Náyrel siempre creyó que la soledad era el precio de su existencia. Oculta entre los árboles de un bosque encantado, guardaba un secreto que podía cambiar el destino de todos los reinos sobrenaturales: era la última hija de la Luna Blanca. Pero su mundo cambia el día que Darian Varek, el temido señor del Reino de las Sombras, descubre su existencia. Frío, dominante y acostumbrado a que todos obedezcan sus órdenes, Darian decide llevarla a su castillo, convencido de que ninguna fuerza podrá arrebatársela. Sin embargo, Náyrel no nació para vivir entre muros ni para inclinar la cabeza ante ningún hombre. Se resistirá a sus órdenes, desafiará su autoridad y escapará tantas veces como sea necesario. Pero Darian siempre la encontrará. Entre persecuciones, secretos ancestrales y una atracción que ninguno logra comprender, Náyrel descubrirá que detrás de la frialdad de aquel inmortal existe una oscuridad mucho más profunda de lo que imaginaba. Y Darian aprenderá que la única criatura capaz de desafiar su poder también podría convertirse en su mayor debilidad. Ella desea escapar de él. Él está dispuesto a desafiar a la eternidad para conservarla a su lado. Pero cuando la verdad sobre el origen de Náyrel salga a la luz, ambos descubrirán que su encuentro no fue una coincidencia y que el destino les tiene reservado algo mucho más peligroso que el amor. Porque algunas almas están destinadas a encontrarse… incluso cuando una de ellas haría cualquier cosa por escapar. 🌙 ¿Podrá Náyrel conquistar su libertad sin perder el corazón ante el único hombre del que jamás debió enamorarse?
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El hombre que conocía su nombre
Náyrel leyó la página tantas veces que terminó memorizando cada palabra. La reina no murió. Fue sellada al otro lado de la puerta. Si su madre seguía viva, aunque estuviera atrapada en algún lugar, no descansaría hasta encontrarla.
Guardó el papel en su cuaderno y salió de su habitación. Darian había reforzado la vigilancia después de la desaparición del libro de los siete reinos, pero ella estaba cansada de esperar respuestas. Si él no quería contarle la verdad, tendría que descubrirla por su cuenta.
Al llegar al corredor oriental, dos guardias le bloquearon el paso.
—El señor Varek ha ordenado que permanezcas en tus habitaciones.
—Entonces dile que puede venir a decírmelo personalmente.
Náyrel utilizó discretamente su magia para distraerlos y consiguió pasar. Sin embargo, al final del corredor encontró a Darian apoyado contra una columna.
—Aprendes rápido —comentó él.
—Y tú tienes una habilidad extraordinaria para convertirte en un obstáculo.
Darian despidió a los guardias y la observó con seriedad.
—¿Qué quieres?
—Entrar al archivo real. Encontré una página que dice que mi madre sigue viva.
La expresión de Darian cambió.
—¿Dónde encontraste esa página?
—En mi habitación. Ahora dime si sabías que podía seguir viva.
—Sé que nunca encontramos su cuerpo.
—Eso no responde a mi pregunta.
Darian guardó silencio unos segundos y finalmente le indicó que lo siguiera.
—Ven conmigo. Si quieres respuestas, tendrás que ver algunas cosas por ti misma.
⸻
El archivo real se encontraba bajo el ala oriental del castillo. Kael los esperaba junto a una mesa cubierta de pergaminos y mapas. En el centro de la sala había un pedestal vacío: el lugar donde debía encontrarse el libro de los siete reinos.
—Encontré una referencia al sello de la Luna Blanca —explicó Kael—. La puerta solo puede abrirse mediante dos linajes: el de la reina sellada y el del guardián que juró protegerla.
Náyrel miró a Darian.
—Mi sangre y la tuya.
—Así parece —respondió él.
Ella comprendió entonces que Darian conocía la posibilidad de abrir aquella puerta desde antes de llevarla al castillo.
—¿Por eso me trajiste aquí?
—Te traje porque tu marca estaba despertando y había criaturas siguiéndote. No sabía que el sello reaccionaría tan pronto.
