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Al Diablo Con Mi Prometido.

Al Diablo Con Mi Prometido.

Status: En proceso
Genre:Villana / Reencarnación
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

Lady Eleanor lo dio todo por amor y recibió a cambio una taza de té envenenado, la humillación pública y una ejecución silenciosa ordenada por el hombre al que juró amar: el príncipe heredero y su propio prometido. Pero la muerte no fue el final, sino el despertar de una furia milenaria.

Reencarnada en su propio cuerpo justo antes del baile de compromiso que selló su perdición, Eleanor decide cambiar las reglas del juego. Ya no será la damisela sumisa; abrazará la oscuridad que corre por sus venas, desatando la magia arcana de las brujas de sangre y firmando un pacto prohibido con un dragón milenario que duerme bajo las catacumbas del imperio. Entre pasiones peligrosas, un dark romance tan adictivo como letal y una venganza meticulosamente planeada, Eleanor está lista para destruir a todos los que la traicionaron... comenzando por el hombre que creyó que podía romperla dos veces.

NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 03

Sentí una punzada de rabia tan pura, tan ardiente y violenta en el centro de mi pecho, que el aire a mi alrededor pareció volverse más pesado. La sangre de las brujas primordiales que corría oculta en el linaje Fiargod —el poder prohibido que en mi vida anterior reprimí por miedo a ser repudiada por la iglesia— comenzó a hervir, respondiendo a la humillación con un aullido de cólera ancestral.

*“¿De rodillas?”*, pensé con furia. *“El único que terminará de rodillas sobre un mar de cristales rotos serás tú, Aedric.”*

Estuve a punto de arrojarle el contenido de mi copa directo a su rostro inmaculado, sin importar las consecuencias políticas, cuando un cambio repentino en la atmósfera del salón detuvo el tiempo.

La temperatura en la sala descendió de golpe varios grados. El murmullo de violines en la galería se desafinó levemente antes de callar por completo. Las llamas de los candelabros más cercanos temblaron y se tornaron por un segundo de un color azulado oscuro, como si una sombra viva se arrastrara entre las luces.

Un murmullo de pánico reprimido comenzó a propagarse desde las grandes puertas occidentales del salón, aquellas que daban hacia las escalinatas de mármol negro reservadas exclusivamente para la guardia de la frontera norte.

—Ha llegado... —susurró un viejo vizconde con voz temblorosa, apartándose apresuradamente hacia la pared.

—Por los dioses, ¿quién le permitió entrar a la corte imperial? Pensé que estaba desterrado en la fortaleza de las fauces...

—Cállate, idiota, si te escucha pronunciar su nombre te arrancará la garganta antes de que los guardias puedan desenfundar...

Me giré instintivamente hacia la entrada, olvidando por un segundo la presencia sofocante de Aedric y Laura.

Cruzando el umbral, flanqueado por dos caballeros que vestían armaduras completas de acero oscuro forjadas con escamas de dragón, caminaba un hombre cuya sola presencia absorbía la luz del salón.

Aleixandre Bondhe.

El archiduque del norte. El señor de las Fauces del Dragón. El hombre al que la corte imperial llamaba en susurros "El Monstruo de Hielo" o "El Carnicero de la Frontera Negra". Se decía que por sus venas no corría sangre humana pura, sino el fuego congelado de los dragones primordiales que una vez dominaron el continente antes de ser sellados en las profundidades de la tierra. Había librado cien batallas contra las hordas oscuras de las tierras salvajes y nunca había perdido una sola. Jamás asistía a los bailes de la corte; despreciaba a los aristócratas de la capital, a quienes consideraba parásitos débiles y corruptos.

Era imponente. Alto, con hombros anchos y una complexión forjada en guerras reales, no en desfiles de juguete como los de Aedric. Su cabello era negro como la noche sin luna, con algunos mechones desordenados cayendo sobre una frente altiva y marcada por una ligera cicatriz que apenas rozaba su ceja izquierda. Sus rasgos eran afilados, peligrosamente hermosos de una manera salvaje e intimidante, pero lo que verdaderamente detenía el aliento eran sus ojos: de un tono carmesí oscuro y dorado, como las brasas de un volcán a punto de entrar en erupción en medio de una ventisca.

Vestía una capa negra forrada de piel de lobo plateado sobre una túnica oscura con detalles de plata oxidada. No llevaba condecoraciones ni medallas de vanidad; solo portaba una pesada espada de mando al cinto, desafiando abiertamente la prohibición del emperador de entrar armado al Gran Salón de los Espejos.

Nadie se atrevió a ordenarle que entregara su arma. Los propios guardias del emperador retrocedían un paso a cada zancada que el archiduque daba sobre la alfombra carmesí.

Aedric chasqueó la lengua con evidente disgusto, su rostro palideciendo ligeramente por una mezcla de rabia y miedo que intentaba disimular infructuosamente.

—¿Qué demonios hace aquí esa bestia salvaje? —murmuró el príncipe para sí, sus manos temblando levemente antes de cerrarlas en puños detrás de su espalda—. Mi padre juró que lo mantendría confinado en las fronteras heladas hasta la próxima primavera.

Aleixandre Bondhe caminó en línea recta hacia el centro de la sala, ignorando las reverencias forzadas y las miradas aterrorizadas de la nobleza con una indiferencia brutal. No buscaba al emperador. No buscaba a los ministros.

Sus ojos carmesí barrieron la multitud con el aburrimiento de un depredador que solo encuentra corderos moribundos a su paso... hasta que su mirada chocó con la mía.

En ese instante, algo ocurrió en el aire entre nosotros.

Una sacudida violenta, invisible para el resto de los presentes, me atravesó el pecho. En lo más profundo de mi ser, la magia dormida de mi linaje dio un salto salvaje, como si una cuerda tensada hubiera vibrado al unísono con el poder que irradiaba aquel hombre. Bajo la tela de mi manga izquierda, la marca de nacimiento de la casa Fiargod —una media luna entrelazada con espinas que en mi vida pasada siempre intenté ocultar con polvos de tocador— ardió con una intensidad súbita y dolorosa, como si hubiera sido marcada a fuego en ese mismo instante.

Aleixandre detuvo sus pasos.

Sus ojos se clavaron en los míos con una intensidad demoledora, no con desdén, ni con el deseo superficial con el que los hombres de la corte solían mirar a las mujeres bonitas, sino con un reconocimiento primario, peligroso y desconcertante. Era la mirada de un monstruo que, tras siglos de soledad en la oscuridad, acaba de toparse con otra criatura de su misma especie en medio de un rebaño indefenso.

Una comisura de sus labios se elevó apenas un milímetro en una media sonrisa enigmática, cruel y fascinante.

Sentí que el aire me faltaba, pero no por miedo. Por primera vez en las dos vidas que me había tocado transitar, sentí el estremecimiento de una posibilidad real. Si Aedric creía que tenía el control de mi destino solo porque poseía un contrato matrimonial y la cobardía de mi padre de su lado, estaba profundamente equivocado.

1
A.B. 💜🐨
Tremenda constestada 🤣😅🫰
A.B. 💜🐨
Eso mi reina, eso!!
A.B. 💜🐨
El villano...digo nuestro protagonista
A.B. 💜🐨
Infeliz
A.B. 💜🐨
Que arda el reino!!
A.B. 💜🐨
Hermoso 💜, bello.
A.B. 💜🐨
Oh.

Impresionante comienzo.
Arriba las villanas!
Arely Castañeda
mas por favor🥰👏👏👏
Gleirys Carolina
Buen empezar😊
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