Tras una aventura de una noche, las consecuencias llegan tras enterarse de su embarazo.
Kaelyn sin saberlo se acostó con el CEO del Grupo Schneider y su jefe quien desde hace más dos años que apenas y la mira, pero el olor a sándalo en su cuerpo y más la náuseas matutinas que la atormentan cada mañana es más que obvio para él deducir quién fue la mujer con la que tuvo los mejores orgasmos y no piensa dejarla...
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Capítulo 20: La obsesión de un fantasma
KAELYN
Tras haber expulsado a la madre de Adler de la casa y de nuestras vidas. Estas recuperaron una tranquilidad que, por primera vez en mucho tiempo, parecía auténtica. O eso queríamos pensar.
Durante varios días no pasó nada. Sofía y Mateo crecían con rapidez. Había empezado a bajar ligeramente la guardia. Incluso los gemelos dormían con más tranquilidad. Mis hermanos venían cada tanto, pero ya nos avisaban.
Alisa venía con frecuencia y cada vez que venía tenía la manía de decirles a mis hijos que ella era su tía favorita. Mientras que Adler le decía que era ridícula.
Era extraño estar en completa calma, sin embargo, en el fondo sabía que esa calma era temporal.
Una mañana me levanté al escuchar a mis hijos que estaban despiertos. Llegué a su habitación y entonces miré hacia la ventana y vi a una persona observando desde la distancia. Me paralicé.
Los Guardaespaldas estaban persiguiendo al intruso.
Sin pensarlo tomé a los gemelos en brazos y llamé a Adler.
—¡Adler!—Grité. Oí sus pasos corriendo a la habitación—Hay alguien en la ventana.
Miró y su mirada se oscureció por completo.
—Vete a nuestra habitación y no salgas—No discutí. Me fui a la habitación. Me quedé esperando y cuando menos lo esperé oí un disparo.
¡Bang!
Un solo disparo. Sentí que la sangre se iba a mis pies. Pensé lo peor. Sin pensarlo salí con los gemelos en brazos. Adler estaba afuera echa una furia, respiraba agitado. Furioso. Su semblante era de alguien que acababa de cometer un delito.
Miró por encima de su hombro. Me miró y suspiró pesadamente. Sus manos estaban cubiertas de sangre, sin embargo, eso no le importó ni a tampoco, porque no era su sangre.
Si no del hombre que estaba arrodillado, herido de un brazo y sometido por los guardias de seguridad. Sus ojos oscuros reflejaban terror y desesperación, dolor e incomodidad.
—Kaelyn, vete de aquí. Entraré cuando termine—Adler me miró con furia contenida, que no era hacia mí, dicha furia. Negué con cabeza. Él se acercó a mí y me tomó con ambas manos del rostro.
—Necesito saber qué está pasando.
Apretó la mandíbula.
—No quiero que veas esto. No quiero que veas mi lado más oscuro.
Solté una risa corta, pero sin gracia.
—Ya he visto ese lado, Adler. Y no me asusta.
No supo qué decirme. Solo me dio un beso en la frente.
Se alejó y fue en dirección al hombre.
—Kaelyn, por favor. Te lo digo una vez más...—Respiró profundamente—, vuelve a la casa. De lo contrario no mires.
Asentí. Me quedé. Necesitaba algunas respuestas y algo me decía que las iba a obtener.
—¿Quién te envió?—Silencio. El hombre lo miró desafiante. Gran error. Entonces Adler introdujo su dedo pulgar en la herida del hombre haciéndolo gritar.
—¡AAAAHHH!—Gritó.
—¿Quién?—Silencio de nuevo. Adler hizo lo mismo y el hombre gritó con más fuerza.
—¡Fue Liza!—Confesó el hombre luego de unos quince minutos de tortura.
—¿Qué dijiste?
—¡Fue Liza Ritman!—Confesó entre lágrimas.
—¿Por qué te envió?
—Porque ella quiere esos niños—Señaló a mis hijos durmiendo en mis brazos, contra mi pecho. Ajenos a lo que estaba pasando—. Los quiere para chantajearla a ella—Me señaló—, para que acepte ser donante.
—Pues qué mala suerte—. Adler lo golpeó en la cara—Registren sus bolsillos y llamen a la policía.
Luego de unos minutos uno de los Guardaespaldas encontró un teléfono, su mirada se endureció.
—Señor Schneider...
—¿Qué encontraste?—La mirada de Adler cambió. Su mano comenzó a temblar de rabia. Respiró profundo y me mostró la pantalla.
Eran fotos de nuestra casa, de nuestros hijos, de Adler y de mí. Las fotos habían sido tomadas desde diferentes ángulos. Algunos de mis hijos dormidos, jugando, sonriendo. Otras de mí yendo al jardín.
—¿Desde cuándo?
—Hay fotografías de hace semanas.
Sentí que no podía respirar. Pero no retrocedí. Me miró. Y supe que había comprendido lo mismo que yo. Alguien nos estaba observando y desde hace bastante tiempo.
La policía llegó y al ver las fotos emitieron una orden de arresto contra Liza.
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Una semana después fuimos a verla. Liza continuaba hospitalizada. Estaba débil, pero podía responder por sus actos. Cuando nos vio entrar, sonrió.
—No van a conseguir detenerme.
Adler dejó una carpeta sobre la mesa.
—Pues ya lo hice—La abrió.
—¿Qué es esto?
—Un informe médico—. Pasó las páginas—Encontré un donante—Se quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Suiza—La miró fijamente—. Hice unas llamadas. El donante es compatible y está en camino.
Liza miró a Adler como si estuviera demente.
—Ustedes son patéticos.
—Posiblemente—. Respondió Kaelyn. La miró—Pero tienes suerte—Liza frunció el ceño.
—¿Suerte?
—Porque si no hubiéramos encontrado un donante, no habría hecho nada para ayudarte—Su voz sonaba tranquila—. No permitiré que mueras por esto.
Liza soltó una risa amarga.
—¿Después de todo lo que hice aun así quieres ayudarme?—La miré sin odio.
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque eres dueña de tus decisiones—Me levanté—. Y no voy a convertirme en alguien como tú.
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ADLER
El trasplante fue exitoso. Liza estuvo hospitalizada por varias semanas en aislamiento mientras se recuperaba. Después fue trasladada a prisión en espera del juicio.
Antes de irse, pidió hablar con nosotros.
—No bajen la guardia.
La miré.
—¿Por qué?
—Porque no soy la única que está obsesionada.
Kaelyn se tensó.
—¿Qué quieres decir?—Liza sonrió débilmente.
—Hay alguien más.
—¿Quién?
—Alguien que los conoce.—Su mirada se dirigió hacia Kaelyn—. Y en especial a ti—Me quedé inmóvil.
—¿Quién?
Liza negó con la cabeza.
—Ya lo descubrirás.
Quizás el hombre misterioso te está vigilando 😂 y tú ni te has dado cuenta, por lo pronto aliméntate bien y duerme todo lo que puedas, porque después no te la vas acabar con el bebé 👶🍼😂😂😂