—Pero sabías que podía abrirse.
Darian no lo negó.
—Sí.
Náyrel sintió una profunda decepción. Aunque él afirmaba protegerla, también le había ocultado información que podía cambiar su vida.
—¿Y si no quiero abrir la puerta?
—No te obligaré.
La respuesta la sorprendió.
—¿Aunque tu reino dependa de ello?
—Mi reino sobrevivirá. No voy a sacrificarte para salvarlo.
Antes de que Náyrel pudiera responder, las runas de la puerta comenzaron a brillar. Un viento helado atravesó el archivo y las lámparas se apagaron una tras otra. Kael desenvainó su espada mientras Darian se colocaba delante de Náyrel.
El pedestal vacío se iluminó con una luz plateada.
Una voz femenina surgió de las paredes.
—Mi niña…
Náyrel reconoció aquella voz al instante.
—¡Mamá!
La luz formó la silueta de una mujer de cabello blanco y ojos plateados. Su rostro parecía cansado, pero Náyrel reconoció cada uno de sus rasgos.
—Náyrel, escúchame. No abras la puerta.
—¿Por qué? ¡Dime dónde estás!
La mujer volvió la mirada hacia Darian.
—Y tú… si todavía recuerdas tu promesa, no permitas que descubra lo que realmente ocurrió aquella noche.
La imagen desapareció.
Náyrel se volvió hacia Darian, cuyo rostro había perdido todo rastro de serenidad.
—¿Qué ocurrió aquella noche?
Él no respondió.
Entonces, desde algún lugar bajo el castillo, se escuchó un golpe profundo. Después otro, y otro más.
Kael palideció.
—Mi señor, el sello nunca había respondido desde este lado.
Darian miró hacia el suelo.
—La voz que escuchamos era la de tu madre. Fue ella quien quedó sellada al otro lado de la puerta.
—¿Y quién está intentando salir? —preguntó Náyrel.
Antes de que Darian pudiera responder, una voz masculina resonó desde las profundidades.
—Por fin has traído a mi hija a casa, Darian.
Náyrel se volvió hacia el soberano.
—¿Quién es ese hombre?
Darian apretó la mandíbula.
—Es tu padre.
Náyrel se quedó inmóvil. Durante toda su vida había creído que su padre estaba muerto o había desaparecido mucho antes de que ella pudiera conocerlo. Nunca imaginó que pudiera encontrarse detrás de aquella puerta.
—¿Está vivo?
—No sé en qué estado se encuentra —respondió Darian—. Pero, si esa voz realmente le pertenece, ha encontrado la manera de comunicarse con nosotros.
—¿Lo conocías?
—Sí.
—¿Y conocías a mi madre antes de que desapareciera?
—Sí.
—¿Y aun así me dejaste crecer sola, sin saber quién era?
Darian recibió sus palabras sin defenderse.
—Hay cosas que hice para protegerte y otras que hice porque tuve miedo de lo que podía ocurrir si conocías la verdad. No voy a fingir que todas mis decisiones fueron correctas.
Desde las profundidades llegó una última advertencia.
—Náyrel, hija mía. No escuches a Darian. Él sabe lo que me hizo.
Después, todo quedó en silencio.
Náyrel miró al soberano, esperando una explicación.
—Mañana te contaré lo que ocurrió la noche en que desaparecieron tus padres —prometió él—. Pero debes prepararte para descubrir que no todos los que dicen amarte quieren lo mejor para ti.
Antes de abandonar el archivo, Náyrel volvió la mirada hacia el pedestal. Una nueva inscripción había aparecido sobre la piedra:
«CUANDO LA HIJA DE LA LUNA ELIJA A QUIÉN CREER, UNO DE LOS DOS REINOS CAERÁ».
Náyrel comprendió que encontrar a sus padres quizá no sería suficiente para recuperar a su familia. Tendría que descubrir cuál de ellos le estaba diciendo la verdad.
Y tal vez, cuando lo hiciera, perdería algo mucho más importante que los secretos de su pasado.