pero bueno.

¿de verdad?

Sí. De verdad. Se nota que tiene cariño. Y harina cruda pero cariño.

Nos reímos los dos. Comimos panqueques chuecos con miel vieja y con humo todavía en cocina que nos hacía toser un poco cada tanto.

Después de comer, Tomás se paró, abrió todas las ventanas aunque hacía frío.

Hay que ventilar, dijo, si no vamos a quedar ahumados como salmón.

Me gusta olor a quemado, dije. Me recuerda que intenté hacer algo.

¿y qué intentaste?

Hacerte desayuno bonito. Como tú me haces sentir bonito aunque esté manchado con tomate.

Tomás me miró. Con humo todavía entre nosotros.

Te quedó bonito, dijo. Aunque esté quemado. Porque lo hiciste tú.

Y me besó con gusto a panqueque grumoso y a miel del 2018.

Esa mañana mi casa olió a quemado por dos horas más. Tuve que dejar ventanas abiertas y me cagué de frío pero me dio lo mismo.

Porque había intentado hacer panqueques y me habían salido negros pero después con ayuda me salieron dorados y chuecos. Y porque Tomás se había comido los quemados igual sin decir nada malo.

Y entendí que en el sur si quemas desayuno no te dicen que eres inútil. Te enseñan a curar sartén y a dar vuelta en momento justo.

1
Michel Yandi
me encanta esta historia 🦆✨
Maria Consuelo Rodriguez Berriz
Muy buena narrativa y, buen contenido.
Maria Consuelo Rodriguez Berriz
Me gusta esta Novela, es diferente tiene un buen contenido urbano.☺️
Brisa Romero
/Sweat/
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play